12 abr. 2026

Benjamín Fernández Bogado

En la narrativa de la democracia siempre se habló de mayorías y de minorías, al punto que ella se legítima tras unos comicios en la manera en que esta última es integrada al sistema de gestión de gobierno y de acceso de oportunidades para la gente.
Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com
Cuando uno ingresaba a un cuartel para el servicio militar, uno seguía un ritual de despersonalización y de humillación para construir un ente uniformado, vertical y sometido. Pero lo más sorprendente para mí fue encontrarme con la representación de una persona que al grito de: ¡Número!... Cumplía las órdenes y mandatos de un superior. Ese “número” no tenía nombre ni apellido y era parte integral de un cuerpo. Eran muchos pero despersonalizados.
Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com
Arrancó el juego para Peña. Deberá demostrar primero que es él quien manda y no su mentor o promotor. Puede disimular por un tiempo mostrando el rostro amable de un gobierno que tiene serios pendientes acumulados y que requerirán mucho carácter y valentía para enfrentarlos.
Así definió al senado el legislador “Chaqueñito”, una de las joyas que Payo Cubas metió en el Congreso con el ánimo de demostrar que el sistema democrático no funciona.
Eso es ponerse en la condición del otro, sentir lo que siente y no solo buscar, entender el problema sino resolverlo. Por esta razón, Peña desplazó a su recién nombrado ministro de Salud, Felipe González, quien cometió una boutade al afirmar que hay casos en que la medicina no tiene nada que hacer y es mejor no luchar por la vida de esa persona.
Largos años de sometimiento han logrado que una gran parte del país haya hecho de la indignidad su blasón. Cuesta mucho llegar a ser mendigo.
Es común referirse en democracia al rol de los protagonistas de la vida pública como parte de un delicado equilibrio que requiere un nivel de madurez y sensatez en su ejercicio. La elección de autoridades del nuevo congreso nos demuestra que la idea central de un poder que controle al otro es un factor esencial en democracia. Algo que no tendría que ser recordado. Sin embargo, los argumentos de los mal llamados opositores de dar al ejecutivo el control del legislativo nos muestra el escaso interés de ejercer de contralores y lo atractivo que resulta montarse al carro presidencial para provecho personal y de su camarilla.
La prueba de medir la resistencia de las instituciones ha sido la constante en nuestra inacabada transición hacia la democracia.
La democracia se jalona de batallas continuas en una guerra contra la ignorancia, la brutalidad y el dolor. Ella requiere permanente atención porque carga en su organismo los gérmenes que quieren acabar con ella.
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Esa es la cantidad en dólares que invirtió el año pasado el Paraguay por cada uno de sus más de 1.500.000 alumnos matriculados.
Mirando los resultados de los comicios últimos nos lleva a tratar de entender cómo números tan absolutos se vuelven notablemente dudosos tanto para los perdedores como también para los ganadores en torno a la gobernabilidad que se viene.
A pesar de lo mucho que te digan que el Paraguay es así nomás o que nada puede cambiar, sin embargo siempre podremos algo mejor si lo queremos. Si todavía crees que nuestro destino trágico nos hace incapaces de buscar la épica que nos reivindique como pueblo valiente, decidido y capaz, deja que las cosas sigan como siempre.
El paraguayo dice más en sus silencios que en sus expresiones ruidosas. Calla más de lo que expresa en palabras. Venimos de silencios largos, donde el expresar opiniones siempre implicó un riesgo.