20 feb. 2024

493

Esa es la cantidad en dólares que invirtió el año pasado el Paraguay por cada uno de sus más de 1.500.000 alumnos matriculados.

Es el 10% de lo que se requiere y sus resultados están a la vista. Estamos ante un educacidio en masa, silencioso y devastador. A nadie le importa. No inmuta a ninguno. Los padres no realizan manifestaciones, los alumnos no se rebelan, los maestros huelgas ni los partidos políticos levantan banderas para revertir algo de un grandioso problema cuyos efectos se sienten en la salud, la seguridad, el consumo de drogas, la criminalidad y los malos votantes. El establishment está muy contento por tener a una fábrica de ignorantes con chimenea destilando las 24 horas los resultados de un desastre democrático de efectos devastadores. Ex ministros de Educación explican orgullosos sus logros rebuznando cifras que avergonzarían a cualquiera. Si Stroessner invirtió genocidamente 1% del PIB en 35 años, el haber triplicado esa cantidad en la misma cantidad de años, pero con pésima calidad, representa lo mismo o peor de una realidad que no pretende ser modificada por nadie. Todos contentos con 493 dólares anuales por alumno frente a los miles que son invertidos en los países a los que sí les importa la educación. Creen en ella y sostienen su soberanía sobre ella.

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Un nuevo gobierno que ya fue probado en años anteriores asume el 15 de agosto con el control completo del poder político. Sería para ellos un acto de suicidio cambiar esta ecuación que lleva al país al despeñadero. Si todos los miembros del poder son educados en escuelas privadas y su salud atendida en sanatorios iguales, ¿por qué les tendría que doler la enfermedad o la ignorancia? No la conocen ni la viven, solo se aprovechan de sus necesidades y limitaciones. Un pueblo mayoritariamente ignorante no puede distinguir lo justo de lo injusto ni lo correcto de lo incorrecto. Es una víctima sin conciencia que hace sumar dos millones de pobres reproduciendo miles de casos de polladas para ser atendidos en un hospital público. No pueden votar en contra de los responsables de esta situación porque no logran distinguir a los culpables. Los políticos opositores son incapaces de demostrar en la práctica la pérdida de dignidad, oportunidades y posibilidades que representa esta realidad. Es tanta la frustración que un delirante que describe el hecho puede alcanzar el millón de votos sin tener ninguna conciencia de la gravedad y complejidad del problema. Anestesiaron a todo un país que camina sin pena ni gloria hacia su ocaso.

El espectáculo decadente de la corrupción es solo su continuidad en forma de ópera bufa, donde unos payasos de ocasión representan unos personajes bufonescos que saltan en guantes de box para intentar atraer la atención cuando en realidad dan lástima y repudio. Compiten para ver quién hace más el ridículo, al punto que un senador que está para hacer leyes y cumplirlas afirma que el debate sobre los fueros de su colega Galeano se resolverá “a lo mbarete”. Si tuviera educación tendría vergüenza, pero como sabe que su electorado se refleja en él, celebra su expresión con una carcajada ronca que resuena en el páramo de la ignorancia.

493 dólares de inversión anual por alumno. Miserables. Han logrado su objetivo. Es una muerte lenta en apariencia indolora, pero está acabando con todo a su paso. Hemos perdido el sentido del asombro, del ridículo y la capacidad de reaccionar. Ni la peor dictadura se hubiera animado a tanto. Nadie que quisiera un poco a su prole hubiera dejado que hicieran frente a ellos una violación reiterada y obscena de los miembros de su familia. Es un robo descarado al futuro. Un fraude a las esperanzas de todo un país. Son capaces de montar un espectáculo decadente por unas monedas de una donación de la Unión Europea mientras observan a quienes no son ni sus hijos ni sus nietos ser víctimas de un educacidio cruel, degradante y constante.

Sáquense de la cabeza que algo mejorará con 493 dólares por alumno. La cifra es oficial del MEC que los debería avergonzar, pero lo cuentan con orgullo. Hasta los tomadores de decisión están muertos, aunque parezcan con vida. A despabilarse Paraguay si queremos seguir siendo país. Con esta criminal inversión vamos todos al muere.

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