20 feb. 2024

Discreción, objetividad y serenidad

Estos fueron los adjetivos que utilizó el gran canciller de la Universidad Católica, monseñor Pistilli, al referirse acerca de cómo los enviados del papa Francisco abordarían el caso que involucra al profesor Kriskovich en acoso sexual de una estudiante que tuvo que huir al Uruguay. Vienen los pesos pesados del Vaticano. Uno de ellos es el oficial del Dicasterio de la Doctrina de la Fe, el anterior Tribunal de la Inquisición, el monseñor Bertomeu, calificado como “el Agente 007” al servicio de Bergoglio en los asuntos de investigación de casos de abusos sexuales en la Iglesia. Viene la pesada del Vaticano. No le escucharon ni al cardenal Martínez y menos a su colega y preceptor cardenal de Boston. La cuestión, aunque lo pida que sea con discreción, objetividad y serenidad, tendrá efectos absolutamente opuestos al interior de la Administración de la universidad y de quienes han sostenido su mal manejo por mucho tiempo. Con el Papa en estos asuntos no se jode.

En la misma condición vinieron en la semana los funcionarios del Departamento de Justicia de los EEUU especializados en extradiciones. Claramente sus objetivos son Cartes y Velázquez. El primero se ha burlado suficientemente de las sanciones de los EEUU al que le hizo coro el presidente electo Peña que consideró un disparate similar al que difunden algunos que el Apolo XI nunca llegó a la Luna. Ambos, el Vaticano y EEUU, deben intervenir en nuestros asuntos que también son los suyos porque a nosotros no nos da el cuero para autorregularnos con la Justicia y la Administración que tenemos. Para el Gobierno de Biden, que estableció el sistema de las sanciones, el caso de Cartes es un case study que debe tener características ejemplares. No lo van dejar solo sin visa y sin empresas, la sanción tiene que servir para que otros ni lo intenten a futuro. No permitirán que se rían de ellos y hagan aparecer a una Administración americana incapaz de llevar a los tribunales a quienes han calificado de sinvergüenzas, bandidos, lavadores de activos y vínculos con terroristas. No hacerlo con tan pesadas acusaciones los llevaría a una condición de hazmerreír a futuras sanciones y sancionados locales o internacionales. No tienen salida de escape ni Kriskovich, el rector Velázquez, del Vaticano, ni Cartes y Velázquez de los EEUU. Si nuestras instituciones funcionaran no estaríamos pasando este papelón y quizás hubiéramos alcanzado el grado de inversión para acceder a créditos bajos que no impidan que la mayor apuesta privada de nuestra historia, la celulosa de Concepción, se quede sin plata.

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Tampoco estaríamos en segundo lugar entre los países donde el crimen y los delitos abundan porque el nivel de impunidad es tan grande que si cometés un delito aquí solo tenés un 5% de posibilidades que te persigan y solo 1% que te condenen. La economía del crimen de Gary Becker paga muy alto entre nosotros... todavía. Los analistas en todo el mundo no creen en Peña porque su destino depende del futuro de Cartes. Si no se desprende de él, fracasará. Gobernará pero no reinará, como lo dijo un analista americano. Él lo sabe y lo padecerá si no logra soltarle la mano a su mentor. Debe cometer un acto de traición que lo vuelva dueño de su NO o lo que es lo mismo: tenga poder.

Puede hacerlo con “la máxima discreción, serenidad y objetividad”, los adjetivos que pide el obispo Pistilli a los interventores del Vaticano. Lo mismo que pidieron los enviados del Departamento de Justicia al fiscal general Rolón, quien viajará próximamente a Washington para preparar el operativo que pueda liberar a Peña y a nuestra democracia del traste enorme que le impide ser el presidente.

Las dos potencias están operando a full sobre los escombros de nuestras instituciones. Nuestros problemas son los suyos y no permitirán que se sigan mofando de ellos. Lo harán con los criterios pedidos por Pistilli y ambicionados secretamente por Peña, pero lo harán para beneplácito de todos.

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