20 feb. 2024

Manada

Así definió al senado el legislador “Chaqueñito”, una de las joyas que Payo Cubas metió en el Congreso con el ánimo de demostrar que el sistema democrático no funciona.

El senador recién asumido en vez de Mbururu lo anunció en el inicio de un ciclo escolar suyo para no demostrar tantas limitaciones como sus pares en la Cámara Alta. No parlamentó, sino que leyó un texto que por lo menos tuvo que haber sido meditado de antemano para no repetir dos veces ante el estupor de sus colegas que él formaba parte de una manada, aunque no definió de qué tipo de cuadrúpedos. Algunos inmediatamente relacionaron con el inspirador del libro, Juan Ramón Giménez Platero y yo. Antes, en la Cámara Baja, Esgaib se desgañitó afirmando que el fiscal general del Estado depende enteramente de ellos y que si no procede como ellos querrían con la demanda de Cartes ya sabe lo que le espera. Un rebuzno que tuvo tremendas implicaciones en la manada.

Por un lado, las amenazas llevaron a casi un quiebre de los colorados. Lo que ni los opositores angustiados en su minoría podían esperar creó el primer cisma en el partido de gobierno. El vocero de los abdistas ya dijo que ellos con los opositores son más que los cartistas, desatando las múltiples aclaraciones de los seguidores de “Honor Colorado” que desde Peña hasta Latorre afirmaron que ellos no piensan igual que los rebuznos de un miembro de su manada. El enojo de Esgaib tiene que ver con su visa americana cancelada y la de sus familiares. Los opositores gritaron al unísono que se viene una dictadura y el fiscal general Rolón solo dijo que era una bravuconada y que la Fiscalía no se sentará en el regazo de ningún poder político para distanciarse con eso de su antecesora que mecía la cuna de sus valeadores. Antes tuvo que aclarar que mucha de la información procesada contra Cartes era proveída por los EEUU, lo que colocó el truco del ex presidente y su demanda ante el envido y retruco del fiscal general.

Vamos a ver mucho de esto. Esgaib habla por boca de quienes piensan como él, pero no se animan a expresar lo que sienten. Es casi seguro que venga de la cabeza misma del líder del movimiento, como cuando el general Oviedo demostraba animadversión hacia Argaña, que unos cuantos interpretaron que había que matarlo. O cuando los militantes stronistas creían tontamente que podrían sostener al dictador sobre una mayoría circunstancial. El 3 de febrero se acabó eso y en marzo del 99 lo anterior. Lo malo de ambos casos es que terminaron de manera violenta con varios muertos en el camino y un grave retroceso para la economía y el desarrollo del país. Este tipo de comportamientos seguirá mientras el presidente electo no se independice de Cartes y cada vez más deberá aclarar una y otra vez que no piensa igual que la manada, aunque no se anime a desprenderse de su mentor. La “piara gruñidora y feroz” como diría Julio Correa embestirá contra lo que se le ponga enfrente si no aprende a respetar las instituciones y los límites del poder. Podrían saltarles todo un país ante la amenaza de perderlo todo y la anarquía imponerse en la Nación. La saludada visita del payaso Tinelli a Peña, celebrada por este a pesar de haber empapelado la Argentina con cheques sin fondos, puede dejar de ser una broma para acabar en una tragedia.

Ahora todo se encuadra en un tanteo como lo hicieron con “incitato” Rivas, que no aguantó la presión y se marchó de la presidencia del JEM. El malhumor de la gente es alto y se manifestó en contra del peaje de Ypacaraí que tuvo que ser rebajado ante la bronca de los camioneros. La manada debe saber que el horno no está para bollos y pretender creer que 42% de los votos del electorado le dan vía libre para hacer lo que quisieran es comprobar que no aprendieron nada del gobierno de Cubas, quien superó el 54% y lo mismo fue historia en ocho meses.

La manada definida muy claramente por “Chaqueñito” no tiene mucho margen de maniobra y todo intento autoritario por más mayoría hipotética que tengan puede acabar desbarrancando al gobierno. El líder de la manada debe entender eso porque las consecuencias acabarán incluso con él.

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