28 feb. 2024

H u e v o s

Los mismos que dijo el presidente del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados producen 10 cada hora sus 10 gallinas y que hacen parte de su fortuna personal declarada ante la Contraloría; esos mismos huevos serán necesarios para resolver los grandes temas pendientes de este país con el nuevo gobierno. La pobreza ha crecido y es el caldo de cultivo donde viven miles de jóvenes sin esperanza y que migran hacia las ciudades para engrosar los cinturones donde se incuban odios y se gestan hechos delictivos. Lo hacen estimulados por los de arriba, quienes declaran descaradamente unos montos de riqueza que insultan el racionamiento. Saben que sus delitos hacen parte de una corrupción sistémica que solo logra castigar al 1% de solo los 5 investigados. El 95%... zafa. Los fiscales acusadores tienen la coartada perfecta de que no tienen recursos y temen a los juzgadores de sus conductas, cuyas gallinas de los huevos de oro multiplican su fortuna y su descaro. Menuda tarea para un gobierno que nace de ese mismo ámbito y más para un presidente que duda como Hamlet si será él el presidente o su mentor.

Los brasileños dicen que el contrabando de cigarrillos que viene de Paraguay les hace un agujero fiscal cuyo monto supera varias veces la inversión en salud y educación. Golpean de vez en cuando, pero la corrupción del vecino es un factor que juega favorablemente para los intereses del Brasil en temas varias veces millonario como el de Itaipú, que hoy cumple 50 años de su Tratado original. Podemos negociar mejores condiciones si existieran patriotismo y deseos de colocar los intereses nacionales por sobre los negocios particulares y la endémica corrupción negociadora de los nuestros. Hay que tener lo de las gallinas de Arévalos cuando nos sentemos con los brasileños, pero nuestra debilidad institucional nos priva del valor de ponernos de pie ante nuestros socios. Nos ningunean porque nosotros no arreglamos la casa. Cínicamente, rechazan la cooperación europea de educación, pero son incapaces de aplicar más impuestos al tabaco, usar los royalties de forma honesta y, por sobre todo: Dejar de robar. Para nuestros ladrones es mejor distraer a un pueblo dócil y manso en torno a teorías conspiranoicas con las cuales se mantiene la ignorancia ciudadana. Lo que se requiere para dar de comer a los niños es menos del 1% de lo que se roba anualmente. Nuestros políticos luchan apasionadamente en un campo infestado de mentiras que ha probado electoralmente ser la mejor opción ante el ocaso de las ideologías y de los políticos que las enarbolan. Los sinvergüenzas y cachafaces distraen y mienten mientras roban a manos llenas y sus contradicciones e incoherencias pasan a segundo plano. Muchos de los huevos de las gallinas de Arévalo habría que tener para confrontar una realidad que nos puede acabar como Ecuador.

Sin capacidad de autocrítica, perdiendo tiempo en cosas irrelevantes, exhibiendo una caradurez bochornosa, solo nos queda la capitulación, la reacción violenta o el sometimiento al crimen organizado. Esta semana el PCC mató en nuestras cárceles a 3 de los suyos y el ministro de Prisiones con orgullo informó que iban por 7. Mucho se puede hacer si existe voluntad, pero cuando la piara se cree mayoría no hay gallinas ni huevos que sirvan para algo.

Se va Abdo, que tuvo la coartada de las 10 plagas de Egipto, incluida la pandemia que lo salvó del bochorno de no poder terminar ni el primer año de mandato. Se va con lo de pillos y peajeros que le espetó al pueblo paraguayo y probablemente con una abultada fortuna, fruto de los más de 4.500 kilómetros de rutas asfaltadas. Dirá que triplicó la cantidad de Stroessner en 35 años y, por supuesto, muy lejos de los 5 kilómetros del fracasado Metrobús de Cartes. Si hasta él pudo hacerlo, lo que se podría dejando de robar, mejorando la gestión y teniendo los huevos de las gallinas de Arévalos.

Mucho coraje se requiere para afrontar los problemas endémicos de este país, pero sin eso no habrá mayoría que pueda contener la rabia y el hartazgo de un pueblo que se reconozca con poder.

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