03 mar. 2024

Ladrones

El diputado Esgaib defendió a tres acusados de serlo afirmando que aunque lo sean la mayoría colorada, no permitirá más que intendentes con comportamientos cleptómanos sean apartados de su cargo. Se salvaron y con la de Valenzuela la culpa la tuvo un humilde albañil que lloroso no entendía los cargos. Se roba mucho en este país desde la función pública. Demasiado al punto que los bancos internacionales que prestan plata al país están espantados por el perjuicio que ronda los 2 mil millones de dólares anuales. Casi un 15% del presupuesto general. El doble del presupuesto de educación y salud. El actual Gobierno lo reconoció, pero apenas en un mes decidió consolidar el sistema antes que dinamitarlo. Es tan alevoso que ni fiscales preparados para acusar de los mismos tenemos. El Ministerio Público no se anima a imputar a nadie del IPS, cuyo daño patrimonial cercano a los 160 millones de dólares hasta ahora no tiene a nadie camino a la prisión. Aducirán que los pobres fiscales carecen de conocimiento de contabilidad y son muy malos manejando los tiempos procesales que veremos en poco tiempo a Bataglia y sus consejeros volver a la función pública con el antifaz o el garfio. Uno de los que casi acabó con el dinero de la Caja de Jubilados Bancarios hace unos años de la mano de Lea Giménez acaba de regresar como consejero del IPS. Cuando acabe su periodo podrá decirnos: “Y ustedes no sabían qué tipo de gente era yo”.

Los ladrones hoy gozan de una mayoría que los protege en el Congreso. No hay ninguna posibilidad de simular ni las formas, por eso la frase del diputado Esgaib. No es una boutade. Es la afirmación contundente que ni en su caso que se ventila en tribunales ni en el de otros de igual condición, no habrá ninguna condena posible. Los que dieron esta mayoría en el Congreso no tienen derecho a quejarse, como tampoco aquellos qué divididos nos trajeron muestras elocuentes de la baja estofa de la política con algunos de sus miembros. Una celebró recientemente su paso a la bancada mayoritaria dándole un cachetazo a su mentor Paraguayo Cubas, que ni con el consumo de pastillas puede asimilar la traición de la canalla. Si creíamos que habíamos visto todo en la democracia paraguaya, nos equivocamos. Desde los autoritarios como Argaña, Oviedo, Duarte Frutos hemos pasado al reino del dinero cuyo autoritarismo acabó con todo, incluida la vergüenza de admitir, defender a los ladrones con uñas y dientes que lo exhiben como blasón. No vamos a salir de esto sin una gran revolución cívica que envíe un poderoso mensaje de malestar con la cleptocracia en la que hoy vivimos. Nada de lo que se haga mal tiene un costo y mientras se gana tiempo culpando a los ladrones de la antigua administración, asumen nuevos piratas con patente de corso a atracar la administración pública a cara descubierta. Los anteriores lo hicieron con tapabocas aprovechando la pandemia incluso para robar mejor. Estos se ríen, se mofan y se exhiben orgullosos de su acción depredadora.

Lo peor de este escenario que puede consolidar la idea de que la política es solo la oportunidad para robar y quien no lo hace es un tonto de capirote. O que nada tiene un costo porque todos en cierta forma son cómplices del atraco a los cofres del Estado y que incluso por su labor merecen un aumento de sueldo, como lo planteó el Ejecutivo al Congreso en su presupuesto. El mensaje que envían es que debemos agradecerles la sacrificada tarea de trasquilar el dinero de todos sin ningún costo ni sanción.

Este puede ser el Gobierno del mayor robo en la historia democrática paraguaya. Actúan sin pudor, afirmando claramente sus propósitos. Ante la menor insinuación de control le reventarán con su mayoría mientras distraen a los tontos con acalorados debates sobre la ideología de género. Para esconderse incluso del control ciudadano han decidido diputados y senadores parlamentar a la misma hora, de manera tal que la sobreoferta de circo, chabacanería y mal gusto haga que todos decidan apagar el televisor y desengancharse de sus mandatarios.

Los ladrones están en su mejor momento y lo proclaman orgullosos. El público se siente cómplice, pero sin recibir nada y debiendo pagar incluso para acceder a un cargo de enfermera en el IPS. Los ladrones de cuello blanco y de otros colores han decidido ir a la yugular de todos porque se saben impunes. Solo queda una imposible rebelión cívica hasta ahora.

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