20 feb. 2024

Números

Cuando uno ingresaba a un cuartel para el servicio militar, uno seguía un ritual de despersonalización y de humillación para construir un ente uniformado, vertical y sometido. Pero lo más sorprendente para mí fue encontrarme con la representación de una persona que al grito de: ¡Número!... Cumplía las órdenes y mandatos de un superior. Ese “número” no tenía nombre ni apellido y era parte integral de un cuerpo. Eran muchos pero despersonalizados.

Nos pasa igual con otras actividades de la vida cotidiana. Ahora que desaparecieron casi dos millones de paraguayos en el nuevo Censo y comienzan las conjeturas en torno porque aconteció algo que consolida nuestro teko Paraguay de aquello que “nuestras costumbres no se parecen nada a otra Nación”. La falla, dicen, se inició en el Censo de 2002 y se consolidó en el fracasado del 2012. Ahora que solo somos 6 millones y 100 mil habitantes pegamos el grito al cielo. Destroza todo lo asumido con anterioridad. De golpe y porrazo hemos crecido nuestro ingreso per cápita que surge de dividir el PIB por la cantidad de habitantes. Dejamos de ser un país que pueda recibir “créditos no reembolsables” (donación) porque con casi 7 mil dólares de ingreso per cápita no podemos pasarnos de mendigo. Con esto se acaba la donación de la Unión Europea, Usaid, la Giz alemana y la Koica coreana. Desde el pasado 31 de agosto dejamos de ser pobres y debemos acostumbrarnos a nuestra nueva condición.

Con el tema de los números estamos peleados hace rato. Tenemos más terrenos registrados en el desastroso catastro que la superficie real del país. Hemos usado 8% de la energía de Itaipú en 50 años, pero nos dicen que en 10 acabaremos usando el 42% restante. El BID y el Banco Mundial dicen que en el Estado se roba 1.600 millones de dólares al año pero el primero de ellos en felicitarlo por el “logro” lo nombró vicepresidente en Washington, al que fuera hermano del presidente y ex titular de hacienda e IPS. Creen ustedes que el afectado se indignó, zapateó, gritó y procesó a quienes lo endilgaron de ladrón? Nooo. Sigue libre y suelto. Sus fichas están aún en el Estado profundo y solo en el IPS se robaron en un año 168 millones de dólares. En un solo año, el 10% de todo lo que se roba del Estado paraguayo. El nuevo presupuesto incrementa el gasto en personal, mantiene el déficit por encima del 1.5% y no anuncia nada con respecto a “dejar de robar”. Los nombramientos realizados solo aseguran que el descarado y abierto “malgasto público” seguirá para beneplácito de los ladrones y sinvergüenzas. Este país aguanta perfectamente el robo del más del 15% de su presupuesto anual sin que pase absolutamente nada para los perjudicados y afectados que siguen votando felices por sus ladrones de ocasión.

No sabemos los números de los empleados públicos ni en la Municipalidad de Asunción y menos en el Estado. Desconocemos las perdidas de las empresas públicas que supuestamente fabrican caña, cemento u ofrecen servicios de telefonía, agua y paralizan ferrocarriles. Los nombrados están felices para administrar números en rojo que generan grandes ganancias electorales y sostienen el tinglado de la corrupción. Itaipú y Yacyretá son dignos ejemplos de números que solo se compadecen con los privilegios de los brahmanes de ocasión. En el primero la piñata es constante y en la segunda igual aunque los argentinos no paguen una deuda de más de 150 millones de dólares y dicen que les debemos más de 20 mil millones y que según un condenador ex titular de la EBY somos unos sinvergüenzas. Así nos trató la delegación argentina con Massa a la cabeza mientras facturan 50 millones de dólares de peaje por transitar la hidrovía en su territorio.

Ahora que somos más ricos y que dejamos de ser pobres tenemos un serio problema con el padrón electoral. Si somos 6 millones y votamos como dicen que lo hicimos, alcanzamos el 90% de participación, cosa que ni Fidel Castro lo había conseguido en su isla-prisión.

Los números finalmente son una invención humana para calcular o medir las cosas. Aurelio Baldor, aquel cubano genial del libro de álgebra, jamás hubiera entendido por qué llamamos a un soldadito Número y por qué este luce feliz y agradecido por no tener nombre ni apellido.

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