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Las huellas de la mayor gesta ciudadana

El asesinato del vicepresidente Luis María Argaña convocó a miles de manifestantes en la plaza frente al Congreso durante seis días de fuego y sangre. Ocho jóvenes dieron sus vidas. Más de 700 fueron heridos. Campesinos, citadinos, sindicalistas, estudiantes y políticos de distintos colores se unieron para resistir la represión y defender la democracia en el Marzo Paraguayo.

Fernando BocciaPor Fernando Boccia

La camioneta en la que viajaba Argaña fue interceptada por un Fiat Tempra, sobre la calle Diagonal Molas. Dos hombres con uniformes para’i y armas de fuego descendieron del automóvil y abrieron fuego. Eran las 8.45 de la mañana del martes 23 de marzo de 1999 y el vicepresidente de la República y caudillo histórico del Partido Colorado acababa de ser asesinado por sicarios en plena capital.

No pasó mucho tiempo para que diversos sectores políticos señalasen a Lino César Oviedo como el autor del magnicidio. Los dos principales movimientos en pugna dentro de la ANR estaban liderados por Oviedo y Argaña. En las internas coloradas de 1997, la dupla Lino Oviedo-Raúl Cubas resultó ganadora por un escaso margen ante la candidatura de Argaña y Nicanor Duarte Frutos.

Sin embargo, la Justicia Militar condenó a Oviedo a 10 años de cárcel por un intento de golpe de Estado en 1996 y lo sacó de la carrera. Esta crisis dentro de la ANR hizo que la chapa presidencial sea finalmente encabezada por Cubas con Argaña como vicepresidente. Ni bien alcanzada la presidencia, Cubas mantuvo su promesa de campaña y firmó un decreto para liberar al militar. En consecuencia, argañistas y opositores impulsaron un juicio político al presidente.

Con el asesinato de Argaña la crispación política llegaría a su punto álgido. Desde esa tarde, centenares de personas colmaron las inmediaciones del Palacio de López, protestando en repudio a Cubas.

La manifestación creció y se centró en la plaza frente al Cabildo, donde funcionaba entonces el Congreso. Pocas veces hubo una multitud tan variopinta: universitarios, opositores y argañistas, campesinos que habían venido a la capital a reclamar la condonación de sus deudas, miembros de la Iglesia y hasta barrabravas protestar contra Cubas y el magnicidio. Los oviedistas también acudieron y los enfrentamientos se hicieron constantes.

La violencia en la plaza fue escalando hasta que en la tarde del viernes 26 de marzo, francotiradores abrieron fuego sobre los manifestantes. Cubas había ordenado a las Fuerzas Armadas que salieran a poner orden en las calles. En la manifestación mataron a José Zarza, Armando Espinoza, Manfred Stark, Víctor Molas, Henry Díaz Bernal, Cristóbal Espínola y Tomás Rojas. Arnaldo Paredes falleció un año después por las heridas de aquella noche.

Cubas renunció el domingo y partió al exterior, al igual que Oviedo. El presidente del Senado, Luis González Macchi, asumió la presidencia de la República. En los años siguientes solo los autores materiales del magnicidio fueron condenados. En el 2013 Oviedo murió en un accidente aéreo, libre de todo proceso judicial. Hasta hoy, los familiares de las víctimas sostienen que la clase política y la Justicia defraudaron la memoria de los fallecidos.

El metalero de la foto

La imagen es una de las más icónicas de aquellos días: un joven con pelo largo, aspecto de metalero y remera de los Guns N’ Roses, parado en pose desafiante, entre nubes de gases lacrimógenos arrojados por la Policía en la plaza. La única arma del muchacho: un palo. La fotografía ilustró revistas, diarios y hasta libros, y se convirtió en una de las más representativas de los manifestantes de aquel marzo.

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“Sinceramente yo no activaba en nada. Era roquero y nada más... O sea, hasta ahora soy”, dice Sergio González, entre risas, mientras recorre la plaza en la que vivió por cuatro días que marcaron su vida para siempre. Aquel martes de mañana fue hasta ahí para trabajar: era el encargado del escenario montado frente al Cabildo.

Ese martes Adrián Castillo, Fernando Camacho y otros dirigentes de Jóvenes por la Democracia se acercaron a pedirle permiso para usar el escenario. Sergio accedió y de a poco fue mimetizándose entre los manifestantes. “Claro que estaba también indignado. En ese momento, el que no quería saber nomás no sabía la situación del Paraguay, porque todo era caótico: lo de Argaña, Cubas y la liberación de Lino Oviedo. Yo estaba informado”, rememora.

Aquel joven de 24 años que escuchaba Metallica, Iron Maiden y AC/DC no abandonó la plaza. Durmió bajo el escenario. Resistió las represiones. Arrojó piedras a la Policía. En la tarde del viernes, el fotógrafo de ÚH Mario Valdez lo vio en medio de una de las tantas avanzadas de la Policía y disparó su cámara. Segundos después aquel manifestante pasaría a formar parte del listado de víctimas. “Cuando me acerqué al tajy (ubicado cerca de la esquina del Cabildo) vi un disparo, después sentí un golpe y ese golpe me llevó hacia atrás. De ahí me metieron en una ambulancia”, se acuerda. A raíz de aquel golpe entre la nariz y el ojo, aún tiene una cicatriz interna que le impide ver del lado izquierdo.

Al día siguiente, Sergio volvió a la plaza, aún convaleciente. “No sabía que esa foto ya estaba circulando por todos lados porque Última Hora ya publicó. Vine entrando a la plaza y comenzó la gente a gritarme, aplaudiendo. Otros vinieron, me abrazaron y me alzaron”, relata.

Hoy, Sergio es guardiacárcel del penal de Tacumbú. Tiene un grupo de WhatsApp en el que, de vez en cuando, se comunica con otros jóvenes que estuvieron en la plaza en el 99. Como tantos otros, cree que los políticos decepcionaron las esperanzas que generó el Marzo Paraguayo. “No puedo decir que recuerdo lo que pasó con tristeza, a pesar de que hubo muertes. Tampoco sé si es orgullo, pero sí me siento parte de la historia”, asegura.

Última Hora recuerda este acontecimiento en su revista especial publicada el 8 de octubre por su aniversario 45.

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