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El nacimiento de una “burguesía fraudulenta”

 El auge económico, la corrupción estructural, el endeudamiento externo, y la construcción de obras marcaron la economía durante el régimen stronista

La economía durante la dictadura stronista se caracterizó por el auge y posterior declive económico, la corrupción sistemática alrededor de las nuevas obras de infraestructura realizadas a través del endeudamiento externo y la expansión de la frontera agrícola, con la mecanización de la agricultura, la movida hacia el Este y la creación de colonias campesinas.

Luis Rojas Villagra, economista e investigador, señala que el stronismo cimentó su bonanza económica –hasta hoy sostenida como puntos positivos de la dictadura por los defensores del régimen– en un endeudamiento privilegiado en el marco de la Guerra Fría.

“Diez millones de dólares. Esa era la deuda externa cuando Stroessner asume. En 1989 la deuda externa era de casi 2.500 millones de dólares. Eso no incluía la deuda de Itaipú y la de Yacyretá, o sea aparte quedó el Paraguay con su deuda por las dos binacionales de aproximadamente 10.000 millones de dólares. Esa es parte de la herencia del stronismo, parte de esa bonanza”, indica.

En ese sentido, el académico explica que las políticas económicas de la dictadura fueron fundamentalmente neoliberales: una economía de mercado abierta, sin mayores restricciones estatales, que fomentaba la venida de inversiones extranjeras con diversas leyes que le daban privilegios tributarios. A la par, el Gobierno recibió colaboración internacional mediante el programa de Alianza para el progreso, el programa de cooperación de Estados Unidos con América Latina.

“Con esa cantidad de recursos empieza una política de obras, de construcción de rutas, del aeropuerto, posteriormente van a ser las represas hidroeléctricas, Acepar, la Industria Nacional del Cemento, edificios públicos muy costosos, como el hospital de Itauguá, el palacete de la Municipalidad de Asunción. Esta también es una marca del stronismo: No hubo obras públicas sin que se haya beneficiado ilícitamente a colaboradores del régimen”, señala Rojas.

Tras el auge económico que significó la década de los 70, la década de los 80 estuvo marcada por la crisis, la caída de los precios de la soja y el algodón, el fin de las obras en Itaipú y el aumento del desempleo.

Asimismo, el economista agrega que la política de creación de colonias campesinas e incentivo a la migración brasileña para la agricultura mecanizada empezó a mostrar sus resultados: “Hubo creación de colonias pero no hubo reforma agraria, no hubo una política de desarrollo productivo. Finalmente hoy nos encontramos con esa herencia: miles de campesinos terminaron vendiendo sus lotes, migrando a las ciudades y terminaron presionados por el avance de los cultivos mecanizados o de la ganadería para la exportación”, afirma.

UNA NUEVA CLASE. Antes de la llegada al poder de Alfredo Stroessner, no existía una clase empresarial fuerte y con gran influencia. Por las consecuencias de la guerra de la Triple Alianza, el capital extranjero ocupaba una posición dominante. Fue con la dictadura que se consolida un nuevo sector privado. “En esos años empieza a surgir lo que Juan Carlos Herken llamó la ‘burguesía fraudulenta’: un sector empresarial que empieza a acumular dinero en base a los favores y privilegios del gobierno, ya sea a través de actividades ilícitas como el tráfico de autos, de armas, de rollos o de drogas, o bien a través de la corrupción alrededor de las obras públicas”, explica Rojas.

Otro sector favorecido durante el stronismo es el terrateniente, con la repartición de las casi 8 millones de hectáreas de tierras malhabidas que nunca fueron recuperadas por el Estado.

“No tuvimos ese proceso de juicio y castigo que sí hubo en otros países, entonces el sector que logró hacerse de poder económico, los barones de Itaipú por ejemplo, todo ese grupo empresarial queda como el sector empresarial ya asentado, consolidado, que a partir de los 90 hasta estos días, queda con la libertad de utilizar todos esos recursos apropiados, de ser ya un empresario limpio, blanqueado, a pesar de una acumulación originaria fraudulenta”, asevera.

“En democracia fueron presidentes, además de senadores, diputados, ministros, gente que hizo su poder económico y político a partir de aquella acumulación fraudulenta”, añade el investigador y recordó que barones de Itaipú, como Juan Carlos Wasmosy y Raúl Cubas, fueron presidentes de la República, que la familia de Luis González Macchi figura entre los receptores de tierras malhabidas, que Horacio Cartes fue procesado por evasión de divisas en los 80 y que Mario Abdo Benítez (hijo) gobierna hoy el país.

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