15 mar. 2026

Ángel Piccinini

Tras el reciente aniversario del sacrificio final en Cerro Corá, surge otra efeméride clave para terminar de armar el rompecabezas de nuestra historia. El 9 de marzo de 1893 marcaba el fin de la existencia de Silvestre Carmona Milesi, el coronel que entregó la posición paraguaya al enemigo. Carmona representa la cara más cruda de la tragedia: la del héroe condecorado que termina convertido en el arquitecto de la caída final. Su figura es una pieza rota, aunque imprescindible, para comprender el trauma y las contradicciones más profundas de la Guerra Guasu.
Para hablar con justicia del asesinato del Cnel. Delvalle resulta ineludible hablar también de su vida, y para hablar de su vida resulta ineludible hablar de los días finales de la Guerra de la Triple Alianza, porque ambas cosas —la trayectoria del hombre y el ocaso de la guerra— están entrelazados.
¿Fue el final de la Guerra Grande un sacrificio planificado o un intento de fuga frustrado por la geografía? Mientras el Mariscal Francisco Solano López arrastraba a su menguante tropa por las serranías del norte, el alto mando brasileño y los cónsules europeos en el Plata compartían una misma sospecha: el objetivo era Bolivia. Entre la lealtad incondicional de sus allegados y las acusaciones de deserción de sus enemigos, la verdadera intención de López permanece bajo el velo del misterio. Este artículo profundiza en los testimonios y documentos que alimentaron la hipótesis de un exilio andino y las razones estratégicas que pudieron haber convertido esa ‘huida’ en un repliegue táctico de largo alcance.
Hace apenas unos días, el 19 de febrero, se cumplió un nuevo aniversario del acontecimiento naval que cambió el curso de la mayor guerra de la historia sudamericana: el forzamiento de las cadenas de Humaitá por la flota blindada del Imperio del Brasil en 1868. Y no es la única coincidencia del calendario, lo que en un futuro sería una heroica fortaleza, fue fundada un 6 de febrero de 1779, hace exactamente 246 años, es por esto, que este artículo es una excusa inmejorable para conocer un poco su historia.
El 19 de enero de 1906, la muerte de Bartolomé Mitre desató una tormenta política. ¿Cómo es posible que un mismo acto de respeto oficial sea visto como un gesto civilizado en una década y como una traición a la patria en la siguiente? La historia paraguaya guarda una contradicción fascinante: mientras que en 1888 el fallecimiento de Sarmiento fue honrado sin mayores escándalos por los veteranos de guerra, la muerte de Bartolomé Mitre en 1906 incendió los ánimos nacionales. Este artículo explora la paradoja de los homenajes y cómo la memoria política se transformó en una herramienta de exclusión.
El 18 de diciembre se cumplió un aniversario incómodo, uno que suele pasar en silencio o bajo el murmullo del reproche histórico: hace 161 años, un grupo de exiliados fundaba la Asociación Paraguaya. Aquella firma no solo dio origen a un cuerpo militar, sino que inauguró el estigma político más corrosivo y duradero de nuestra historia nacional: el de ser legionario.
Tras el abandono de las fortalezas de Humaitá y la retirada primero hacia San Fernando y, posteriormente, hacia la línea del Pikysyry, el Ejército paraguayo había sufrido un desgaste material y humano irreversible. La estructura estatal formal se había colapsado en gran medida, y la supervivencia de la fuerza armada pasó a depender de la movilización total de los recursos remanentes.
En este contexto de agitación global (el mundo venía de las protestas de 1968 y la Guerra de Vietnam) y de tensiones locales, el presidente de EEUU Richard Nixon envió en 1969 a Nelson Rockefeller –entonces gobernador de Nueva York– en una misión diplomática por Latinoamérica. Rockefeller debía recopilar información y evaluar la situación regional para el Gobierno estadounidense, en el marco de la Guerra Fría y la Alianza para el Progreso.
En el Paraguay de finales del siglo XIX e inicios del XX, el duelo caballeresco era visto como un medio aceptado para lavar ofensas al honor, especialmente entre caballeros de la élite. Aunque la Iglesia y las autoridades podían desaprobarlo, socialmente se consideraba comprensible que un hombre desafiara a otro a duelo ante un agravio grave.
La guerra no solo se libra con balas, sino también con recursos. Pero ¿qué sucede cuando estos se agotan por completo? Este artículo explora las soluciones improvisadas que permitieron sostener la maquinaria bélica y de cómo se vio forzada a realizar una verdadera reingeniería de su existencia asfixiada por el bloqueo.
Pido licencia por usar el fútbol como anzuelo, pero lo hago con buena intención: El reciente amistoso Paraguay–EEUU y mientras la atención mundial se dividía entre el despliegue de la operación “Lanza del Sur”, frente a las costas de Venezuela y los incidentes ocurridos durante el partido amistoso entre Paraguay y Estados Unidos, la historia ofrecía un eco de un siglo y medio atrás.
La historia política de Paraguay ha estado marcada por momentos de profunda crisis, pero pocos tan críticos como el segundo semestre de 1904. Acorralado por una insurrección armada, aislado políticamente y sin apoyo popular, el gobierno colorado de Juan A. Escurra llegó a proponer, en el seno del Congreso Nacional, el establecimiento de un protectorado de los Estados Unidos. Esta insólita iniciativa de una traición frustrada y de cómo pudo llegar tan lejos el afán de permanecer en el poder.
Setiembre ha sido un mes de contrastes en la historia paraguaya. Fue escenario de gestas gloriosas y también de hechos que dejaron profundas cicatrices.
Recientemente, el presidente promulgó la ley que otorga a los tres últimos excombatientes de la Guerra del Chaco un subsidio equivalente a la dieta de un senador. Este acto de justicia histórica, aunque tardío, evoca inevitablemente otro agosto histórico: el 16 de 1899, cuando se estableció por primera vez una pensión para los veteranos de la Guerra de la Triple Alianza.
Este artículo explora tres ejemplos fascinantes de cómo términos guaraníes se infiltraron en el imaginario global, desde la zoología, la industria automotriz hasta la cultura pop y la historia de la música.
El 16 de agosto, en Paraguay, se celebra el Día del Niño. Pero, ¿realmente celebramos la infancia o nos rendimos a una narrativa nacionalista que manipula un trágico suceso para consolidar un discurso político? Esta entrega explora cómo el populismo paraguayo transformó una tragedia en un símbolo de victimismo, distorsionando la historia y el propósito original de la conmemoración.
Llegó a Paraguay con un microscopio y un título de boticario; y terminó soportando cepos, privaciones y torturas. Su relato retrató con asombroso detalle la vida cotidiana y la cultura paraguaya del siglo XIX. Denunció las atrocidades del régimen de Francisco Solano López y terminó siendo cronista de un conflicto que no era suyo.
La celebración de los natalicios de los líderes políticos ha sido, en distintos periodos de la historia paraguaya, un reflejo del culto a la personalidad y de las estrategias de propaganda de cada régimen.
Héctor Francisco Decoud Domecq nació en tiempos convulsos, creció bajo la sombra de una dictadura y maduró entre los escombros de la guerra. Hijo de un comerciante prominente y ahijado del propio Francisco Solano López, su vida fue un reflejo de las contradicciones del Paraguay decimonónico: soldado siendo apenas un niño, crítico implacable de su padrino y, finalmente, un intelectual respetado dentro y fuera de su patria.
Marcado por el fusilamiento de su padre cuando apenas caminaba, Rómulo José Yegros Speratti aprendió de aquella tragedia temprana a sobreponerse al estigma.
Hace 160 años, el 26 de junio de 1865, un choque menor en los esteros del Mbutu’y –entre una columna paraguaya de apenas cuatrocientos hombres al mando del entonces capitán José del Rosario López y una brigada imperial brasileña que la superaba casi diez a uno– se transformó, con la ayuda de la pluma y la imprenta, en una de las gestas más citadas del panteón lopista.
Aunque el general Manuel Mena Barreto y su división aliada llegaron a Pirayú en enero de 1869, su única misión era explorar la ruta que usó el Mariscal López para huir de Ita Ybaté y, de encontrarse, recolectar ganado. La Campaña de la Cordillera comenzó cuando el conde d’Eu asumió el mando del Ejército brasileño y dirigió las operaciones tierra adentro en persecución de las fuerzas renovadas de Francisco Solano López.
Durante los años más oscuros de la Guerra de la Triple Alianza, Paraguay no solo enfrentó a tres poderosas naciones enemigas, también vivió un conflicto interno que desgarró su tejido social y familiar.
En Semana Santa, cuando miles de hogares paraguayos amasan y hornean chipas con manos rituales cada Miércoles Santo, es oportuno detenerse a reflexionar sobre este alimento que es mucho más que comida: La chipa es memoria viva, símbolo sagrado y herencia cultural.
El 23 de marzo se cumplió un año más del dramático final del buque insignia de la flota paraguaya durante la Guerra de la Triple Alianza. El vapor Tacuarí representó durante más de una década el orgullo de la Armada Paraguaya, hasta su sumergimiento en 1868.