16 jun. 2026

Un partido que nos pinta un poco como sociedad

Empezaron bien, con ganas, incluso con un disparo de Diego Alexander generando peligro en el área rival, pero cuando no transcurrían diez minutos del encuentro ya vino el baño de realidad, encima con un gol en contra de Damián Josué, en un partido que iba a terminar luego en goleada. Es cierto, escribo en el diario del lunes, pero me parece conveniente el paralelismo al que alude el título de este humilde comentario.

El optimismo en el microcentro de Asunción era apabullante, e imagino que ocurría lo mismo en muchísimos lugares más. Está bien, era acaso una expresión de deseo más que un análisis crítico desde lo futbolístico, porque si no ya aparecían calificativos como “antipatriota”, “pesimista” o “negativo”. Es lo que escuché incluso de connotados periodistas deportivos.

Volviendo a la cita con la pelota, tras el primer tanto parecía que el nerviosismo se terminó de apoderar de los jugadores paraguayos. Aparecieron entonces la confusión, la abulia recalcitrante, el espanto, y la apatía. Era ya un juego de pelota tata para el equipo dirigido por Gustavo Julio, quien –según opinión de muchos– no hizo a tiempo los cambios que se necesitaban. Así se fue el primer lapso con tres a cero a favor de los locales.

En la segunda parte hubo un poco más de cuidado para no encajar tantas anotaciones más, pero no fue suficiente, y parecía (por los reemplazos y la actitud misma) que los estadounidenses sacaron el pie del acelerador, recordándome a la pesadilla para Brasil de aquella Alemania de 2014 que convirtió cinco goles frente a la pentacampeona del mundo en 45 minutos, aunque luego solamente registró dos más.

Retornando al caso de Paraguay, entiendo que el brasileño-paraguayo se destacó por segunda vez, pisando bien para ser titular en el siguiente desafío, haciendo dupla seguramente con Julio César. Hasta hizo su debut en las redes del oponente. De lo poco a resaltar.

Sin embargo, estamos en una competición deportiva, así que hay revancha muy pronto y las sensaciones pueden revertirse en una semana, más todavía sabiendo el marcador entre Turquía y Australia. Eso es lo lindo del fútbol, ya calificado hoy como “posfútbol” por conocedores como el chileno Juan Pablo Meneses (una nota con él está en BBC News Mundo).

En el caso de la sociedad, los desquites aparecen cada cinco años (si es que no hay pandemia que la aprovechen para extenderse un poco más en los cargos). Estamos cerca de una de esas oportunidades y después a no llorar si no cumplimos con nuestro derecho y obligación.

No dejemos que el desaliento nos sostenga para no ir a votar. No permitamos que el hartazgo venza para que no hagamos lo que debemos hacer siempre que podemos: tirar la basura en el basurero, respetar la fila, dar el asiento a quien más lo necesite en el autobús, saludar a los demás, seguir las reglas de juego y no simular una falta, corregir las normas que tengan que reformarse, pagar nuestros impuestos, ayudar a quienes estén precisando una mano con su carga, que los acompañemos un trayecto u ofrecerles amablemente acercarlos en nuestros automóviles.

Basta del individualismo voraz. Que no triunfe el desgano. El mundo es más que las redes sociales o la virtualidad, es un cálido abrazo, son las palabras de aliento en ondas analógicas. Hay que repartir sonrisas a pesar de un mal partido, y enfurecerse con quienes verdaderamente están dejándonos sin alegrías, con sueños rotos, esos mismos que buscaron aprovecharse de una ilusión colectiva desde las eliminatorias, desde el propio estadio del debut.

Debemos aprender a saber cumplir con nuestras responsabilidades civiles, y reclamar cuando sea necesario. No vale salir por miles a alentar a una selección de jugadores, pero no movernos para exigir más a las autoridades de turno. De ser así vamos a continuar con la maltrecha educación, con la salud muriéndose y con la inseguridad que restringe nuestra libertad. Es momento de parar la pelota y pensar bien para dónde pasarla (o patear a la portería con acierto). De lo contrario, además de nosotros, nuestros hijos y nietos serán las siguientes víctimas del calamitoso Estado en el que estamos. Seamos buenos y buenas, aunque cueste, que los goles y las victorias vendrán. Feliz semana.

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