Los hay de todo tipo. Los llamados inteligentes, los de onda verde, los que tienen los clásicos tres colores y otros que no funcionan. A veces, no están donde debieran o otros se presentan en el camino de pueblos donde el intendente local encuentra un motivo para alzarse con una licitación sobrefacturada aunque, en realidad, su presencia molesta antes que facilitar las cosas. Hay otros como el de Pedrozo en Cordillera que nadie sabe el porqué se colocó y se sacó después de causar 12 muertos en menos de un año. Algunos culpan al intendente de Ypacaraí, otros a los vecinos, pero todos apuntan y con razón al MOPC, encargado de llevar adelante la política vial de este país. El fracaso de su ministra ha llevado a pedir a propios y extraños que Peña eche a su amiga. Algunos cartistas como Bachi solo quieren que informe al Congreso y que no sea interpelada como si la resolución acabara obligando al jefe del Ejecutivo a deshacerse de Claudia Centurión convertida en la secretaría de Estado de similar repudio que la de Salud.
En realidad, luego del fracaso del Metrobús donde ella gerenció, la primera ministra de Obras nunca debió haber tenido una oportunidad de este tamaño. Pro en este país donde hasta los condenados por bandidos en la función pública tienen una oportunidad más en ocupar un cargo como en el Municipio asunceno o el ex titular del IPS un jugoso conchabo en Yacyretá, eso no parece relevante. Claudia Centurión no responde a las exigencias de un cargo como ministra y ello le han recordado incluso sus colegas como el que colisionó la economía y que le había llamado la atención por contratar obras sin tener certeza que hubiera dinero para pagarlas. Hoy, tenemos una notable deuda, pero ella operando para sus anteriores patrones del sector vialero ha conseguido fondos para pagar los intereses acumulados y la deuda misma para el futuro. Buen negocio para los contratistas, pésimo para los intereses de la gente. El semáforo había marcado rojo, pero igual se metió como si fuera verde.
Nada lo ha detenido. Se sabe cercana a la familia presidencial y, por lo tanto, inmune e impune a cualquier deseo de remoción por lo menos. De renunciar, ni hablemos. Los opositores han planteado una acción judicial en su contra y los vecinos del cruce Pedrozo deben contentarse con unos muñecos que piden rebajar la velocidad luego de no haber inaugurado el mayo pasado el camino de comunicación entre ambos lados de la ruta. No había pagado, se supo ahora por los terrenos expropiados y “milagrosamente” luego de los seis muertos del sábado sí lo hizo en forma expeditiva. Su cabeza pendía del repudio ciudadano y buscó descomprimir la presión como podía. El semáforo ya estaba en amarillo, pero igual nada hizo para frenar a aquellos que impedían el final de la obra.
La misma remoción finalmente no resuelve el problema. Esto arranca de 1975 cuando un general de apellido Cáceres, él que tenía como marcante “Plaza campaña” (por grande, cuadrado y sin luces) estaba al frente del Ministerio de Obras de la dictadura de Stroessner y construyeron una bajada del cerro de 12 grados cuando debería ser de 6 grados. Esta sigue matando a cientos y todavía no resolvieron el origen del problema. Había sugerido al ministro Buzarquis las rampas de salida luego de haber visto como ellas salvaban vidas en el tramo entre México y Puebla por donde transité decenas de veces entre el 2008 y 2009. Lo hicieron, finalmente, pero debería haberse construido más abajo, pero no lo hicieron por los costos que suponían las expropiaciones.
En concreto el semáforo de la vida y de la racionalidad nunca se prenden en verde en este país porque desde la ministra hasta las vialeras solo están para el negocio de la construcción y no para dar seguridad y garantía para los que transitan por las rutas. En la ruta de Oviedo a Villarrica hay una estancia de un ex burócrata del MOPC a la que llaman “banquina” por haber sido levantada con las obras que no se hicieron, pero se cobraron.
La corrupción mata. El semáforo de la vida se puso en rojo y frenó la existencia de 6 personas. Van a seguir siendo más porque ella no vale nada cuando la corrupción manda.