23 ago 2026

El “impuesto implícito” que frena la formalidad

Hablar de informalidad suele llevarnos a una conclusión rápida: Hay que formalizar a quienes están fuera del sistema. Sin embargo, un reciente estudio del Banco Mundial plantea que el problema es bastante más complejo y que antes de preguntarnos cómo formalizar, deberíamos entender por qué miles de personas eligen permanecer en la informalidad.

El estudio Racionalizar la informalidad: Protección social, calidad del empleo y crecimiento, de William F. Maloney, Guillermo Beylis, Nathalie González-Prieto y Andrés Zambrano, sostiene que la informalidad no es un fenómeno homogéneo. Los trabajadores toman decisiones considerando sus capacidades, ingresos y circunstancias, pero también aspectos como la autonomía y la flexibilidad.

Uno de los hallazgos más interesantes es precisamente que una parte importante de los trabajadores por cuenta propia no está necesariamente en la informalidad solo por falta de oportunidades. En Paraguay, lo vemos todos los días: El almacenero, el delivery, el que hace changas. Para muchos, esa independencia pesa más que el aporte.

Esto obliga a cambiar el enfoque. No alcanza con decirle a una persona que debe formalizarse. Hay que preguntarse qué gana cuando lo hace.

El escenario paraguayo permite dimensionar el desafío. El IPS registró para 2025 una cobertura equivalente al 25,3% de la población del país y del 55,2% de la población económicamente activa ocupada obligada a aportar; es decir, incluso dentro del universo que debería estar incorporado al sistema, todavía existe una brecha importante.

Este dato no significa que el IPS deba cubrir a toda la población ocupada ni que el Instituto sea responsable de la informalidad. Su población objetivo es más acotada. Pero sirve para mostrar una realidad: Una parte muy importante de los trabajadores paraguayos no está vinculada a un esquema tradicional de protección social contributiva.

Y ahí el estudio del Banco Mundial ofrece una pista importante. La informalidad está estrechamente relacionada con la estructura productiva. El informe encuentra que el 83% de los trabajadores informales de América Latina y el Caribe trabaja o dirige empresas de cinco o menos empleados, pedirles formalidad plena es pedirles quebrar.

Por eso, la formalización no puede reducirse a controles y sanciones. Para que una empresa pequeña pueda formalizarse necesita también productividad, acceso a financiamiento, capacidades y posibilidades reales de crecer.

El estudio del Banco Mundial señala que uno de los frenos a la formalización es la percepción de que sus costos son inmediatos y sus beneficios lejanos. A esto lo llama “impuesto implícito” a la formalidad. La salida no es eliminar aportes, sino rediseñar la protección social para que tenga valor real para el trabajador. Paraguay ya dio pasos en esa línea con el IPS: inscripción voluntaria para independientes y un régimen especial para Mipymes con aportes sobre el 80% del salario mínimo por 3 años. Aun así, el desafío es mayor: implica mejorar capacidades, ayudar a que las empresas crezcan y modernizar el sistema. La meta no debe ser solo registrar más trabajadores, sino construir una formalidad que la gente quiera elegir por la seguridad y oportunidades que ofrece.

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