01 feb. 2026

“No te olvides de los pobres”

Ya sé que es un tema manipulado y trillado el de “los pobres”. Cuando escucho a algunos materialistas con sus afectados comentarios o críticas al sistema que los ignora, recuerdo cuando en la escuela nos pedían hacer escritos sobre las vacaciones, la primavera, la vaca y debíamos acudir a simples rellenos de palabras.

Pero, a pesar de esta reticencia interior, quisiera expresar algunos pensamientos al respecto antes de que termine el primer mes del año. Es que hay mucha gente que está pasando situaciones difíciles de pobreza, por falta de trabajo, precarizaciones en la salud, envejecimiento sin apoyo, inseguridad ante la delincuencia, sobreendeudamiento, desatención a los emprendedores, inconvenientes en las cosechas… También están aumentando los pobres que aun teniendo cubiertas necesidades materiales, experimentan, enormes dificultades emocionales, intelectuales, sociales, morales y espirituales. Cuántos problemas de falta de comunicación y afecto en la familia, cuántos adictos y gente sola ya en Paraguay. Conste que nuestro sistema de vida comunitario todavía da mucho soporte, pero no damos abasto.

Es muy diferente mirar al pobre como alguien tan digno de respeto que no se atreve uno a humillarlo con ese aire de superioridad que conlleva el buenismo, a querer convertirlo en una muletilla de discursos o de “acciones sociales” despersonalizadas; muy diferente de adueñarse del concepto, pero despreciar a la persona concreta, como hacía el socialista Lenin que despotricaba contra el “aristócrata obrero” por ser un pobre que estaba saliendo de la pobreza, es decir un dependiente menos de su retorcida ideología.

En realidad, la pobreza en todos los órdenes de la existencia aumenta no solo en nuestro país, es un fenómeno global que incluso afecta a personas con dinero. Y tiene que ver con la desconexión de la realidad y la fragmentación personal, con la falta de sentido que la dictadura del relativismo moral y la masificación tecnológica nos empujan a experimentar.

Comentó el finado papa Francisco que eligió el nombre del Santo de Asís para su papado, después de que un cardenal le felicitara por su elección y le recordara “No te olvides de los pobres”. Francisco de Asís es recordado por haber “abrazado la pobreza” de forma mística y concreta, a la vez, ya que era un enamorado de esta suerte de fusión nuclear –con su enorme liberación de energía, como la del Sol– ocurrida en la encarnación de Cristo.

¿Es acaso sano abrazar esta condición? La pobreza asusta, incómoda, rebela, sobre todo porque descubre los aspectos más frágiles de nuestra existencia, pero, incluso en las situaciones más precarias, es posible encontrar sentido y aspirar al bien y a la prosperidad.

Hoy se da en países con “estado de bienestar” que la pobreza psicoespiritual lleva al vacío, a la falta de deseo de vivir, a un tipo de violencia espiritual que se asocia a la desconexión con la propia interioridad y a la ausencia de una percepción clara de ser amados incondicionalmente.

Sentirse pobres no es vergonzoso, es salir de la alienación, incluso es valiente, nos lleva a emprender el camino del crecimiento, aunque implique dolor. Descubrir en la propia casa interior el bien de nuestra existencia, nos ayuda a construir la casa exterior, reparar errores, superar traumas y obstáculos. No descubrir el amor rompe por dentro, aunque en apariencia se tenga éxito o autoengaños bien montados.

Se puede llamar pobreza bienaventurada aquella desde la que se vislumbra la profundidad de nuestro deseo de felicidad y la grandeza de nuestra condición humana, la cual no depende de nuestros bienes materiales.

“No olvidar a los pobres”, no se trata solo de asistir a los marginales, sino de abrirse a la realidad y a la ayuda, la que necesitamos recibir y la que todos podemos brindar, incluso con gestos simples, el primero de ellos, el de compartir tiempo y escucharnos de verdad.

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