Es lo que abunda en el debate sobre la reforma parcial de las cajas jubilatorias llenas de injusticias, privilegios y corrupción.
Diseñadas para dar un barniz de formalidad cuando, en verdad, están llenas de agujeros que solo delatan la inequidad, injusticia y desigualdad. Estas exhiben el Paraguay de manera lacerante desde hace varios años y que la gran mayoría considera normal. Unas cajas administradas por un Estado que nunca las organizó como debiera, jamás buscó que el dinero aportado por los jubilables fueran a fondos que dieran beneficios y, menos aún, que estuvieran sentados en su administración sus representantes genuinos. Es así desde 1909 y los fondos tuvieron siempre propósitos de tapar agujeros, pero nunca en pensar en la sostenibilidad en el largo plazo. Cínicamente se dice que ahora el Estado –con grandes necesidades e incapaz de emprender su gran reforma– afirma que los 380 millones de dólares que pagamos anualmente son el gran problema.
No. El Estado administrador es el problema y se pretende aplicar un parche a algo que no se resolverá con esta norma propuesta, según lo dice el mismo ministro de Economía. Sí, el mismo que no controla el malgasto del Estado que administra y cuyas cifras son cercanas a los dos mil millones de dólares. El que esconde las cifras reales del déficit público no pudiendo pagar acreencias superiores a los mil millones de dólares. El mismo que nos pretende engañar cínicamente afirmando que todo eso junto con los privilegios de las Caja Parlamentaria son cuestiones que traen aquellos que no quieren que se reforme la caja de policías, militares y maestros. Cinismo absoluto.
Prebendarismo. Si no cambiamos este Estado prebendario, ladrón y malgastador, nada de esto logrará resolver el problema. El administrador que se pasa una Ley de Presupuesto que no puede cumplir ni puede pagar sus obligaciones con farmacéuticas, vialeras o proveedores de Hambre Cero, ¿aun se puede llamar Estado? Es serio, esto hay que dejarse de joder con el argumento de que son cosas distintas.
Con qué cara estos legisladores que crearon una caja donde todos contribuimos a su sostenibilidad luego de un dudoso aporte laboral puede comenzar a debatir sobre otras cajas cuando la suya es toda una síntesis de lo no debe ser. Son unos cínicos y sinvergüenzas que tienen la caradurez de afirmar que con solo sumar dos años al retiro jubilatorio se resuelve el problema. No, señores, así no son las cosas. Si queremos un país con justicia hagamos que toque a todos por igual. Estamos hartos de ustedes el 70% de los paraguayos que no nos vamos a jubilar y que tributamos para sostener este remedo de Estado que mantiene una legión de yatebuses que nos chupan la sangre sin darnos nada en retorno.
La salud, la educación, la infraestructura son pésimas y ahí deberían ir los 2 mil millones de dólares que se roban (malgastan) y los recursos con los que se parchan las pérdidas de cajas que nunca se supo hasta ahora porque no generaron intereses a lo largo del tiempo.
Este país injusto está ahora frente a una realidad que desnuda con claridad el país que somos. Cada sector se creyó con autoridad de pellizcar lo que podía sin importarle los costos porque el administrador de turno los incentivaba y sostenía.
Todos comían hasta que se tuvo que rascar la olla como ahora.
Si vamos a hacer la cirugía que sea la mayor. Esto no es un susu’a. Este es un cáncer que ya hizo metástasis en todo el cuerpo social. Saldrán en forma purulenta y se enfrentarán en las calles, pero sin voluntad real de tomar la decisión que devuelva justicia la igualdad que nos proclama la Constitución esto no cambiará nada.
Jubilaciones por igual para todos. Para todos. Privados y públicos para empezar. Una misma edad de jubilación para todos. Cajas administradas de forma profesional por los afectados, clausura de la pornográfica Caja Parlamentaria, duros controles internos del Estado administrador e implacables sanciones a los administradores que juegan al golf en helicópteros y reciben sobres de sobornos.
Por ahí podríamos empezar a cambiar. Basta de cinismo. Este país no aguanta más y se merece una acción correctiva en serio antes de que sea demasiado tarde. Los cínicos no pueden seguir engañándonos.