Resulta alarmante cómo la discusión en redes sociales desvía hoy el valor estético y la rigurosidad de una obra para forjar un diálogo meramente performático que solo alimenta al algoritmo.
La cinematografía brasileña atraviesa un proceso de relegitimación internacional en el circuito global de festivales. Obras como Ainda estou aqui (Walter Salles, 2024), A melhor mãe do mundo (Anna Muylaert, 2025) consolidan este panorama, donde la dimensión política es parte intrínseca de su discurso. A este fenómeno se suma la poética de “El agente secreto” de Kleber Mendonça Filho.
La indiferencia de la cartelera asuncena ante el estreno de Sirat contrasta con su doble nominación al Óscar: Mejor Película Internacional y su irrupción en el corazón de la industria en la categoría de Mejor Sonido. Este vacío local es la excusa para analizar la obra de Oliver Laxe: un viaje sensorial entre el misticismo y el trance electrónico.
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