23 ago 2026

Inteligencia artificial

En los últimos meses, en los países desarrollados, se observa una avalancha de noticias sobre las empresas desarrolladoras de inteligencia artificial (IA) como OpenAI, Anthropic, NVIDIA, Tesla, SpaceX y otros.

Se entiende como inteligencia artificial (IA) a sistemas computacionales capaces de realizar tareas complejas que, hasta ahora, solo podían ser realizadas por seres humanos. Es cualquier sistema artificial que pueda desarrollar tareas sin supervisión humana significativa, pueda aprender de la experiencia y mejorar su desempeño de manera continua. Se caracteriza por realizar tareas o resolver situaciones que requieren percepción, conocimiento, aprendizaje o una acción, similares a los del ser humano.

Con la gran capacidad computacional para procesar datos en tiempo real y la amplia disponibilidad de datos, originados por smartphones, transacciones digitales, redes sociales, etc. almacenados en hiper data centers, es posible desarrollar modelos que repliquen el funcionamiento del cerebro humano para procesarlos, interrelacionarlos, encontrar patrones, proyectarlos, y realizar tareas o resolver problemas como lo hace un operador de call center o un programador de computadoras.

Por ejemplo, la aplicación Claude puede realizar análisis financieros y crear una estrategia de inversión, como lo haría un experto en finanzas; quienes han ido a ciudades norteamericanas como Los Angeles o San Francisco habrán podido observar o subirse a los taxis autónomos. Estas son las manifestaciones actuales más concretas de la IA, pero en la visión de sus promotores, el futuro es aún mucho más prometedor. En una reciente entrevista con la revista The Economist, Elon Musk decía que, gracias a la IA y a la automatización, en algunos años más habrá tanta abundancia que el dinero ya no tendría valor y las personas podrían dedicarse a disfrutar y cuidar el jardín de su casa.

Recientemente, algunos economistas han empezado a analizar las posibles implicancias de la IA para la economía y la sociedad. Para la disciplina, los avances tecnológicos, al incrementar la productividad, son la principal fuente de crecimiento del ingreso per cápita y de mejoras en el bienestar de la sociedad a largo plazo. Esta ha sido la experiencia de los últimos dos siglos, periodo en el cual la capacidad innovadora del ser humano impulsó sucesivas olas de destrucción creativa con inventos de nuevos procesos y productos que incrementaron sustancialmente la productividad y la calidad de vida de las personas. Por lo tanto, la economía tiene una visión optimista sobre el progreso tecnológico.

Sin embargo, la IA aparece como altamente disruptiva. Hay pocas dudas de que provocarán aumentos importantes en la productividad, pero sus potenciales daños colaterales generan temores. Por ejemplo, si se cumpliera el pronóstico de Musk cambiaría radicalmente el funcionamiento del sistema económico. La economía de mercado funciona con base en sistema de precios, que reflejan la escasez o abundancia relativa de productos y dan señales a productores y consumidores para aumentar o reducir la producción o el consumo de estos. En la abundancia absoluta, este mecanismo no funcionaría. Por otro lado, no es claro cómo se distribuirían los productos, que pertenecerían a los propietarios de robots que los fabricaron, pero no tendrían valor. Por ello, la respuesta de algunos economistas a Musk fue si el dinero no tendrá valor en algunos años, entonces no tiene valor hoy.

Los cambios tecnológicos anteriores, si bien afectaron el empleo a corto plazo, terminaban aumentando la productividad del trabajo y el ingreso de los trabajadores a mediano plazo y surgieron, en paralelo, nuevos productos y servicios que generaban empleos con nuevas especialidades, en un círculo virtuoso que perduraba por décadas. Con la inteligencia artificial, tal vez ocurra algo similar, aunque su impacto es más trasversal y general que las innovaciones observadas en el pasado. A pesar de los temores y la incertidumbre, lo óptimo a nivel individual y empresarial sería aprender a desarrollar y utilizar modelos de IA y a nivel de la sociedad deberíamos crear reglas para su desarrollo y utilización que maximicen el impacto positivo y castiguen su utilización maliciosa.

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