11 jul 2026

Entre la ternura y la furia: El cine de Kleber Mendonça Filho

La cinematografía brasileña atraviesa un proceso de relegitimación internacional en el circuito global de festivales. Obras como Ainda estou aqui (Walter Salles, 2024), A melhor mãe do mundo (Anna Muylaert, 2025) consolidan este panorama, donde la dimensión política es parte intrínseca de su discurso. A este fenómeno se suma la poética de “El agente secreto” de Kleber Mendonça Filho.

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Decía el manifiesto del movimiento CINEMA NOVO (1960-1970) que los temas en Latinoamérica como territorio subdesarrollado — en oposición a la estética burguesa de su contemporánea Nouvelle Vague — requerían, convertir el cine en un dispositivo que tensionara al espectador sobre la miseria de su entorno, para forzar una dialéctica de la cual emergería la praxis política (La estética del hambre - Glauber Rocha,1965).

Este subrayado es pertinente al abordar el cine de Kleber Mendonça Filho, quien comparte con aquel movimiento temas como las fricciones sociales, el pasado colonial y sus nuevas configuraciones.

Si bien estas problemáticas, junto a las injusticias estructurales del Brasil, atraviesan sus filmes, lo hace bajo un cambio de registro en su forma y una factura técnica impecable, donde el diseño sonoro destaca como una de sus herramientas más interesantes. Esta pulcritud se distancia del manifiesto que reivindicaba una cámara viva y cruda que estuviera presente con y en la escena en busca de una narrativa propia; aun así, esta depuración de la imagen no elude el compromiso de denuncia, en tanto hereda y mantiene el entramado de resistencia social, política y cultural planteado hace más de cincuenta años por los directores del CINEMA NOVO.

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Mendonça Filho deviene cineasta pasando de la butaca — cinéfilo — y la mirada analítica — crítico de cine — a un quehacer creativo desde el cual construye su lenguaje visual propio.

El agente secreto, propone una audaz mezcla de géneros que evoluciona junto a su noción de territorio: desde el microcosmos barrial en O Som ao Redor (2012) y la resistencia —afectiva— contra la especulación inmobiliaria en Aquarius (2016), hasta la autonomía del sertão frente al avance corporativo en Bacurau (2019). En El agente secreto, el territorio alcanza una dimensión nacional: un Brasil dominado por la dictadura y la intervención extranjera, reguladores de la doctrina de seguridad nacional impulsada desde el norte. Como cinéfilo erudito, el director utiliza la estética analógica de los 70 —con un uso obsesivo de zooms y barridos— y un collage de fotos antiguas en blanco y negro como prólogo, recurso que unifica toda su filmografía y consolida una unidad discursiva acerca del pasado y la memoria.

La narrativa se despliega mediante un complejo entramado gracias a la elipsis y el montaje dialéctico, recursos que permiten desentrañar las diferentes capas del guion. Esta construcción no lineal y omisión temporal refuerzan una sensación permanente de desorientación, especialmente en su vínculo con la época actual; en este vacío narrativo es donde se asienta la omnipresencia del Estado opresor: lo que no se ve es tan peligroso como lo que se muestra.

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Mendonça Filho mas que desmontar la estructura del Nuevo Hollywood lo que hace es apropiarse de esa estética estadounidense y remarca su sistema de signos revelando la influencia cultural que permea en los países intervenidos, al aprovechar la ruptura estética de esta corriente contra el cine clásico, construye un espacio para cuestionar el poder “desde adentro”. Un claro ejemplo de esto es el segmento de la pierna peluda asesina: un guiño al cine de serie B yanqui que desata cierta hilaridad e introduce el sentido del ridículo dentro de una estructura narrativa, por lo demás, rigurosa.

El apartado sonoro es otro acierto magistral. El uso de la música popular brasileña para puntuar escenas brutales evoca directamente a la estética de Glauber Rocha. Esta carnavalización de la tragedia le permite al director desmontar, con ironía, la estructura de la violencia.

Las dinámicas de poder actuales se reflejan como calcos sorprendentes: las corporaciones y el mercado prevalecen por sobre el conocimiento y la investigación como también el erario público se vuelve un territorio en disputa del capital económico hacia quienes manejan el mercado a su favor.

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La violencia estructural que articula El agente secreto se enmarca en un lenguaje estético sofisticado, pero que no renuncia a su propósito: cuestionar un ejercicio del poder cómplice con el Estado, consciente de su eficacia a través de mecanismos calculados, rigurosos y arbitrarios. Un ejercicio subterráneo que arrastra al oprimido a utilizar los mismos mecanismos de acción del opresor como única vía de supervivencia.

El dilema del título

Fernando niño asiste por televisión una película francesa de espías llamada The magnifique (1973) cuya adaptación comercial al español sería “Como destruir al mas famoso agente secreto del mundo” —parodia de James Bond protagonizada por Jean-Paul Belmondo—, de la cual solo vemos en pantalla las palabras en inglés Agent secret. Este tributo del director tiene tres vertientes posibles, el titulo de la película, la referencia a una justicia simbólica paródica sobre el stablishment cinematográfico y el contraste con el protagonista, padre del niño, Marcelo/Armando (Wagner Moura) un experto en tecnología que vive un espionaje real y peligroso en el Brasil de 1977.

Fotógrafo y Crítico de Cine
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