Según manifestó, desde hace más de 20 años enfrenta constantes inconvenientes debido a que el salón de eventos del club colinda directamente con su residencia, situación que –asegura– le impide descansar por los altos niveles de ruido, música y actividades realizadas frecuentemente.
Jaeggli sostuvo que, lejos de encontrar una solución al conflicto, sus reclamos derivaron en un “maltrato institucional”, que culminó con una sanción de varios años de suspensión. El ex senador cuestionó duramente el manejo de la dirigencia y afirmó sentirse destratado pese a su histórica relación con la entidad.
Otro de los puntos que generaron repercusiones fue que –según el propio Jaeggli– no fue recibido personalmente para entregar su renuncia formal al club, por lo que terminó enviando el comunicado vía correo electrónico, mecanismo que posteriormente fue aceptado por la institución.
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La situación volvió a instalar el debate sobre el funcionamiento interno de una de las entidades sociales más tradicionales del país.
Para algunos sectores, el caso expone tensiones relacionadas con el trato hacia socios históricos, la transparencia institucional y la aplicación de sanciones disciplinarias dentro del Club Centenario.