Hoy se acaba el Mundial. Fue un lindo recreo, pero desde mañana los problemas cotidianos perderán ese amortiguador futbolero y pegarán con la misma virulencia de siempre. El martirio de la salud pública, el culebrón de la inseguridad, el sadismo del transporte colectivo y las deudas acumuladas con la tarjeta y la libreta del almacén se disputarán los primeros lugares en el ranking del lamento ciudadano y todo eso vendrá acompañado de una ensordecera propaganda política montada para conducir a los electores hacia el ritual electoral de las municipales, con algunas caras nuevas (pocas), pero las mismas promesas de rutina. Así que habrá que ajustarse el cinturón de seguridad y prepararse para las turbulencias de esta segunda mitad del año. Comparto aquí algunos de los ítems que seguramente provocarán más de un cimbronazo antes de que caiga la última hoja del calendario.
El primero tiene que ver con las deudas, las privadas y las públicas. Sabemos que en lo que va del año el uso del dinero plástico para cubrir el consumo básico se incrementó de manera notable. Un porcentaje perturbadoramente alto de asalariados apeló a su tarjeta para llegar a fin de mes, incluyendo las concesiones que le hicimos al presupuesto familiar para acompañar a la Selección con el ritual obligado, el asado; carne cara y estados emocionales alborotados, mala combinación. La consecuencia de esto es una disparada de la morosidad ciudadana. Es una señal de alerta, una luz amarilla, ciertamente, pero las deudas realmente preocupantes, las que ya están en rojo, son las del Estado, ese ogro filantrópico que se nutre del dinero que nos cobra compulsivamente. Hablemos de eso.
La administración del presidente Santiago Peña arrancó su gestión quejándose amargamente –y con razón– de las deudas vencidas con los principales proveedores del Estado que le legó su correligionario Abdo Benítez. Tuvieron que emitir bonos por más de 600 millones de dólares para ponerse al día y arrancar de nuevo. El problema es que hoy, a tres años de aquel arranque en blanco, el Fisco tiene deudas vencidas por más de 1.300 millones de dólares. No solo repitieron el zafarrancho abdista, lo duplicaron. Lo peor es que esa mora pone en riesgo dos áreas claves: Obras públicas y salud. A las contratistas les deben alrededor de 360 millones y a las farmacéuticas más de mil millones.
La desaceleración en la ejecución de obras atadas al presupuesto del Ministerio del ramo hoy todavía se logra amortiguar con el desembolso acelerado del dinero que se maneja discrecionalmente y al margen del presupuesto; los famosos fondos sociales de Itaipú. Lo que no tiene cura es la falta de medicamentos. Los proveedores entregan nuevas provisiones a cuentagotas porque no tienen garantías de que vayan a cobrar. Para peor esto mismo se repite y con más virulencia en la entidad que solía ser la tabla de salvación para el Estado: IPS.
La corrupción sistémica y la mala gestión aceleraron la crisis de la previsional que hoy necesita de más de 120 mil millones de guaraníes mensuales para cubrir la demanda básica de medicamentos e insumos, pero solo cuenta con 60 mil millones. Soporta deudas astronómicas y sus proveedores ya no quieren entregar insumos, y lo poco que remesan lo hacen al doble o el triple de su valor. Hay un nuevo presidente de la entidad recorriendo hospitales con la prensa de testigo y haciendo denuncias mediáticas sobre hechos escandalosos de corrupción; pero, lo cierto es que hasta ahora solo se denunció formalmente ante la Fiscalía el robo de cables. Una minucia de unos pocos de miles de dólares en comparación con los demás negociados. En teoría hay otros 30 casos en camino. Veremos...
Lo segundo es político. Hasta ahora la mano férrea del presidente del partido de Gobierno y líder absoluto del oficialismo, Horacio Cartes, ha logrado controlar a las fuerzas internas republicanas. Hay una disputa sorda al interior del cartismo mismo por quién acompañará al candidato presidencial de Cartes, Pedro Alliana, como integrante de la chapa. Por órdenes del ex presidente estas rencillas deben mantenerse en el congelador hasta que pasen las elecciones municipales. ¿Respetarán la tregua?
Mientras, el paraguayo y la paraguaya de a pie seguirá lidiando con los bemoles de siempre; la inseguridad provocada por la legión de zombies adictos, el peregrinaje humillante para conseguir medicamentos, la tortura rutinaria del transporte público y la búsqueda agotadora de un empleo formal. Y sí, se acabó el Mundial.