24 sept 2026

El misterio amarillito y los números del BCP

De entrada voy a aclarar algo: No soy economista ni por si acaso y mi relación en la juridiscción de las matemáticas ha sido tremendamente trambólica.

Pero eso no impide poder dar mi parecer sobre lo que me parece, que es para lo que sirven las columnas de opinión, en esta y cualquier parte de este mínimo planeta.

Todos conocemos lo que es el Yes Yes. Si, ese cosito amarillo que se come. Tal vez nuestro primer encuentro con dicho, ¿alimento? fue cuando decidimos invertir el dinero del recreo para comprarlo.

O es muy probable que haya llegado hasta nuestras manos en algún cumpleaños entre pancho, hamburguesas, pedazos de torta en el piso, gaseosas y globos que inevitablemente explotan.

Para los que no saben de qué estoy hablando, porque hay gente que lee esto en otras partes del mundo y sus alrededores, me estoy refiriendo a un bocadito de maíz de color amarillo, de forma alargada y con cierto sabor salado.

Lo llamativo de su existencia radicaba en la invariabilidad de su costo. Durante muchos, pero muchos años este producto mantenía un mismo precio.

Subían y caían gobiernos cerraban bancos, los niños que los disfrutaron pasaron a ser jóvenes y hasta adultos, Paraguay iba a los mundiales de seguido y luego ya no fue más, el sol se ponía y las estrellas giraban en el cielo de la noche.

En todo ese devenir de la vida y la economía, el precio del bocadillo ese seguía inalterable, sin pasar los G. 500 en su presentación más pequeña. Obviamente que esto no iba a ser eterno y actualmente dicha presentación sufrió una terrible variación para situarse entre G. 600 y 700.

Aún así, resultaba todo un misterio del universo entender cómo durante tanto tiempo, a pesar de las subas contínuas de insumos, seguía manteniendo ese irrisorio costo.

Un misterio casi tan insondable como los cálculos que realizan desdesde el Banco Central del Paraguay cuando dan los números de la inflación de cada mes.

Si dio bastante risa y la boca quedó como un cero a causa del asombro cuando el BCP informó que la inflación de agosto fue de cero.

En su “explicación”, señalaba que hubo comportamientos mixtos dentro de la dinámica económica de dicho mes. Es decir, algunos bienes bajaron y otros subieron.

Según el informe, bajó el precio de la carne en el octavo mes del año. Para mí la única vez que baja la carne, las verduras, las frutas y otras cosas, es cuando bajo sobre la mesa o en el piso la bolsa de las compras.

En su extraña dinámica de cálculo, el BCP señalaba que otros productos, como los combustibles subieron. Tomando en cuenta los cálculos de la banca matriz, más o menos un sube y baja de cualquier parque o plaza .

Claro que en su cero pasaron por alto que lo que supuestamente bajó los meses anteriores ya había tenido su incremento no solo una vez, sino por lo menos dos veces.

¿Recuerdan lo que costaba comprar una plancha de huevo? ¿O cómo nos poníamos rojos de la rabia cuando el tomate subía, subía y subía? O de cómo el constante incremento del combustible nos hace pensar seriamente en Los Picapiedras.

Como dije más arriba, mis relaciones con las matemáticas no fueron las mejores. Pero pareciera ser que a los muchachos o chicas que realizan los cálculos inflacionarios tampoco les va muy bien en dichas lides numéricas, ponele.

Al ver que la cifra de agosto fue un feroz cero y el índice interanual estuvo en 1,8% me pregunto si sus cálculos lo realizan con ábaco o lápiz y papel en un cuaderno de 20 hojas. También podría ser con una calculadora comprada en el micro o en escritura cuneiforme.

Eso sí, los ciudadanos coincidimos con los técnicos del BCP en la ardua tarea de calcular. Solo que nosotros no vamos viendo el porcentaje inflacionario, para nada.

Nuestra tarea mensual, semanal, diaria, nos lleva a mirar atentamente donde encontramos ofertas y descuentos para evitar la inanición de nuestra economía hogareña.

Quizás el equipo técnico del banco central conozca la verdad del porqué el cosito amarillo no sube de precio y esa es la fórmula que aplican. De algo estamos seguros, si algún día quedan fuera de sus oficinas, como maquilladores tienen excelente futuro.

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