Aplazados, como diríamos antes, los casi 91 países que participaron este año de los exámenes PISA, ya que hubo desmejoramiento general, tanto en países ricos como pobres. PISA es un programa de evaluación internacional de los estudiantes, su meta es dar un informe anual global sobre desarrollo de capacidades, conocimientos y habilidades de estudiantes de quince años en tres áreas consideradas esenciales: Lectura, matemáticas y ciencias. Este megaexamen es organizado por una organización que se interesa en el desarrollo económico, la OCDE, la cual nació en 1961 como sucesora de la Organización Europea de Cooperación Económica (OECE). Este año participaron más de 760.000 estudiantes de 91 países.
Los asiáticos arrasaron con los mayores puntajes globales, se destacaron Singapur, Japón y Corea del Sur. En Europa estuvieron por encima de la media: Estonia, Reino Unido, Finlandia, Irlanda, en América, Canadá. En Latinoamérica se destacan por mejores resultados generales Uruguay y Chile, aunque ambos desmejoraron en comprensión lectora. No se someten luego a las pruebas regímenes como Cuba, Nicaragua y Venezuela. El resto se alinea, digamos así, porque hay que entender que este informe es una especie de credencial laboral global.
Paraguay cayó 21 puntos en comprensión lectora en relación al examen anterior que fue en 2022. Casi 8 de cada 10 alumnos no alcanzan el nivel básico. En ciencias retrocedió 13 puntos y en matemáticas mantuvo los niveles bajos, 9 de cada 10 estudiantes no logran luego resolver problemas básicos. Aunque sea sesgado y existen variables que tenemos que considerar en cada caso, no da gusto ir tan coleros en este tema.
Toda esta semana se estuvo analizando desde varias aristas el problema y sus posibles causas. Se habla de uso excesivo de pantallas para fines recreativos, lo que quita capacidad de concentración, la cada vez mayor dependencia a la inteligencia artificial (IA), ya no como útil herramienta de apoyo escolar, sino como automatizador de tareas que pierden significado al no tener asociadas un esfuerzo cognitivo. Se señaló además que hasta hoy se arrastran secuelas de la pandemia que retrasó a los chicos que hoy rinden las pruebas, y que hay ausentismo en las escuelas.
No faltaron los que apuntaron que no se desarrolla el pensamiento crítico en el sistema y que esto estaría relacionado a la memorización, lo cual es un cliché que no condice con la realidad de los mejores resultados obtenidos por los asiáticos, los cuales sí que recurren a la memorización. Es más bien lo contrario, el poco uso de la memoria está relacionado al déficit de atención.
Por supuesto, el pensamiento es difícil de desarrollar cuando se recargan materias en el currículum, pero se eliminan contenidos que sí ayudan a pensar y resolver problemas, como son filosofía, lógica e historia.
Se habla también de una relajación en los niveles de exigencia pedagógica y de rigor académico.
Los padres apuntan a los docentes poco calificados, los docentes a los padres distraídos y sobreprotectores, ambos al Estado que los asfixia con burocracia, sin oír ni respetar a la comunidad educativa, el Estado pide a los ciudadanos más presupuesto, como siempre. Lo cierto es que ha servido para poner de moda el tema educativo, no sé si para revisarlo en profundidad.
Recordando al estimado y sabio educador recientemente fallecido, Padre Jesús Montero Tirado, “la educación paraguaya necesita cambios sustanciales, no basta un parche”, pero la transformación de la que tanto se habla no puede venir desde parámetros meramente economicistas o globalistas tiene que apuntarse a la integralidad de la persona y a todos los elementos del sistema educativo, para lo cual se necesita contar con un diagnóstico realista desde y para la comunidad educativa. Desintegrados, los padres, docentes y estudiantes quedan a merced del viento norte y de los antojadizos humores de los gobernantes de turno. Hay que devolverle el alma a la educación. Pero ¿cuáles son los espacios que se conforman concretamente para ello?
La recomposición de la comunidad educativa local como protagonista es nuestro primer talón de Aquiles.