Año tras año escuchamos de la necesidad de ordenar las cuentas públicas, contener el gasto y recuperar el equilibrio fiscal, pero todo ese discurso se invalida cuando llegan los objetivos políticos y hay que abrir la canilla.
El reclamo salarial de los médicos tiene sus fundamentos y no corresponde ponerlo en discusión desde una mirada exclusivamente fiscal. También es cierto que las medidas de presión generan costos para la economía, sobre todo cuando afectan la prestación de servicios y el funcionamiento normal de distintas actividades.
Lo que merece atención es la respuesta que está dando el Gobierno frente a estos reclamos y el momento en que se producen las decisiones, algo que más de uno ya advertía meses atrás.
Ahora se suma el pedido de aumento de los docentes y se concedió un ajuste de 5%, todo esto en ausencia del ministro de Economía. Una salida que puede aliviar una presión inmediata, pero que traslada el compromiso a los presupuestos futuros, en un momento en que las cuentas públicas todavía necesitan correcciones importantes.
La menor recaudación en guaraníes, asociada a la apreciación de la moneda local hizo que los ingresos fueran inferiores a lo esperado. Al mismo tiempo, la estimación del déficit fiscal para este año pasó a ubicarse en torno al 3,5% del PIB, bastante por encima del 1,5% previsto inicialmente.
Hasta ahora, el déficit acumulado alcanza G. 6,9 billones, equivalente al 1,7% del PIB. Si el resultado fiscal termina en 3,5% del PIB, el déficit acumulado al cierre del año se ubicaría en torno a G. 14,2 billones; es decir, podría más que duplicarse respecto del nivel registrado hasta ahora.
Para 2027 tampoco aparece un escenario de corrección. La proyección apunta a un déficit de 3,9% del PIB, con un presupuesto de G. 166,3 billones. La cifra es considerable, pero obliga a mirar cuánto cuesta mantener la estructura actual del Estado y cuánto de ese presupuesto queda realmente disponible para inversión, algo que a estas alturas parece avaricia.
Durante años, una parte importante de la discusión fiscal se concentró en cómo conseguir recursos para financiar infraestructura y otras inversiones que puedan generar retorno económico y social. Endeudarse para invertir tiene una lógica distinta a endeudarse para cubrir de manera permanente gastos corrientes.
Pero cada año una porción mayor de los ingresos debe destinarse a salarios, funcionamiento, transferencias y otras obligaciones permanentes, queda menos espacio para inversión. También hay que revisar cuánto cuesta el Estado, dónde se generan los atrasos, por qué se acumulan y qué gastos pueden sostenerse de manera permanente con los ingresos disponibles.
Los atrasos con proveedores es el resultado de cuentas que se van acumulando hasta convertirse en una obligación difícil de manejar. Si no se corrigen las causas que los generan, volverán a aparecer, independientemente de quién esté al frente del Ministerio de Economía o del Gobierno.
Desde mi óptica estamos muy lejos de ser ordenados. La canilla se sigue abriendo para resolver una presión de hoy. Pero si los ingresos no alcanzan para sostener lo que se compromete, alguien tendrá que pagar la cuenta mañana.