20 sept 2026

El Estado clientelar se volvió populista

Durante décadas el mayor obstáculo para el desarrollo del Paraguay fue el tener un Estado capturado por el clientelismo político. La base de apoyo del Partido Colorado históricamente ha sido la concesión de cargos y beneficios a los empleados públicos y los contratos y compras a las empresas proveedoras del Estado.

Hasta el año 2000 teníamos un Estado clientelar e ineficiente, pero relativamente previsible: Repartía privilegios y beneficios entre grupos organizados. En el año 2003, la ola populista que había llegado a toda América Latina –Chávez en Venezuela, Lula en Brasil y Kirchner en Argentina– llegó al Paraguay con Nicanor Duarte Frutos.

Las primeras medidas populistas comenzaron en Itaipú en el año 2003, cuando Lula y Nicanor cambiaron la Misión de la Usina, agregando el concepto de Responsabilidad Social, un criterio que no figura en el tratado binacional firmado en el año 1973.

En el año 2004 los gastos sociales en Itaipú fueron de 6,8 millones de dólares y a partir de ahí solo fue creciendo, llegando a 62,8 millones de dólares en el 2008 y a 1.213,9 millones de dólares en el 2025. Un gasto totalmente discrecional y fuera de los presupuestos nacionales, tanto del Brasil como del Paraguay.

En nuestro país en el año 2005, Nicanor creó Tekoporã el primer programa de transferencia monetaria dirigido a 14 mil familias en situación de pobreza. Este programa también fue ampliándose a 100 mil familias con Lugo y hoy con Peña a 195.680 familias y con un presupuesto de 90 millones de dólares. En el año 2008 se creó el programa de pensión alimentaria para adultos mayores en situación de pobreza. En el 2010 comenzaron las transferencias llegando a 870 personas, número que fue incrementándose hasta llegar a 190.000 en el 2018 y se espera que en este año llegue a 376.000 adultos y con un presupuesto de 500 millones de dólares.

Desde su asunción al poder, Peña aumentó el presupuesto de todos los programas sociales y creó el Programa Hambre Cero que lleva alimentación a todos los niños de las escuelas públicas. Un programa absolutamente loable, pero que tiene un presupuesto de 500 millones de dólares y sin financiamiento asegurado.

Hoy el Estado paraguayo se transformó y sin abandonar el clientelismo le agregó una nueva capa: El populismo. Y esa combinación es mucho más costosa y peligrosa para las finanzas públicas. El clientelismo distribuye beneficios a grupos específicos y el populismo promete beneficios para todos, aunque el Estado no tenga los recursos para financiarlos.

Cuando ambos conviven el resultado es una presión permanente para aumentar el gasto público, sin la misma preocupación por ver cómo va a pagarse la cuenta, originando un déficit insostenible en el presupuesto

El presupuesto presentado por el Ejecutivo al Congreso para el año 2027 tiene un mérito: Comienza a mostrar las deudas que estuvieron escondidas, es un presupuesto que dice la verdad.

Pero decir la verdad no basta cuando el tamaño de las obligaciones crece más rápido que la capacidad del Estado para financiarlas. Desde el año 2003 los gastos salariales crecieron 825% (nominal) y los gastos sociales crecieron 1.430%(nominal) mientras que el PIB creció solamente el 680% (nominal). Ante esta situación la pregunta que tenemos que hacernos ya no es cuánto queremos gastar, sino qué Estado queremos tener.

La verdadera reforma que el Estado paraguayo necesita, no consiste solamente en reducir gastos, sino en romper este sistema político basado en el clientelismo y ahora también en el populismo.

Necesitamos un Estado que deje de ser una agencia de distribución de favores y se concentre en sus funciones esenciales: Dar a la ciudadanía seguridad, salud, educación, justicia e infraestructura.

Ese es el cambio institucional más importante que necesita el Paraguay.

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