13 jun. 2024

Paraguay, un país generoso

El ranking 2023 de la generosidad global, elaborado por Charities Aid Foundation (CAF), que opera en Reino Unido, EEUU y Canadá, midió los niveles de generosidad de 142 países del globo, entre los cuales Paraguay se encuentran en la posición 48.

Un buen puntaje que lo posiciona, además, como el número uno de América del Sur, por lejos de sus gigantes vecinos Brasil y Argentina, según publicó recientemente en su portal ÚH.

El sondeo considera variables como la ayuda a un extraño o alguien que no conocía y que necesitaba ayuda; el dinero donado a una organización benéfica y si se ofreció tiempo como voluntario para una organización.

Un dato aparentemente sin importancia, podríamos pensar, teniendo en cuenta los diversos problemas estructurales y de gestión existentes en nuestro país, además de dramas como la violencia y el odio en sus diferentes formas que hieren diariamente a la sociedad.

Sin embargo, no se trata de un dato menor. La solidaridad, la generosidad, son verdaderos tesoros en la dinámica social de una nación; y en este caso, una riqueza cultural del Paraguay que no solo debe conservarse y protegerse, sino también alentar y potenciar su existencia.

La indiferencia y el individualismo que cada vez más marcan nuestras vidas y comportamientos, incluso de manera automática e inconsciente, son factores que empobrecen a una sociedad y bloquean exigencias propias de la naturaleza humana, como es el compartir y dar la mano a quien requiere auxilio.

Pero a nivel social la generosidad como variable vigente en el comportamiento colectivo o comunitario, implica la forma de mirar y relacionarse del individuo con su entorno, con los demás. Significa que en la dinámica de convivencia con la realidad hay una puerta entreabierta al reconocimiento del “otro”, no como un bloque de piedra inerte o parte del mudo paisaje, un potencial enemigo o simple competidor, sino como sujeto-semejante, uno con la necesidad igual a la mía, con ropaje distinto pero no satisfecha. En definitiva, se trata la posibilidad –leve, superficial o profunda– de dejarnos interpelar por la existencia del “tú”.

Y esto, a la postre, responde a una necesidad estructural que tenemos como personas: Somos relación, necesitamos del otro para crecer, aprender, crear, desafiar y entrar en acción; en síntesis, conocernos.

La generosidad no es una debilidad ni fruto de la ignorancia, como algunos lo quieren plantear, poniendo como ideal contrapuesto un modelo de hombre moderno que no se deja “tocar” por nada, autónomo y autosuficiente, que deja todo en manos de la sociedad perfecta. Tampoco significa sustituir el rol del Estado o suplantar responsabilidades.

Por ello esta cualidad debe ser objeto de educación. Pues, se requerirá comprender y aprender su verdadero valor y alcance para que no sea sólo una etapa de la vida, una moda momentánea o resultado de la emotividad pasajera.

El desafío es encontrar el auténtico motivo del que nace y puede alimentarse; un hecho, una persona, un ideal, un rostro; para que así ella no se apague o termine como simple estructura burocrática.

Miles de iniciativas en nuestro país y en el mundo son posibles y capaces de responder a urgencias de millones de personas mediante esta acción desinteresada, que marca un rostro humano en medio de tanta violencia y odio en el planeta.

La generosidad y la atención al otro serán siempre características que humanizan y construyen una nación. Su práctica –con bases en nuestra cultura popular, donde el compartir siempre ha sido una característica– encuentra en la familia su primer sostén.

Mientras tengamos capacidad de mirar al “extraño” y sintonizar con sus carencias, que de alguna manera también son las nuestras, tendremos la esperanza de un Paraguay humano y solidario.

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