En el pasado, la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) era un gesto voluntario de los dueños y gerentes que estaban convencidos de que las empresas tenían un papel en el desarrollo de la sociedad. Eran deseos de “devolver” lo recibido, de mostrar gratitud y compromiso con el entorno. Quienes así actuaban se destacaban por su conducta y eran admirados por algunos, aunque otros lo consideraban una pérdida de tiempo, un gasto sin sentido o una moda pasajera que solo incrementaba los costos. Esa visión filantrópica y voluntaria fue evolucionando de la mano de los cambios sociales hacia un nuevo paradigma: la sostenibilidad como estrategia obligatoria para sobrevivir y crecer.
Hoy en día, los conceptos y herramientas de sostenibilidad se convirtieron en la manera en que las empresas aseguran su permanencia y relevancia en un mundo que exige responsabilidad. Está muy claro que, como dijo Byung-Chul Han: “No se puede progresar en una sociedad fracasada”. Si las empresas no ayudan a construir sociedades sólidas, inclusivas y sostenibles, tarde o temprano esto afectará su propia supervivencia.
Invertir tiempo y dinero en sostenibilidad, liderazgo ético, compliance, talento humano o alianzas estratégicas no es un gasto: es la mejor inversión para el futuro. Las compañías que lo entienden no solo prosperan económicamente, sino que se convierten en motores de progreso social y ambiental, generando dinamismo en las economías y abriendo oportunidades para nuevos emprendimientos.
¿RSE O SOSTENIBILIDAD?
Con RSE las acciones eran puntuales: donaciones, programas comunitarios o apoyo a causas sociales. Eran un complemento, no estaban integradas en la gestión de las empresas. La sostenibilidad, en cambio, está incorporada al modelo de negocios. Ya no se trata de hacer el bien como algo extra, sino de garantizar que la empresa pueda operar en un mundo cada vez más regulado, con recursos escasos y clientes exigentes. Las empresas que adoptan estas metodologías ayudan a ciudadanos cada vez más conscientes a cumplir misiones de vida, como el cuidado del medioambiente, la protección de animales o la alimentación saludable. Basta ver las descripciones de los productos para notar los aspectos que hoy son imprescindibles: “Sin azúcares agregados”, “No testeo en animales”, “envases reciclados y reciclables”.
El 3 y 4 de junio, en el XVII Congreso de RSE y Sustentabilidad de la ADEC, referentes, expertos y gestores intercambiaron experiencias con una visión clara: la sostenibilidad dejó de ser una opción y se transformó en un camino inevitable.
Las empresas que quieran sobrevivir y crecer deben asumir su rol como agentes de cambio. No basta con producir y vender. La invitación es a invertir, innovar y comprometerse, porque solo así lograremos sociedades capaces de progresar. Y en sociedades que progresan, las empresas también prosperan.