14 sept 2026

Somos una obra maravillosa de Dios

Hoy meditamos el Evangelio según san Mateo 13, 54-58.

Jesús vuelve a su ciudad, a Nazaret. El lugar de su infancia y juventud. Donde aprendió de José el oficio de artesano.

Es también el lugar de la fe, la casa de María y de José...

Y es también el lugar de la incredulidad. Jesús vuelve a su ciudad y se encuentra con unos hombres y mujeres que no abren la puerta a su obra redentora, porque se quedan clavados en una mirada estrecha, pequeña, limitada. Incapaces de ver en Jesús al Hijo de Dios.

El pueblo reconoce asombrado los prodigios de Jesús. “¿De dónde le viene a este esa sabiduría y esos poderes?”, se pregunta con admiración. Pero, a la vez, encuadran a Jesús en su estrecho y pobre esquema, en su visión horizontal de la vida: es el hijo de José y de María, uno de los nuestros, uno más.

No quieren ver en Jesús al Hijo de Dios, al profeta que habla en nombre de Dios.

En cierto modo, también nos puede pasar lo mismo al mirar nuestra vida. Para llegar a ser nosotros mismos debemos descubrir en nuestra dimensión horizontal, en nuestra vida diaria, nuestra verdadera identidad: somos hijos de Dios, llamados a hablar en nombre de Dios.

Nuestras relaciones familiares, nuestro trabajo, nuestras cualidades y talentos, nuestras amistades, nuestra historia, no bastan para explicar quiénes somos. Necesitamos entrar en una dimensión vertical. Vivir en este mundo como lo que realmente somos: hijos de Dios.

En nuestra familia, en nuestros trabajos y quehaceres cotidianos, en nuestras amistades, allí donde vivimos, somos hijos de Dios, hablamos en nombre de Dios, llenamos todo del nombre de Dios, hacemos presente la mirada y la voz de Jesucristo.

Somos más de lo que se ve a simple vista. Somos una obra maravillosa de Dios...

(Frases extractadas de https://opusdei.org/es/gospel/2026-07-31/)

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