Opinión

Las 4 C de la política norteamericana

Alberto Acosta Garbarino Por Alberto Acosta Garbarino

La semana pasada nuestro mundo político y económico fue conmocionado por la declaración del Gobierno de los Estados Unidos acusando al ex presidente Cartes de participar en actos de corrupción significativos.

Este hecho, si bien esperado por muchos desde hace tiempo, ha sorprendido a todos y ha generado un verdadero terremoto político en nuestro país. Por encima de estar a favor o en contra de esta declaración, la misma es, sin dudas, una clara intervención norteamericana en los asuntos internos de nuestro país.

Pero este hecho no debe sorprendernos. Estados Unidos es y ha sido desde su independencia hasta nuestros días un país imperial que ha intervenido permanentemente, en forma directa o encubierta, en conflictos ocurridos en diferentes países del mundo.

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En forma directa ha participado en dos guerras mundiales en Europa, en la guerra de Corea y Vietnam en el Asia y en numerosas intervenciones militares en América Latina.

En forma indirecta ha participado en varios golpes de Estado, siendo el más recordado el accionar de la CIA en 1973 en Chile, que culminó con la caída de Salvador Allende.

La intervención militar en 1989 en Panamá para derrocar al general Noriega y llevarlo a Estados Unidos, fue la “última” intervención militar directa, pero fue la “primera” intervención que tenía como motivo…la lucha contra las drogas.

En el 2001 con el ataque a las Torres Gemelas por parte del grupo terrorista Al Qaeda, los Estados Unidos ampliaron su enfoque estratégico, uniendo el combate al narcotráfico con el combate al terrorismo. Los expertos en seguridad afirman que cada vez más se constatan convergencias entre los intereses de los grupos terroristas con los del crimen organizado.

Para enfrentar estos flagelos, un frente de combate ha sido la prevención del lavado de dinero, para lo cual por iniciativa de los Estados Unidos fue creado Gafilat, se ha presionado a los países a promulgar leyes de combate al lavado de dinero y se los ha obligado a pasar por exámenes que los colocaban en las diferentes listas de cooperación.

Hoy, al narcotráfico y al terrorismo que son flagelos que sufren los Estados Unidos, se les ha sumado el desafío geopolítico mundial que representa China, una potencia económica que claramente le está compitiendo por la supremacía en el mundo.

En base a esta realidad, la política exterior norteamericana puede definirse con 4 palabras que comienzan todas con la letra “C”, China, Corrupción, Cooperación y Comercio.

Por eso hace unos años, en oportunidad de su visita al Paraguay, Mike Pompeo, secretario de Estado de Trump, nos dijo claramente que no debemos tener relación con China y sí mantenerla con Taiwán.

Por eso la “cooperación” con la donación de millones de vacunas contra el Covid; por eso pasamos el examen de Gafilat, donde hubo mucho apoyo norteamericano; y por eso estamos a un paso de que nos abran su mercado para la exportación de carne.

Pero también, por eso no debe sorprendernos que en la lucha contra la corrupción haya comenzado un proceso que sacudirá a una gran parte de nuestra clase política, donde ha hecho metástasis la corrupción.

En Panamá tuvieron que realizar una invasión militar para llevarle a Noriega a Estados Unidos, hoy con una ley como la mencionada por el actual secretario de Estado, Antony J. Blinken, pueden intervenir en el mundo entero.

Tal como lo dijo el embajador norteamericano: “Esta no será nuestra última designación en Paraguay”, por lo que el proceso recién ha comenzado y se viene un verdadero terremoto político.

Parafraseando a mi amigo Manuel Ferreira, “se viene un 3 de febrero” para una clase política y para cualquier ámbito de la sociedad que esté vinculado a la corrupción, al narcotráfico y al terrorismo.

Esperemos que esta intervención contribuya al nacimiento de una nueva etapa en nuestra democracia, y de una nueva y mejor clase de dirigentes, sobre todo moralmente.

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