Semanas antes de sus declaraciones sobre Stroessner, José Duarte Penayo escribió un artículo en este diario. Proponía que nuestro sistema educativo debía pensar una nueva paideia; es decir, un modelo de educación que apuntará a una formación integral, es decir, que no sea mero recetario instrumental y evaluativo, sino un proyecto identitario que apunte a la creación de un nuevo paraguayo. Culminaba su texto con estas palabras: “[…] la paideia, actualizada sin nostalgia y sin simplificaciones, puede volver a ser un faro exigente para una educación que quiera servir al desarrollo con identidad, a la competencia con comunidad y a la soberanía con memoria”. Si, leyó bien: La soberanía con memoria…
Y luego sobrevinieron las apreciaciones de Duarte Penayo sobre la dictadura stronista que por cierto eran de esperarse. Su acercamiento al movimiento Honor Colorado fue creciendo en proporción geométrica, así como a los puestos que fue obteniendo en el gobierno actual. La Presidencia de la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (Aneaes) es solamente un peldaño. Su aspiración a cargos de poder más elevado son evidentes, sus poses y discursos lo delatan. Y, claro, es totalmente legítima tal aspiración en alguien que se ha formado para eso. Entonces, ¿se ha visto alguna vez el ascenso dentro de la estructura de poder del Partido Colorado a alguien que sea antistronista? Si los hay, son contados con los dedos de una mano y lograron posicionarse sin hacer aspavientos de su antipatía al dictador. En general, hay que mostrar una cierta simpatía a Stroessner y su gobierno para lograr la bendición del partido.
Honor Colorado es un movimiento con prácticas stronistas dentro de un partido político esencialmente stronista. La ANR nunca renegó de haber sido el sostén de tamaña dictadura y de todas las consecuencias estructurales que significó para el Paraguay. En síntesis, lo que dijo Duarte Penayo le dio varios puntos a su favor dentro de la cúpula que dirige su partido. El precio es quizá un poco de vergüenza mediática, y algún que otro abucheo en las redes, pero pueden estar tranquilos que el gobierno lo mantendrá en su cargo y desde ahora lo verá con otros ojos. Como la polémica sobre el stronismo fue desatada, las redes sociales lo volvieron tendencia. Más allá de los famosos perfiles falsos, una gran mayoría escribió apoyando a la dictadura y haciendo hurras al general.
¿Sorpresa? Pues no. No es casualidad que una inmensa mayoría añore, festeje y reivindique una dictadura asesina como la de Stroessner, que convirtió la corrupción en una práctica institucional, que vendió nuestros recursos al mejor postor para beneficio de una rosca, que ensanchó la desigualdad social y trajo ruina espiritual y material a los paraguayos; esta reacción es fruto de un sistema educativo que tiene un norte específico; crear analfabetos funcionales, personas que alaban a dictadores y que están siempre dispuestas a obedecer al poderoso de turno. Ya vimos hace poco aquel video en el que unos egresados del bachillerato se ufanan del gran vacío de conocimientos con que egresaron; además de matemáticas y castellano, nuestra historia seguro es un misterio para ellos.
La memoria histórica es fruto de un trabajo político y educativo, es un programa que construye sujetos con una moral específica. Aquellos jóvenes que viralizaron su ignorancia en las redes, son el fruto perfecto de un sistema educativo que por décadas nos quiere de esa manera.
Que Duarte Penayo crea en sus declaraciones no nos sorprende, que diga que no pedirá disculpas tampoco. Lo que no puede pedirnos es que le creamos que desea una nueva paideia para el Paraguay, porque si eso llegase a concretarse tendríamos una ciudadanía y no borregos que van a votar. Eso sería una revolución educativa, y jamás el Partido Colorado permitirá un cambio tan profundo en las mentes de los estudiantes paraguayos. La “soberanía con memoria” es un cuento dentro de esta tragedia mayor que es este Paraguay atrapado por la iniquidad de sus hijos.