30 may. 2024

La inflación y su impacto

La economía de Paraguay, en la macro, se muestra bastante sólida y estable, pero en la micro está lidiando con un problema creciente: la inflación. ¿Qué significa realmente esto para la gente común, especialmente para aquellos con ingresos modestos? Dejemos de lado los términos muy técnicos por un momento y hablemos claro sobre algo que está afectando directamente a los bolsillos de muchos paraguayos: el aumento en los precios de los alimentos, en particular, la suba de las frutas y verduras.

Según los datos del Banco Central del Paraguay (BCP), entre octubre de 2023 y abril de 2024, el costo de estos productos se ha disparado en un 52%. Para ponerlo en perspectiva, imaginemos entrar a la despensa y encontrarnos con que el precio de las zanahorias ha aumentado un 104%, o que el tomate está un 82% más caro. Estas cifras son reales y más que simples números; representan una carga financiera considerable, especialmente para aquellos que ya están ajustados de presupuesto, que son los ciudadanos de menores ingresos en el país.

La inflación no es solo un término complejo que aparece en informes económicos; es una realidad que impacta directamente en nuestra vida. Determina qué tan lejos pueden llegar nuestros ingresos y cuánto podemos ahorrar. Es el aumento en la cuenta del supermercado que aprieta aún más el cinturón de muchas familias paraguayas.

Es crucial comprender que la inflación no golpea a todos por igual. Aquellos con mayores ingresos pueden soportar estos aumentos de precios con relativa facilidad. Pero para aquellos en la parte inferior de la escala económica, cada guaraní extra en el costo de los alimentos es una carga más pesada de llevar. Para ellos, cada aumento en el precio del tomate no es solo un número en un informe; es la diferencia entre una comida adecuada y una mesa medio vacía.

Entonces, ¿cómo enfrentamos este problema? Necesitamos que nuestras autoridades no solo se centren en la inflación total, sino que se ocupen en la afectación a diferentes sectores de la sociedad. Necesitamos políticas que protejan a los más vulnerables y que garanticen que todos tengan acceso a alimentos nutritivos y asequibles, independientemente de sus ingresos. Necesitamos garantizar niveles y una calidad de producción para evitar vaivenes de precios que, literalmente, van dejando vacíos los platos de aquellos que más sufren por hambre.

El mensaje no va contra el Banco Central, que aplica una metodología para generar el dato del índice de precios al consumidor, el cual finalmente es un promedio general que no representa la canasta de nadie en particular. Como ciudadanos, debemos educarnos para leer las cifras de inflación y saber cómo afecta nuestras vidas diarias. Desde tomar decisiones de compra más informadas hasta involucrarnos en el debate público sobre políticas económicas, cada uno de nosotros puede contribuir de forma activa a construir un futuro más equitativo.

En última instancia, es de resaltar que la inflación no es solo un problema económico; es un problema humano. Detrás de cada punto porcentual de aumento en los precios, hay historias de lucha y resistencia. Es hora de reconocer la realidad detrás de los números y trabajar juntos para construir un futuro donde nadie tenga que elegir entre alimentarse adecuadamente o pagar otras de sus necesidades básicas.

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