El indicador mensual de actividad económica (IMAEP), publicado por el BCP, indica que la economía sigue con un buen desempeño. Según este indicador, la economía está creciendo a un ritmo del 5,1% anual, en el primer cuatrimestre del año. Este desempeño es a pesar del volátil entorno internacional, de la minicrisis en las finanzas públicas que afecta al sector construcción y la industria farmacéutica y de la importante apreciación del tipo de cambio real que impacta fuertemente a la competitividad del sector exportador y de la producción que compite con importaciones.
El contexto internacional sigue desafiante e incierto. Las negociaciones de paz en el medio oriente están empantanadas, con idas y vueltas que generan una alta volatilidad del precio del petróleo, que está fluctuando alrededor de los USD 95 por barril en las últimas semanas. El aumento de precio se ha acotado en estos niveles a pesar de la reducción importante de la oferta originada en el Golfo Pérsico, gracias a la liberación coordinada de la reserva estratégica de los países que la tienen, como China, EEUU, Japón y la Unión Europea. La expectativa prevaleciente es que se logre un acuerdo entre EEUU e Irán a corto plazo. Sin embargo, en este mejor escenario, la reducción del precio del petróleo hacia los valores previos a la guerra sería muy gradual en los próximos meses.
El impacto del aumento del precio del petróleo ha sido más importante en la inflación que en la actividad económica en todo el mundo. En EEUU, los precios al consumidor tuvieron un pico de incremento del 4,2% anual en mayo, pero la actividad económica y la creación de empleos siguen fuertes. Por ello, lo más probable es que las tasas de interés permanezcan sin variación por el resto del año o incluso podrían subir, antes que seguir bajando, como se esperaba hasta hace unas semanas. Por todo ello, el valor internacional del dólar ha parado su caída, se recuperó levemente en los últimos meses y es probable que se mantenga más estable el resto del año. Esto es muy relevante para nuestro país.
A nivel local, la cosecha récord de soja es un factor que impulsa al PIB y mitiga el impacto de la caída en la faena de frigoríficos, debido a la escasez de ganado, luego de un récord de faena de exportación el año pasado. El aumento de precios de exportación de carne compensó, en parte, la caída de volumen. El desafío es que el sector siga invirtiendo para aumentar el hato ganadero y la productividad, en un entorno de caída del tipo de cambio real que reduce los márgenes del sector. Lo mismo ocurre con la producción y exportación de otros tipos de carne, como la porcina y la aviar, que están desarrollando nuevos mercados de exportación.
Por otro lado, el crédito bancario, si bien en guaraníes se ha desacelerado por las altas tasas, a excepción del crédito de consumo que sigue creciendo a un ritmo del 20% anual; en dólares se ha acelerado desde el segundo semestre del año pasado. Así, el crédito mantiene un fuerte impulso al consumo y a la inversión interna, principalmente la construcción privada y el desarrollo inmobiliario. Sin embargo, particularmente el crecimiento del crédito de consumo debiera moderarse en los próximos meses para minimizar el típico sobreendeudamiento de amplios segmentos de la población que resulta de este tipo de ciclos de endeudamiento.
La economía sigue creciendo, convergiendo gradualmente a su ritmo potencial. Este año el crecimiento del PIB estaría en torno al 4,2% anual con una inflación de alrededor del 3,5%. Las presiones inflacionarias originadas en el aumento del precio del petróleo y de los precios de exportación de la carne, han sido mitigadas por una fuerte caída del 25% en la cotización del dólar. La mayor estabilidad internacional del dólar, combinada con una ampliación del déficit en las cuentas externas del país, han minimizado la presión bajista interna del dólar en las últimas semanas. Es probable que haya un cambio de tendencia en los próximos meses en el mercado de divisas, pero difícilmente una importante corrección en la cotización local del dólar, porque será contrarrestado por la política de intervención asimétrica del BCP, en el marco de la meta de inflación del 3,5%.