El anuncio por los medios es impresionante: con el megadatacenter Iguazú AI City Paraguay entra en la carrera mundial por la superinteligencia con un centro de datos de USD 12.000 millones, nada menos que en tres años.
Las tres etapas, para ubicarnos
Es un edificio de tres pisos, el primero avanza y los otros dos están en planos.
Fase 1, “prueba de concepto": Unos USD 300 millones, 6 MW, prevista para diciembre de 2026. Es el único tramo con fecha cercana. Su misión, según el Sr. Alejandro Zuccolillo, es probar que hay seguridad jurídica, que los contratos se cumplen y que la aduana, la conectividad y el equipo técnico funcionan.
Fase 2: Unos 130 MW y USD 5.500 millones, para el segundo trimestre de 2028. Llega solo si la Fase 1 sale bien y “el cliente” la aprueba.
Fase 3: Dimensión parecida, otros USD 5.500 millones, en 2029, con generadores privados. Acá aparece el “mayor centro de IA de Latinoamérica”.
Total: Unos 280 MW y los USD 12.000 millones del titular.
La Fase 1 es el 2,5% de esa plata. El 97,5% restante depende de que el primer piso aguante.
La plata que se va por aduana
USD 12.000 millones para 280 MW son unos USD 43 millones por megavatio. La obra, la energía y la refrigeración cuestan bastante menos. Según mis cálculos, dos tercios o más son chips y equipos que entran por aduana.
La tarifa que “sube” y no sube
Se habla de USD 45 por MWh que terminan “por encima de 70". Pero ese aumento es indexación: 2,5% anual o la inflación de EEUU, la mayor. En términos reales, el precio casi no se mueve.
Y tampoco es lo decisivo: la energía pesa entre 3% y 7% de los ingresos de un centro de IA (cálculo mío). Lo que importa es si el suministro es firme o interrumpible. Y ahí no hay holgura. Un cliente de IA sin corriente en pleno verano es un restaurante sin gas a la hora del almuerzo.
¿Y la geopolítica? ¿Es la llave o es el decorado?
Zuccolillo lo dijo sin vueltas: EEUU busca aliados para la “superinteligencia” y elegir Paraguay es “un mensaje muy fuerte”. Mi lectura es que la alineación es una llave que abre puertas, no una billetera ni un transformador.
Dónde sí pesa:
Chips. Las GPU salen de un sistema que regula Washington, y hay que distinguir entre aliados y clientes: los clientes acceden a chips y servicios bajo reglas fijadas por Washington. Ser un buen cliente reduce el riesgo de que alguien pregunte a mitad de camino adónde van esos equipos. Paraguay firmó en junio una declaración conjunta sobre oportunidades en IA en la cumbre Pax Silica, en Washington. Además, es el único aliado de Taiwán en Sudamérica, con respaldo de la administración Trump a ambos.
Financiamiento. La DFC es la banca de desarrollo del Gobierno estadounidense, y un aliado tiene mejor ventanilla que un desconocido. Pero “vinculado” no es “aprobado": Consenso no encontró a Araico en la base de BID Invest ni en el listado de proyectos DFC al 30 de setiembre.
Clientes. Los laboratorios de IA buscan energía fuera de casa porque allá crece el rechazo a los data centers: legisladores de 16 estados de EEUU evalúan prohibirlos o pausarlos. Paraguay tiene la energía. La alineación es el desempate que le da tranquilidad al cliente.
Dónde no pesa:
Los electrones. Ni la mejor amistad con Washington baja el pico de verano.
La firma de la ANDE. La ANDE sostiene que no existe tarifa para este consumo, y su presidente no respondió a consultas, que además recordó que la tarifa de Atome sigue sin resolverse. Un inversor mira cómo trata Paraguay a los inversores anteriores. Eso es seguridad jurídica, y no se compra con afinidad.
* Brasil. La energía de Itaipú y la ruta de fibra pasan por Brasil. En esa mesa, EEUU no se sienta.
* El calendario. La alineación es política de gobiernos, no un contrato. Un PPA de 15 años atraviesa cambios de administración en ambos países. Lo que protege la inversión son las cláusulas, no las simpatías.
Y hay un costo. Quien accede “bajo reglas de Washington” no escribe esas reglas. Es la vieja discusión de la colonia digital, con mejor trato.
Algo que se escucha mucho es “mire a Corea, Singapur y Taiwán, la historia se repite”. Samsung y TSMC nacieron de décadas de política industrial y transferencia tecnológica. Un data center es un inquilino, no una fábrica de chips. Foxconn podría instalar una planta de computadoras, pero aquí se condiciona a tener cliente asegurado. Hasta que haya papel firmado, es una promesa condicionada.
Ojo, no confundir: existe un segundo proyecto, Yguazú Digital, del Gobierno paraguayo con Taiwán: unos USD 200 millones y 10 MW, previstos para fines de 2027, con chips de Nvidia aportados por Taiwán. También menciona a la DFC. Son dos proyectos distintos, y a los dos los acompaña la misma pregunta: ¿dónde está el papel de la aprobación?
Mi lectura: la geopolítica sube la probabilidad de la Fase 1, porque ayuda con chips, financiamiento y cliente. Casi no mueve la probabilidad de las Fases 2 y 3, que dependen de megavatios firmes, fibra y contratos.
Los tres papeles
Los bancos no prestan por buenas intenciones. Prestan cuando ven tres papeles:
1. Un contrato firmado con la ANDE. Está “inminente” desde fines de setiembre.
2. Un cliente con contrato. Zuccolillo dice que ya está asegurado y menciona a Crusoe como cliente y aliado estratégico. Falta ver el papel: plazo, pago mínimo y quién respalda a ese cliente.
3. Una deuda con aprobación. BID Invest y DFC figuran como “vinculados”, pero no en sus registros públicos.
Mi conclusión. Ni elefante blanco ni la mayor inversión de la historia. Inicialmente es un proyecto chico bien encaminado, con una promesa gigante y con buenos amigos en Washington, que ayudan a que lleguen los chips y no a que llegue la corriente.
Dos fechas claves: diciembre 2026, cuando debería energizarse la Fase 1, y marzo 2027, cuando debería entrar el primer cliente que pague. Hasta entonces, mejor brindar con terere y no champaña. Mi voto porque verdaderamente se materialice el gran proyecto.