Abrupto final. La intensa semana terminó con la fractura total de Honor Colorado y el fin de una relación que empezó en el 2015 cuando el entonces presidente Horacio Cartes eligió a Santiago Peña (PLRA) como ministro de Hacienda. Lo moldeó para convertirlo en su candidato presidencial colocándole el pañuelo colorado en el 2016. A pesar de su derrota en el 2017, lo mantuvo como candidato y logró convertirlo en presidente de la República en el 2023. Como vicepresidente lo acompañó Pedro Alliana, a quien Cartes también digitó para encabezar la chapa presidencial 2028 por Honor Colorado.
La crisis del cartismo venía asándose hace tiempo y tomó estado público cuando la alianza Peña/Alliana decidió rebelarse ante la decisión de Cartes de imponer también a Juan Carlos Baruja como candidato a vicepresidente. Esto fue antes de las municipales. Hubo tregua, pero las negociaciones fracasaron con explosivos sucesos resumidos en tres días de furia.
El lunes 12, Cartes comunicó al presidente Peña el cambio de la chapa presidencial. Que descartaba a Alliana, posicionando a Baruja como candidato. Al día siguiente, el 13, en un encuentro fugaz, el empresario y presidente de la ANR le comunicó personalmente a Alliana que ya no era su candidato. Visiblemente nervioso, el vicepresidente tomó el pañuelo y ratificó su precandidatura cortando el último anillo de la cadena de oro a la que voluntariamente se sometieron por tres años, mientras disfrutaban de los negocios del Estado y la estabilidad que les daba el liderazgo de Cartes.
DEBÍ TIRAR MÁS FOTOS
Pero fue el miércoles 14 cuando detonó la bomba más impactante cuya onda expansiva está aún por verse. El encuentro entre los archienemigos Cartes y Mario Abdo Benítez, transmitiendo una tácita alianza en medio de la crisis oficialista. No hubo declaraciones oficiales. Solo una foto como prueba de una cumbre impensable hasta entonces. El precandidato de la disidencia, Arnoldo Wiens, comentó que el encuentro fue para hablar de la “falta de previsibilidad y los riesgos del sistema financiero”. Un mensaje teledirigido a Peña. Fue justamente un pedido de informes al BCP sobre las operaciones del banco ueno, la declaración de guerra total de parte del cartismo duro.
La crisis se vivió en una competencia de fotografías. Como era de esperarse, el grueso de la dirigencia se alineó con Peña, dueño de la lapicera del presupuesto público y los negocios del Estado. Los 15 gobernadores, quienes controlan Hambre Cero, que maneja un presupuesto anual de USD 500 millones, fueron los primeros soldados en manifestar su lealtad. Programa escolar que los convirtió en los nuevos virreyes de la política y que les da poder para disputar espacios a los viejos caudillos del Senado e incluso exigir el cupo de la vicepresidencia. Como punta de lanza del sector aparece César Sosa, quien lanzó una picante intimación a Alliana y a Peña al puntualizarles dónde reside el poder: “Los políticos ganan elecciones, los técnicos se alquilan”, en alusión a Marco Riquelme, candidato preferido de Peña.
Diputados y senadores que antes juraban la entrega de su vida al empresario cambiaron de vereda antes que el gallo cante 3 veces. Hubo una masiva salida del closet.
JAQUE MATE.
Si bien la política no es dos más dos, Peña le ganó la pulseada a HC, traicionado por casi todos sus hijos, convirtiéndose en un decadente Julio César tropical. Por ahora, como diría el filósofo criollo Blas N. Riquelme (+), el presidente de la República tiene el control del Congreso. El otrora poderoso quincho se vació de comensales. El jueves 15, Cartes posteaba un almuerzo con Bachi Núñez, Nicanor Duarte Frutos, los senadores Barrios y Leite, el ministro Baruja, Sergio Godoy y Eduardo González. “Conversamos sobre la realidad social y política del país”. Bachi se tomó el fin de semana para anunciar su salida.
Queda por saber qué camino tomará Baruja, a quien sorprendió el anuncio de su propia candidatura presidencial.
Por de pronto, Cartes sigue jugando callado. Sus allegados lanzan versiones sobre informes que pueden generar cataclismos y que cuando se sepa “todo caerá en pedazos”. Lo cual vaticina tiempos de inestabilidad.
DE TAL PALO, TAL ASTILLA
Cartes demostró que el poder del dinero puede comprar un país.
Agregó a su dudoso patrimonio a la ANR (que hoy preside), de la que fue presidente de la República, impuso otro presidente de la República. Mantuvo bajo su autoritario yugo y su poderosa billetera a los colorados y opositores indignos para consolidar su proyecto económico a costa de la institucionalidad. Gracias a la sumisión y corrupción fiscal y judicial, fue eliminando adversarios.
Pero la rebelión de sus hijos tampoco trae primaveras porque no rompe con el perverso modelo. Peña aprendió de su padre político que la acumulación económica equivale al control del poder. Su proyecto no implica más institucionalidad ni menor desigualdad. Al contrario, este Gobierno ha roto reglas que otros respetaron, como la escandalosa puerta giratoria. Tiene a su lado a sectores económicos y políticos sin escrúpulos para seguir acumulando riqueza y así mantener la captura del Estado. El poder político es la llave para acopiar dinero de manera meteórica, gracias a la información privilegiada, reglas flexibilizadas y árbitros sobornables.
Aunque haya bajado la espuma del tsunami, aún es tiempo de reconfiguración del poder. La secuencia de las fotos continuará dando noticias. El martes habrá reunión oficial entre Cartes y Mario Abdo y está por verse si estos gestos se convierten en un proyecto político común de cara al 2028.
La elección de la dupla de Alliana puede generar espasmos en el peñismo.
En la oposición, que siempre cae entrampada en la crisis colorada creyendo que ganará puntos, parece haber destellos de inteligencia. Algunos sostienen que la mejor manera de capitalizar este momento es no entrar a su guerra. Aunque hoy sea tiempo de traiciones y el escenario pinte el fin del mundo, los colorados siempre terminan unidos, como lo demostraron Cartes y Marito.