Esta semana se realizó en Bangkok, Tailandia, la reunión anual de gobernadores del Fondo Monetario Internacional (FMI), donde sus economistas presentaron sus Perspectivas para la Economía Mundial para los próximos dos años. Según ellos, la economía mundial sigue mostrando resiliencia, a pesar de la persistencia y el fuerte impacto de la guerra en el Medio Oriente sobre los precios del petróleo, así como de las crecientes tensiones comerciales entre las principales economías. Sin embargo, el desempeño ha sido desigual entre los distintos países dependiendo de su posición de exportador o importador de petróleo; de márgenes fiscales para medidas de mitigación y del grado de participación en la cadena de suministros de la inteligencia artificial.
El boom de grandes inversiones en el ecosistema de la inteligencia artificial (IA) está actuando como un shock positivo de demanda agregada en los países que están integrados a esta cadena, y generan un importante impulso a la actividad económica y el empleo, principalmente en EEUU, China, Taiwán, Corea del Sur y otros. Por otro lado, los países exportadores de petróleo, principalmente los más alejados del Golfo Pérsico, como Brasil, Colombia, EEUU, etc., se han beneficiado del aumento en los precios. Sin embargo, países importadores como los de la Unión Europea, Chile, Uruguay, Paraguay, Perú, gran parte de los países de Asia, Centroamérica y el Caribe, han sentido el golpe con la depreciación de sus monedas, presiones recesivas y aceleración de la inflación. Varios países han implementado medidas temporales de contención de precios de los combustibles para mitigar su impacto en los consumidores, dependiendo de la disponibilidad de márgenes fiscales suficientes. Sin embargo, en la medida en que persistan los altos precios del petróleo, será difícil sostenerlas por los costos fiscales que representan.
Por último, la propia directora gerente del FMI reclamó la implementación urgente de políticas de consolidación fiscal, en particular a los países desarrollados con déficits fiscales y niveles de deuda altos, para reducir las vulnerabilidades y evitar los aumentos en las tasas de interés de la deuda soberana, por sus efectos colaterales negativos sobre las economías emergentes y en desarrollo que enfrentan; en consecuencia, tasas de interés más elevadas para financiar las necesarias inversiones para sostener su crecimiento económico en los próximos años.
En este contexto, la economía paraguaya, que depende 100% de combustible importado, también se ha desacelerado, pero sigue teniendo un buen desempeño. El impacto macroeconómico del shock del precio del petróleo fue mitigado en parte por el aumento en los precios de exportación de la carne, la cosecha récord de soja y el crecimiento en las exportaciones de maquila y otros rubros no tradicionales.
Además, han ingresado ingentes capitales externos al país para financiar el abultado déficit fiscal y la expansión del consumo e inversión privados, más el ingreso de divisas por la Itaipú para pagar sus gastos sociales. Esto posibilitó al Gobierno provocar una fuerte apreciación del guaraní y contener el impacto de los precios del petróleo en la inflación de los precios al consumidor, al suspender el BCP la compra de divisas en el mercado. Si bien esta política es muy efectiva para bajar la inflación a corto plazo, si persiste en el tiempo, los costos irán creciendo rápidamente, debido a la reducción de actividad de sectores exportadores de valor agregado por falta de competitividad.
Finalmente, el aumento de las tasas de interés internacionales llega en un momento de creciente vulnerabilidad de las finanzas públicas del país. El fuerte aumento del gasto público en los últimos años ha incrementado el déficit estructural del Fisco, aumentando las necesidades de financiamiento incluso para solventar gastos corrientes en los próximos años. El financiamiento adicional más las renovaciones de deuda serán a costos crecientes, complicando aún más la dinámica de las finanzas públicas. Será necesario, a corto plazo, implementar un serio programa de ajustes y reformas para reencauzar el déficit y la deuda hacia una senda sostenible, y así mantener el valioso grado de inversión.