31 jul 2026

El auge del crédito también merece atención

En su declaración final, el Fondo Monetario Internacional dejó una advertencia que merece atención. Aunque consideró que el riesgo para el sistema financiero parece contenido, señaló que el rápido crecimiento del crédito de consumo justifica mantener una estrecha vigilancia. Agregó que las autoridades deberían estar preparadas para actuar si aparecieran señales de deterioro en los criterios para conceder préstamos.

El Fondo no dice que el crédito de consumo sea un problema en sí mismo tampoco cuestiona que más hogares accedan al financiamiento. Lo que advierte es que un crecimiento rápido y persistente del crédito ha precedido, en numerosos países, episodios de inestabilidad financiera. El objetivo no es evitar que las familias se endeuden, sino asegurar que lo hagan de manera sostenible.

La advertencia dio lugar a diversas interpretaciones, entre ellas que el aumento del crédito sería evidencia de un sobreendeudamiento de los hogares sin un crecimiento equivalente de sus ingresos. Sin embargo, esa no es la conclusión del Fondo.

Ante la polémica, el Banco Central del Paraguay explicó que el fenómeno responde, en buena medida a que más personas acceden al crédito formal –los usuarios pasaron de 1 millón a 2,3 millones–, la economía y el empleo crecieron, aumentó el uso de tarjetas impulsado por promociones, reintegros y cuotas sin interés. En tanto que la morosidad continúa en niveles bajos, mientras el sistema mantiene una alta solvencia.

La explicación del BCP y la advertencia del Fondo no son necesariamente contradictorias. Que el crecimiento del crédito responda a factores favorables no elimina la necesidad de vigilar si, con el tiempo, comienzan a deteriorarse los criterios de otorgamiento o el perfil de riesgo de quienes acceden al financiamiento.

De hecho, la evidencia internacional apunta en esa dirección. Diversos estudios del Fondo muestran que las expansiones rápidas del crédito suelen terminar de forma abrupta y, con frecuencia, desembocan en crisis financieras o fuertes desaceleraciones (Elekdag y Wu, 2011). En las economías emergentes también se observa un patrón recurrente durante periodos de fuerte crecimiento económico, aumento del precio de los activos y expansión del crédito, el sistema financiero luce sólido, pero es precisamente entonces cuando comienzan a acumularse vulnerabilidades (Mendoza y Terrones, 2008). Más relevante aún para el caso paraguayo, Barajas, Sakamoto y Zandvakil (2026) encontraron que cerca del 80% de los auges crediticios que terminaron en crisis estuvieron acompañados por una rápida incorporación de nuevos prestatarios, es decir, por un fuerte proceso de inclusión financiera.

Por eso importa mirar más allá de las cifras agregadas. La inclusión financiera explica parte del fenómeno, pero también importa saber quiénes son esos nuevos deudores, si tienen empleo formal, cuál es su relación deuda-ingreso, qué tipo de crédito utilizan y cuántos mantienen varias deudas simultáneamente. De esa composición depende el riesgo.

En síntesis, no todo crecimiento del crédito es una mala noticia. Suele acompañar el crecimiento económico y ampliar el acceso al sistema financiero. Pero cuando es muy rápido y persistente, aumenta la probabilidad de que se acumulen vulnerabilidades. La historia económica muestra que los problemas financieros rara vez comienzan cuando los indicadores ya son preocupantes. Con frecuencia se gestan cuando la economía crece, la morosidad permanece baja y todo parece indicar que no hay motivos para preocuparse. Precisamente por eso la advertencia del FMI merece atención.

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