24 abr. 2024

“El agua llevó nuestras gallinas y nuestros cultivos están destruidos”

Las familias temen robos y otros se resisten a abandonar sus casas anegadas. Ayolenses tendrán que volver a empezar de cero cuando el río Paraná vuelva a su cauce.

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Bajo agua. Así se encuentra el muelle en Ayolas, tras la acuciante crecida de las aguas del río Paraná que dejó a su paso centenares de damnificados desde la semana pasada.

Foto: Vanessa Rodríguez.

Rosa Villamayor, una de las damnificadas en Ayolas, con resignación contó que el agua no solo inundó sus casas sino que se llevó sus gallinas y destruyó los cultivos de renta y autoconsumo. Ella, está albergada en uno de los campamentos y dice que la situación es difícil, pero será más difícil el retorno cuando las aguas desciendan.

“La casa está sucia y dañada. Nuestros cultivos -tanto de la chacra como de la huerta- están destruidos y nuestros electrodomésticos descompuestos. Nuestras gallinas llevo toda el agua. Ahí lo que va a ser jodido, nos van a dar un kits de víveres para tres días y nos van a soltar y que cada quién se vea”.

Las aguas del río Paraná en Ayolas empezaron a crecer el 30 de octubre, 10 cm. cada una hora, lo cual obligo a que las familias deban desplazarse rápidamente fuera de sus hogares. Empezó a descender a partir del pasado jueves.

Federico Mysko, propietario junto a su familia de un hotel en Ayolas, decidieron quedarse en los pisos superiores, para evitar los robos. “La casa es de dos pisos, abajo está totalmente en el agua, pero nosotros nos quedamos arriba en medio del agua con mi padre, para tratar de resguardar algunas cosas porque tenemos algunas embarcaciones, herramientas para evitar que nos roben”.

Contó que ya perdieron muebles y electrodomésticos que quedaron bajo agua. “Tenemos un restaurante con vista al Paraná y tuvimos que sacar los vidrios blindex para evitar que se rompan, porque las embarcaciones pasan muy cerca de acá y golpea y puede romper para salvar por lo menos eso”.

Carina Ortellado, otras de las damnificadas y presidenta de la Comisión del Barrio San Josemi, dijo que trató de resistir la inundación, pero tuvo que abandonar la casa. Ahora teme de los robos y admite que el retorno será complicado.

Contó que 160 familias del barrio están ubicadas en los albergues, que otros están en casa de familiares o en viviendas particulares. “A mí me costó dejar mi casa hasta último momento estuve allí. Es muy complicado el retorno a nuestros hogares, es algo que debemos enfrentar, porque el agua deja mucha destrucción las paredes, el piso, la parte eléctrica todo se descompone y se pierde. Es muy triste”.

Recuperar lo perdido

Varias familias afectadas por la crecida del río Paraná en intentan recuperar pertenencias hundidas bajo el agua. Algunos remando sobre canoas, otros en lanchas a motor, los pobladores de la ribera, surcaron las calles del barrio San Josemí -ahora cubiertas por el agua- llevando sus muebles y enseres. Muchos de los afectados van a revisar sus hogares, a colocar candados en sus puertas.

A la invasión de mosquitos, se suma la aparición de todo tipo de alimañas y víboras. Por lo que, al transitar sobre la zona anegada, cerca de los matorrales, cuidan bastante quitar los brazos de las embarcaciones para evitar ser alcanzados por algunos de esos bichos.

En la zona ribereña, existen aún una cantidad importante de familias que se resisten a abandonar sus hogares y están aisladas. Para salir de sus casas, deben pagar G. 5.000 para el viaje en canoa. Pero, en la mayor parte del día, no pocos optan por pasar a pie para ahorrar porque la situación económica no es buena y se debe priorizar el uso de los recursos.

“Yo trabajo en el centro y tengo que pasar mínimo cuatro veces al día y si voy a pagar cada vez que paso son G. 20.000 ya en un día y la situación económica no está bien para darse ese lujo”, relató Mónica Barreto, vecina del barrio Antequera.

Cuenta que aparta en una bolsa su ropa de trabajo y su zapato para poder atravesar el charco formado por la crecida. “Pero es peligroso ya están saliendo víboras y ya aparecen alacranes también cuando caminas en medio del agua cualquier cosa te puede pasar”.

La Gobernación de Misiones, la Entidad Binacional Yacyreta y la Municipalidad de Ayolas dan asistencia a las familias damnificadas por la crecida del río Paraná.

“Mi casa quedó totalmente derrumbada”

María Dávalos –que perdió su casa– aún no se recupera del susto de la destrucción que dejó a su paso el tornado catalogado como F1, con vientos que tienen una velocidad entre 117 y 181 km/h, que se registró el pasado jueves en Guaicá, distrito de San Estanislao, Departamento de San Pedro.

“Ni se imaginan como quedé. Mi casa está totalmente derrumbada, los muebles dañados y la de mi hija que está en el otro sitio de mi lado también cayó todo. No sabemos qué vamos a hacer”, dijo.

Comentó que con mucho sacrificio construyó su vivienda y que en 5 minutos todo desapareció. “Aún no nos recuperamos del susto”, indicó con lágrimas.

La pobladora Brígida Ortiz abrazó a su hija y a su nieto, pensando que no sobreviviría al tornado. Las paredes de su casa quedaron en pie, pero el techo fue destruido a causa de los fuertes vientos.

El albañil Ricardo Cáceres logró salvar su vida al refugiarse bajo el marco de una puerta. La vivienda se derrumbó y él salió ileso.

La Junta Departamental de San Pedro declaró emergencia departamental, pero la Junta Municipal de Santaní no pudo tomar la misma decisión porque sus concejales municipales están más “ocupados” en cuestiones políticas que en la grave situación en que se encuentran sus compueblanos, según la denuncia de los damnificados. Un grupo de concejales pidió una sesión extra, pero no tuvo eco favorable.

Los damnificados de Guaicá recibieron donaciones de mercaderías, chapas, colchones, frazadas y carpas de parte de la Secretaría de Emergencia Nacional.

El tornado destruyó viviendas, ocasionó 17 heridos y la muerte de una niña.

CDE: En 30 años ya superó 7 inundaciones de su vivienda

Don Victoriano González baja cada momento a mirar su casa inundada, ubicada en San Rafael, Ciudad del Este, para cuidar los ladrones no la desvalijen. Su experiencia con 7 inundaciones anteriores en las últimas tres décadas le ayudaron a manejar la situación con relación al retiro de sus bienes.

“Hace 30 años que vivo en el barrio San Rafael y ya pasé 7 inundaciones. Muchas cosas ya se aprenden con la experiencia, vivo aquí porque estamos cerca del centro y de aquí es fácil todas las cosas. No es todo el tiempo que hay crecida, ni sube grande. Muchas veces sube sin causar perjuicios”, relató mientras controla la tortilla que está cocinando en una cacerola grande, mientras que su compañero prepara un tacho, para el almuerzo.

González reveló que muchos vecinos estaban trabajando y cuando volvieron a sus casas, ya la encontraron bajo agua.

Río subió rápido

El río Paraná anegó en pocas horas varias viviendas del barrio San Rafael de Ciudad del Este y muchos de los vecinos no pudieron sacar sus pertenencias. La preocupación es el posinundación, donde las ayudas ya no llegan a los damnificados y cuando realmente apremiarán las necesidades, ya que el agua ya destruyó algunas viviendas, según los testimonios.

La primera en sufrir el golpe todas las veces que crece el río es Verónica Beatriz Cáceres, madre de 8 hijos y abuela de una nieta, de acuerdo con su versión. La afectada sostuvo que sacaron lo que pudieron, pero tuvieron que abandonar la casa, porque el agua subía sin parar.

“Fue un desastre total. Sacamos lo que pudimos, pero muchas cosas perdimos. Ahora de cero tenemos que trabajar para volver a comprar para nuestras cosas. Yo soy macatera, madre soltera, y lucho por el día a día”, resumió su día a día en el albergue.

Doña Verónica es una de las tantas que residen en el barrio San Rafael y trabaja en el centro de la ciudad de forma independiente. La cercanía a un paso del centro es la tentación a los que no resisten los vecinos del barrio, quienes estoicamente soportan las inundaciones cada vez que llegan y luego vuelven a rehacer su rutina.

Pero su preocupación es grande, porque no sabe cómo va a encontrar su casa construida en parte con material cocido y en otra de madera.

Su vecina, Blanca Marisol González, sufre los mismos problemas. “Todas nuestras cosas quedaron bajo agua, nada pudimos quitar. Solo mi marido trabaja y solo Dios sabe qué va a pasar de nosotros después”, relató doña Blanca, quien es madre de 4 hijos y abuela de una nieta de menos de 1 año, que viven en la misma vivienda.

El ingeniero Néstor Recalde, es el coordinador de uno de los 4 albergues del barrio de los 6 establecidos por las autoridades municipales y la Itaipú Binacional en Ciudad del Este. También es uno de los damnificados con su vivienda ubicada a menos de 100 metros del albergue instalado en la subseccional del barrio.

“Vamos a ir a encontrar nuestra casa totalmente destruida, paredes destruidas, hay gente que van a ir a mirar solamente el sitio de su casa, techos que se cayeron la mayor parte, pues, son techos de chapa que por la permanencia dentro del agua se quiebran fácilmente y esa es la parte triste de toda esta historia”.

Ciudad del Este cuenta con 500 albergados, de los cuales aproximadamente 200 personas son vecinos del barrio San Rafael.

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