09 ago 2026

Crecer es necesario, pero no es suficiente

En un reciente conversatorio organizado por el Centro de Políticas Públicas de la Universidad Católica y Horizonte Positivo, varios economistas coincidieron en una idea que Paraguay todavía no termina de procesar del todo: el crecimiento económico del país es real, importante y merece ser reconocido, pero no alcanza por sí solo para transformar estructuralmente la vida de una parte significativa de la población.

Ese punto de partida es relevante porque el debate público paraguayo suele oscilar entre dos extremos igualmente simplificadores: quienes presentan al país como un modelo exitoso y quienes sostienen que nada funciona. La realidad es bastante más compleja. En las últimas dos décadas, Paraguay redujo significativamente la pobreza, consolidó estabilidad macroeconómica, construyó una clase media y ganó credibilidad internacional hasta alcanzar el grado de inversión.

Pero al mismo tiempo, una gran parte de la población sigue viviendo en condiciones de vulnerabilidad. No son pobres en términos estadísticos, pero tampoco tienen los mínimos niveles de seguridad que permiten proyectar el futuro con tranquilidad: empleo formal, jubilación, cobertura de salud o capacidad de resistir una crisis económica familiar.

Una de las razones principales aparece de manera recurrente en los datos: Paraguay logró crecer cerca de 4% anual durante años, pero la productividad laboral aumentó apenas alrededor de 1% a 1,5% anual. Eso significa que crecimos más por expansión y acumulación de factores que por mejoras profundas en eficiencia, innovación y capital humano.

Y, sin embargo, este puede ser uno de los momentos más importantes de la historia reciente del país. Paraguay todavía cuenta con un bono demográfico que varios países vecinos ya perdieron. Tiene estabilidad macroeconómica, energía limpia y competitiva y una posición geográfica estratégica para industrias, logística y servicios.

El verdadero desafío ya no es solamente crecer, sino decidir cómo convertir ese crecimiento en bienestar sostenible y movilidad social. Algunas de las ideas planteadas en el conversatorio apuntaban justamente a ese desafío.

La primera prioridad es invertir seriamente en educación y formación de capacidades laborales. No solo para niños y jóvenes, sino también para adultos. El mundo del trabajo cambia a gran velocidad y todos necesitamos reaprender permanentemente.

La segunda es territorializar el desarrollo. Paraguay no puede seguir concentrando oportunidades en Asunción y algunos polos dinámicos mientras gran parte del interior acompaña el crecimiento sin recibir proporcionalmente infraestructura, conectividad y servicios de calidad.

La tercera es formalizar con inteligencia. No con más burocracia ni castigo, sino creando incentivos para que trabajar dentro del sistema sea más racional y conveniente que permanecer fuera de él.

Nada de esto requiere abandonar la estabilidad que el país construyó durante años. Lo que requiere es visión de largo plazo y capacidad de sostener prioridades más allá de los ciclos políticos.

La pregunta ya no es si Paraguay puede dar el salto. Los recursos, la demografía y el contexto indican que sí. La verdadera pregunta es si vamos a tomar esa oportunidad ahora o si dentro de diez años seguiremos preguntándonos por qué no lo hicimos cuando todavía estábamos a tiempo.

Hugo Cáceres
Hugo Cáceres
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