12 may. 2026

… ¿Y si apelamos a la memoria?

Los que llegamos a la calificada como “tercera edad” (con un cierto mohín de menoscabo), tenemos la tendencia de comparar la vida que llevamos con la de tiempos que no conocieron nuestros compatriotas más jóvenes. Para nosotros, fueron los de la dictadura. Y dado su persistente olvido, habría que enfatizarla con claridad y en todo su contexto: La época del déspota y consagrado como “único líder” de la Asociación Nacional Republicana - Partido Colorado, Gral. Alfredo Stroessner Matiauda.

El que salió por la puerta grande tras 34 años, cinco meses y dos días de permanencia en el cargo. Porque cuando el déspota se marchó con una jubilación vip, además de la impunidad fabricada a medida, era la madrugada del 3 de febrero de 1989; dejando como herencia una cuantiosa colección de problemas, que perduran hasta la fecha.

Algunas bocanadas de aire democrático nos permitieron verificar ya entonces –o un poco más tarde– que el “Rubio” y el “centenario partido” habían marcado también su impronta en la oposición. De cuya consecuencia tenemos a los fervorosos “luchadores” por la democracia de tiempos anteriores, con sus partidos semidesaparecidos; enfrascados en internas que guerrean entre sí con inaudita ferocidad o que ante el aroma de elecciones, se forman alianzas, buscan “outsiders” para candidatarlo$; o apelando a cualquier procedimiento que disimule su falta de ideas, la ausencia de “pueblo” y el fracaso de sus dirigentes de cuyas consecuencias, el Partido que había consagrado como “único líder” al déspota, sigue en el gobierno. Y la oposición en la oposición … Como tampoco podía ser de otra manera.

Moldeado con el hierro candente de aquel “período de paz y progreso (...) todo está como era entonces”. Pues prevalece la idea de que “la mayoría manda”, aunque se desafíen la sensatez, los principios republicanos y los postulados de la Carta Magna. Y continúa también, la misma desagradable sensación de que en el Paraguay habitamos ciudadanos de primera, y los otros. Y que como antes, todo se excusa trayendo a colación la fervorosa adhesión a la Constitución Nacional, aunque por indispensable que fuera este documento, buceando en la historia de las cuatro anteriores, no nos traen precisamente buenos recuerdos.

Porque si pensábamos que el 20 de junio de 1992, el espíritu democrático sería instalado en la mentalidad de los “hombres de partido”, nos equivocamos. ¡Lejos!

Debiéramos haber recordado ya entonces, que el fragoroso pasado en pos de la democracia, nos había condenado muchas veces a la intolerancia y otros males. Pues 30 años después de haber sancionado la primera, el 25 de noviembre de 1870, habían pasado 11 mandatarios por el Palacio de López antes de que finalizara aquel siglo XIX. Cuando solo deberían haber sido siete (los mandatos eran entonces de cuatro años).

Y que durante el siglo XX hasta la sanción de la del año 40, tuvimos 24 presidentes; en vez de solo nueve, si es que se hubiesen cumplido los plazos legales. Y cuando sancionada la del 25 de agosto de 1967, tuvimos ocho mandatarios y debieron haber sido solo cuatro. Pero eran ya tiempos de Stroessner, el que ya se había cargado tres mandatos porque admitida la reelección en la nueva constitucional, el dictador iba ya en busca de la perpetuidad. De hecho, fue el único presidente desde la vigencia de dicha Carta Magna hasta su derrocamiento y exilio, el 3 de febrero de 1989.

Pero ya ausente el Supremo, ya regidos por una nueva Carta Constitucional jurada el 20 de junio de 1992 y con la democracia a cuestas …. ¿Por qué cambiaría algo si todo seguía siendo igual? Si dejamos que los políticos resolvieran los problemas que ELLOS habían creado o suelen crear… ¿Por qué no se mantendrían resabios de la dictadura si los que la habían gestado, compartido y mantenido, seguían teniendo la sartén por el mango?, ¿por qué tendríamos mejores instituciones? O mejor … ¿Por qué tendríamos alguna que funcionara?

No podríamos desde luego tener algo más eficiente si nada de lo mal hecho fue castigado. Si lo robado no fue restituido a los caudales públicos y nadie fue a la cárcel. El dulce exilio destinado a algunos pocos, no fue sino el resultado de negociaciones gestadas entre bambalinas, lejos de los trámites legales y de las sentencias judiciales correspondientes. De manera que tan desafectos a la formalidad institucional, de investigar con claridad los oscuros procedimientos que introdujo el dinero mal habido en las campañas electorales… ¿Por qué la sociedad resultante no daría lugar a la preeminencia del factor monetario en la competencia para el ejercicio del “poder democrático”? Y ya que hablamos de dinero … ¿Por qué nos importaría su origen?

La lucha contra la dictadura, solo sirvió al parecer para que algunos se creyeran inamovibles, infalibles, eternos. A nadie le ha preocupado mirar sobre los hombros para ver el lastre social que están dejando a generaciones enteras. Que consienten anomalías que sus correligionarios de otro tiempo hubieran denunciado hasta con riesgo de su integridad física. Solo puede concluirse que razonan con la misma óptica del autoritarismo ausente. Solo ven defectos en cualquiera que no piense igual. Tanto que ninguno de ellos se arriesgaría de señalar alguna fruta podrida de su cofradía por el riesgo de que algo de la misma fruta, manche su ropaje.

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