24 jul. 2024

SERBIA o la gran culpable

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Belgrado es lo más parecido a Moscú. El idioma puede ser comprendido mutuamente “si hablan despacio” como me dijo un serbio. Los caracteres son cirílicos y es la gran fuerza militar de los Balcanes. Recibió en la semana que lo visité al líder chino Xi Jin Ping y las banderas de China y Serbia flanqueaban todo el tránsito del aeropuerto Nikola Tesla hasta el centro de la ciudad. Mucho gris y gran parecido a las metrópolis rusas. Este es el país que todos los anteriores que visité Kosovo, Albania, Montenegro, Bosnia y Herzegovina y Croacia afirman que es la única responsable de todas sus desgracias y que inició y desarrolló una guerra que trajo destrucción, muertes y odios. La desintegración de Yugoslavia llevó a Serbia a asumir el rol de unificador por las malas.

Los países que eran parte de una federación artificialmente armada después de la Segunda Guerra Mundial querían ser independientes y Serbia buscaba aplastar la secesión. Un presidente cruel y déspota como Milosevic y unos generales armados como milicias sostenidas con un armamento acumulado y sin uso desperdigaron odio y sangre hacia finales del siglo XX y comienzos del actual.

En 1997 el presidente de turno envió a un burócrata emergente Milosevic a buscar aplastar una rebelión popular en Kosovo a la que consideran parte de Serbia aunque culturalmente sea mayoritariamente albanesa. El argumento era proteger a los grupos serbios asentados en esos territorios y que sufrían el acoso de los kosovares. La represión prendió la chispa de un conflicto que se extendió en toda la región. Al igual que los soviéticos en el afán de rusificar el país movieron grandes poblaciones a varias de sus repúblicas aquí en Serbia se dio una situación similar con los habitantes de este país que aparecen en forma de comunidades establecidas en todos sus territorios con excepción de Eslovenia protegida en el norte de Croacia y distante de los territorios serbios. El Mariscal Tito quien gobernaba con mano de hierro desde Belgrado y que había recibido instrucción militar en la URSS creía que con esos desplazamientos se fundía el carácter de una nueva nación llamada: Los eslavos del sur o en su lengua: Yugoslavia. El centro político de este experimento en su diseño es bien parecido al de Moscú. Grandes parques, construcciones que se asemejan a las que se levantaron en la era soviética y un gris dominante a pesar de los comienzos del verano.

Guerra de religiones y nacionalidades

Un poderoso arsenal sirvió para alimentar el hambre de la guerra que bajo el mismo pretexto que esgrime hoy Putin en Ucrania se usó para proteger a la población Serbia en los territorios de cada uno de los países integrantes de la ex Yugoslavia. La tensión política y el deseo de lograr una independencia escamoteada por Serbia fue suficiente para que se desatara un conflicto como no se había visto desde la Segunda Guerra Mundial y que le había dado nacimiento como entidad.

Los Balcanes han visto pasar varios grupos dominantes a lo largo de su historia y las guerras hacen parte de su carácter. Si eso se coloca en una coctelera y se agita con sentimientos nacionalistas y religiosos se tiene el cocktail perfecto que acabó en la guerra. Serbia se siente humillada e incomprendida. Su posición es difícil porque internacionalmente asume la condición de villana en la guerra de los Balcanes y muchas de sus actitudes alientan formas agresivas que sus vecinos temen con razón.

Tiene aliados en Montenegro y algo en Macedonia pero claramente Croacia, Kosovo y Eslovenia están en la vereda de enfrente. Bosnia parece ser el pato de la boda en este conflicto porque tiene una gran parte de su territorio ocupado por una mayoría serbia que recibe el apoyo de Belgrado y que ante la menor provocación puede reavivar los conflictos. Las grandes iglesias ortodoxas dominan Belgrado y hay un sentimiento nacionalista que se sostiene en ellas. Acusan a los demás de haber destruido varios de sus templos durante el conflicto como los denuncian los bosnios y sus varias mezquitas arrasadas en la guerra.

Todas las personas me han desalentado a venir a Belgrado por varias razones. Desde el miedo que su sola mención desata hasta que no hay nada que valga la pena ver. Sin embargo la guerra de los Balcanes es imposible de entender sin visitar este país de largas y amplias avenidas y con tranvías un tanto antiguos que serpentean sus calles. Es una ciudad barata en comparación con Croacia.

Aquí se quejan de la falta de recursos económicos gastados en la guerra y el poderoso arsenal acumulado y utilizado en los conflictos. Los expatriados son muchos y presumen de su gran talento deportivo. Desde el tenista DJokovic hasta los grandes jugadores de básquet pasando por futbolistas y otras actividades que se destacan por su capacidad para la práctica de los deportes. Serbia asume su condición de poderoso militar y sabe las dudas y temores que despierta su poder. Quiere dar un rostro amable pero no es suficiente. 30 años después todos endilgan a este país los destrozos, desastres y muertes que acontecieron.

Una tensa paz

Los eslavos del sur han vivido lo suficiente para haber visto innumerables conflictos de ocupación y de invasión pero están lejos de haber aprendido la lección. He vuelto después de 30 años. Estuve en Zagreb y Split en la guerra de 1994. Un misil había caído muy cerca de mi hotel en la capital croata y los desplazamientos hacia el interior del país era “ a su propia cuenta” como decían acá. Hoy viven en paz pero sostenida en las alianzas que se tejieron como consecuencia del conflict

Se arman silenciosamente para evitar la guerra aunque eso lleve finalmente a su consumación. Se tejen acuerdos con la OTAN y con la UE cuya experiencia exitosa marca un derrotero para estas repúblicas emergentes del odio, la guerra y la muerte.

Ha sido un viaje lleno de historias parecidas a las nuestras solo que ellos con la fuerza de la inversión de los expatriados parecen olvidar exteriormente más rápido que nosotros especialmente en Albania, Kosovo y Croacia.

Internamente están llenos de resentimientos, odios, cicatrices y llantos. Hay una procesión que la llevan en silencio y con ganas de olvidar la experiencia trágica aunque reiteradamente aparezca el fantasma de los serbios a los que intentan exorcizar incluso con cánticos ofensivos en los estadios de la Copa Europea.

Solo el tiempo dirá el derrotero de estos pueblos que salieron y se hicieron con las guerras que la han tornado natural a su propia identidad. 30 años después o una generación completa es muy poco para afirmar con certeza lo que se viene a pesar de las evidencias desastrosas que aún perviven. Dejo los Balcanes luego de casi 15 días de peregrinar por sus senderos hermosos pero llenos de tristeza, odio y resentimientos



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