Se va el Mundial de los escándalos, del racismo real y encubierto, del jugar a lo Paraguay, de las entradas caras, pero con estadios llenos, de las nuevas normas para duplicar los ingresos con una mayor cantidad de equipos, de la tristeza y de la alegría, de los feriados inventados, el de las tres sedes, con grosera intromisión política, con la nueva visa para Cartes y con una final que habla español. El evento de casi dos meses paralizó nuestras conversaciones que incluso aquellas de tinte político pasaron a ser de trasfondo pelotero. Saltaron los demonios dormidos de globalistas y antiglobalistas y los distractores se activaron a pleno. Los pelotazos abundaron, pero nada se hizo durante estos meses de largo descanso futbolero.
Desde este lunes volvemos a la realidad que, en verdad, no será diferente a la que ya conocíamos y hemos pausado durante casi dos meses. La corrupción continuará igual, los fiscales no acusaran por incompetentes o cómplices, los jueces seguirán perdonando, los legisladores estudiarán con la Universidad de Bologna cómo se legisla y se cumple el Estado de derecho mientras expulsan a una de sus miembros con 23 votos cuando eran necesarios 30. Peña nos seguirá diciendo que el país crece, pero no puede explicar por qué no puede pagar mil millones de dólares en medicamentos de sus hospitales públicos desabastecidos. Los pelotazos contra el muro imperturbable de un Estado ladrón continuarán mientras las polladas no cesarán de convocar la solidaridad ciudadana.
Robar seguirá siendo un negocio tan lucrativo que desde lo público los funcionarios competirán nariz a nariz con los narcos en riqueza como lo dijo un ex fiscal que mucho debe saber del tema. El déficit fiscal superó en los primeros seis meses los 230 millones de dólares en cajas jubilatorias que crecen en pérdidas al mismo ritmo que aumentan los depósitos públicos en un banco nuevo.
Las elecciones de octubre para escoger intendentes y concejales no generan grandes expectativas y menos aún en una ciudad como Asunción donde la “operación cicatriz” hizo aprobar un balance de Nenecho y Bello insostenible en una administración que acumula déficit superior a los 200 millones de dólares y en donde 120 mil kilos de asfalto son comercializados en el sector privado mientras los baches rompen trenes delanteros de los vehículos destrozan llantas, generan accidentes o matan.
Nadie controla el pelotazo de la corrupción que lleva a que el contralor afirmara que la única manera de mantener contentos a los corruptos es que suban los impuestos. La basura no retirada hace que Asunción se parezca a Napoli una referencia de la Italia mafiosa. Como si fuera poco las elecciones están teñidas de desconfianza sobre las máquinas de votación al ritmo de Donald Trump quien afirma que los chinos pueden manipular y sumar votos para el candidato que pague.
Un difícil camino les queda a los candidatos que deberán recurrir a grandes cantidades de dinero para hacerse con el botín electoral.
El pueblito de Quyquyho de 4.500 personas es una historia calcada de la novela brasileña El bien amado solo que los Odoricos Paraguasues hacen parte de un guion lleno de paraguayidad y escándalo.
Un ex intendente y ahora diputado es acusado de haber robado la recaudación de un año, dejó el cargo a su esposa quien con unos cuantos funcionarios siguieron el mismo sendero con un presidente de Junta Municipal que no puede sesionar fuera de su casa porque tiene tobillera electrónica y eso les impide salir. Una de las procesadas aduce diabetes para abandonar la casa-prisión mientras el pueblito del Departamento de Paraguarí se lamenta el abandono, el robo y la impunidad.
Los pelotazos contra la ciudadanía van a continuar sin lugar a dudas.
El Gobierno está consolidado en sus mentiras, el pueblo no cree en su capacidad de cambiar el curso de su historia, el arquero está vencido y los de la barrera también quieren ver el gol... En contra. El Mundial de la corrupción continuará con los mismos perdedores de siempre.
Felices pero jodidos.