El Instituto de Previsión Social (IPS) es de esas realidades que duelen, indignan, asquean y hasta despiertan en uno un sentimiento horrible: el odio. Pero hay que exteriorizarlas hasta que, con esperanza, cambie el sistema y realmente brinde respuestas oportunas a todos los asegurados, y que el acceso a la salud no dependa exclusivamente de un seguro privado.
En la actualidad, acudir a cualquiera de sus centros, agendar una cita médica, someterse a una cirugía o la misión de retirar medicamentos en el IPS es un esfuerzo terriblemente desgastante, tanto para los aportantes como para sus familiares.
Frente a distintas situaciones que a diario afectan a los asegurados, sea a uno o a miles, estas fallas se traducen en una frase cruelmente real: “IPS significa ‘idiota pidiendo socorro’”.
Desconozco al creador que ilustró con tanta precisión el sistema que ofrece la previsional desde hace tiempo, y aunque para algunos puede ser de mal gusto, no deja de ser cierto. Lastimosamente, existen reportes que refuerzan esta verdad.
Por ejemplo, el reciente fallecimiento de Braulio Vázquez, un trabajador de prensa que esperó dos días por un cateterismo que le costó la vida. A pesar de años de descuentos mensuales, su familia igualmente tuvo que moverse contrarreloj para juntar G. 11.000.000 para los gastos médicos.
Todo resultó en vano y su hermano, Jaime Vázquez, lamentó el suplicio que deben pasar los aportantes porque, si hubiesen atendido a tiempo a Braulio, la historia hubiera sido otra.
Luego de que se perdiera una vida, la Gerencia de Salud admitió los desperfectos en los equipos en la unidad de hemodinámica; y la Superintendencia de Salud (Supsalud), así como el IPS anunciaron la realización de una auditoría médica. Estas diligencias, según explicaron, no son punitivas, sino que son para definir “una serie de recomendaciones“. Entonces, ¿quién se hace cargo por la muerte de Braulio?
Solo hay dos angiógrafos en el Hospital Central del IPS para más de 1.600.000 asegurados, pero una de las máquinas está en mantenimiento por desperfectos, lo que incidió en la postergación de varias cirugías.
Mabel Morales pasa por un calvario e incertidumbre inexplicables. Cuando denunció su caso en Monumental 1080 AM, su marido había cumplido 20 días esperando un cateterismo. Y hacia el Sur del país, una madre denunció que se le negó la atención médica a su bebé de 11 meses con síndrome de Down en el IPS de Encarnación.
El calvario cotidiano de los asegurados también incluye excesivas horas de espera para ser atendidos por un especialista; incontables intentos en el Call Center hasta concretar una cita y la falta de medicamentos en las farmacias.
Los problemas en el sistema telefónico, el “más barato” del país con 400 líneas activas, son permanentes; incluso, en estos días, un equipo de Telefuturo constató la oficina de Call Center vacía en el IPS Boquerón, en Asunción. La publicación molestó al IPS, que salió a defenderse: el sábado 31 de enero atendieron 1.103 llamadas desde las 06:00 hasta las 11: 00.
Desde el IPS pueden salir a dar sus excusas o nuevas promesas, pero aquí lo concreto es que la institución —que presta asistencia sanitaria y la jubilación para los asegurados— pertenece a los trabajadores y trabajadoras, no al Estado.
No hay margen para el clientelismo, la corruptela, la ineficiencia e indolencia de las autoridades que, cada día, roban la dignidad y la calidad de vida a los trabajadores. Recordarlo es imperativo.