Los números del mercado laboral paraguayo del primer trimestre de 2026 llegaron con buenas noticias en la superficie. Hay más gente trabajando. La tasa de ocupación subió 1,7 puntos porcentuales respecto al mismo periodo del año pasado, lo que concretamente significa que alrededor de 117.000 personas más tienen algún tipo de empleo.
Pero cuando se mira con más detenimiento el tipo de empleo que se está creando, el optimismo merece algunos matices.
El grueso del crecimiento del empleo no vino del sector asalariado formal (ese que tiene contrato, aporta a la jubilación y tiene derechos laborales claros), sino de los trabajadores independientes, que aumentaron en casi 97.000 personas. Dentro de ese grupo, el segmento que más creció fue el de los trabajadores por cuenta propia, casi 65.000 personas más que en el mismo trimestre del año anterior.
¿Qué es un trabajador por cuenta propia en Paraguay? Es el vendedor de la feria, el mecánico del barrio, el diseñador que factura por proyecto, el plomero que consigue trabajo como puede. No hay una sola cara para esta categoría, y eso es justamente lo que la hace difícil de interpretar.
En algunos contextos, el crecimiento del trabajo independiente refleja dinamismo económico: Emprendedores que aprovechan oportunidades, profesionales que eligen la autonomía, personas que encuentran en la independencia una salida digna. En otros, es simplemente la forma en que una economía registra a quienes no encontraron un empleo formal y se las rebuscan como pueden.
Los datos del INE sugieren que en Paraguay ambas realidades conviven, pero la segunda pesa más. De los casi 2,8 millones de ocupados fuera del sector agropecuario, 1,65 millones son informales. Los formales (aquellos que cotizan al sistema previsional o están inscriptos en el RUC) son poco más de un millón. En otras palabras, por cada trabajador formal no agropecuario, hay uno y medio que opera fuera del sistema de protección social.
A eso se suma otra señal que merece atención: La subocupación por insuficiencia de tiempo de trabajo, que el INE define como las personas que trabajan menos de 30 horas semanales, desearían trabajar más y están disponibles para hacerlo, subió 0,8 puntos porcentuales respecto al primer trimestre de 2025, afectando a unas 131.000 personas.
No son desempleados en sentido estricto porque tienen alguna actividad, pero tampoco tienen el empleo que necesitan. Son personas que están, en cierta forma, a medias en el mercado laboral con un pie adentro y otro afuera, generando ingresos insuficientes mientras esperan una oportunidad que no termina de llegar.
Cuando se suman los desocupados (178.000 personas) y los subocupados por tiempo (131.000), se obtiene que más de 309.000 paraguayos –el 9,1% de la fuerza de trabajo– o no tienen empleo o tienen uno que no les alcanza. Esta cifra combinada creció medio punto porcentual respecto al año anterior.
Paraguay tiene una de las tasas de desempleo más bajas de la región, y eso es un dato real y positivo, pero el desempleo, como indicador único, puede ser engañoso en economías donde la informalidad es alta cuando no hay seguro de desempleo ni red de contención, la gente no puede darse el lujo de estar desocupada. Es inquietante que una economía crece en ocupados, pero no en trabajadores protegidos. Puede estar construyendo sobre arena.