02 ago 2026

La soberanía y la trampa nacionalista

Un Lula en plena campaña electoral en la que se juega su reelección en Brasil mencionó que hoy en el mundo “hay locos queriendo hacer la guerra”. Para justificar el gasto militar y tener unas Fuerzas Armadas “bien preparadas y entrenadas”, recordó que a pesar de ser un agente de la paz, no hay que confiarse. Para ello, retrocedió 161 años: “No podemos olvidar que, un buen día, Paraguay decidió invadir Brasil. Invadió Corumbá y, al mismo tiempo, invadió Uruguay y al mismo tiempo Argentina. Y esa guerra, que parecía que no iba a ser gran cosa, duró cinco años”.

La frase desacertada y falaz fue una granada que reabrió la herida de la Triple Alianza y provocó una crisis diplomática. Aquella trágica guerra, un genocidio, es un acontecimiento que sigue causando profundo dolor a la nación.

Más allá de la historia, las intenciones de Lula en un indisimulado coqueteo a la derecha en pleno proceso eleccionario y mensajes geopolíticos que van más hacia el norte que al sur, el episodio dejó al desnudo una incomprensible y sorprendente inacción diplomática que muestra la fotografía de un presidente de la República en retirada.

El Gobierno reaccionó oficialmente ocho días después. No lo hizo por decisión propia, sino por efecto de la fuerte presión política de sus propias bancadas en el Congreso, que emitieron sendas declaraciones rechazando las distorsiones históricas y reclamando respeto al país. Posición que incluso sumó a grupos de izquierda que emitieron duras críticas contra Lula, su aliado y amigo.

Algunos colorados apuntaron erróneamente sus críticas al canciller Ramírez Lezcano, a quien calificaron de timorato. El presidente de la República, por Constitución, es el jefe de las relaciones exteriores. Así que el silencio y la reacción tardía es de su exclusiva responsabilidad.

La olla a presión obligó a la Cancillería a convocar al embajador del Brasil. Hubo explicaciones, viejos reclamos de devolución de trofeos de guerra y documentos y se zanjó el pleito bilateral con el socio más importante del país.

POSICIONAMIENTO POLÍTICO

Fue el vicepresidente Pedro Alliana el “adalid” del reclamo. Se manifestó en redes sociales y en su calidad de candidato fue la figura central en la protesta contra el Brasil. Su presencia en la Cancillería fue una puesta en escena para posicionarlo como el defensor de la soberanía nacional, un tema capital en el discurso cartista.

Lo que aún no queda claro es por qué Peña tardó tanto en reaccionar ante un asunto muy sensible para los paraguayos. Muy diferente a su posición con respecto al “caso Mbappé”, cuando salió a las apuradas a cuestionar a la senadora Celeste Amarilla por sus ofensivas declaraciones discriminatorias, que se convirtieron en un bumerán. En ambos casos, perdió la batalla nacionalista.

Peña, con su ausencia, revela que ya es un presidente en retirada. No es el gran elector de cara a las presidenciales. Horacio Cartes ya digitó a Alliana y Baruja como la dupla del 2028. Y cada vez menos tiene influencia en las decisiones políticas. Está más interesado en asegurarse un futuro en medio de sugestivos negocios de sus vínculos empresariales con el Estado.

LA TRAMPA NACIONALISTA

El cartismo ha apelado a los sentimientos más primarios durante su campaña para polarizar al electorado. Así lo hizo con la Unión Europea cuando agitaron la batalla cultural contraponiendo los valores tradicionales versus los degenerados de afuera.

La cuestión de la soberanía es el tronco de su discurso político. Sin embargo, no es sino un discurso de fachada para evitar la conversación sobre los verdaderos problemas nacionales que ponen en riesgo la soberanía nacional. Por eso se les pierde la pelota cuando la realidad amerita una reacción. Porque no es genuina su convicción.

Por ello, hay que evitar la trampa nacionalista y vislumbrar más allá del relato vigilando a los gobernantes y sus decisiones en los temas que afectan al país. Son varios los temas.

La negociación del Anexo C con el Brasil es un gran asunto de soberanía. Itaipú es un acuerdo pendiente que sigue en punto muerto. Allí es donde deben demostrar los músculos soberanos de modo a lograr la equidad, corregir las asimetrías históricas.

La soberanía se defiende negociando con transparencia con los inversores que exigen tarifas preferenciales de la energía eléctrica. Ahora mismo hay una discusión con el grupo inversor Atome que ya generó la salida del titular de la Ande porque se negó a aceptar una tarifa preferencial por 15 años. Una luz amarilla que exige vigilancia ciudadana.

Otro asunto es el crimen organizado, cuyo éxito se debe a la corrupción y la vinculación política con las mafias diversas como el narcotráfico, el tráfico de armas, el lavado de dinero que controlan las fronteras. Un negocio que ha capturado el Estado y que este Gobierno no se anima a poner blanco sobre negro porque en los grises de este negocio hay varios elementos del Partido Colorado.

La lista es larga. Así que cuando escuchen los grandilocuentes discursos de soberanía, observen los hechos porque lo más probable es que sean balas de fogueo para esconder corrupciones, mientras entregan la soberanía debilitando las instituciones o permitiendo presencias militares extranjeras con inmunidad total.

  • HC ya digitó a Alliana y Baruja como dupla del 2028. Y cada vez menos tiene influencia en decisiones políticas.
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