02 ago 2026

Las que sostienen todo

El día que inicié a escribir este comentario fue muy distinto, pero, a veces, hay sucesos que interrumpen nuestra tan despreciada normalidad.

Ayer, Line Bareiro inscribió su nombre en el libro de la eternidad y en Asunción, como siempre que se muere alguien importante de verdad –no de esas importancias de cargo público, sino de esas que se ganan a pura terquedad–, la noticia va a durar un día y después la vamos a extrañar en silencio, que es como acá extrañamos a la gente que trabajó una vida entera para que otras no tengan que pelear tan solas.

Yo no la conocí personalmente, pero conocí a cientos de mujeres que sí, y todas me dijeron lo mismo con distintas palabras: Que Line era de esas que llegaba primero y se iba última. Y ahí quiero pararme un ratito porque de eso se trata esta nota: De las mujeres que sostienen los espacios y nadie las aplaude por eso porque sostener no hace ruido.

Sostener no es noticia. Sostener es la reunión que empieza a horario porque alguien llegó media hora antes a acomodar las sillas, es el grupo de WhatsApp que alguien modera sin que se lo pidan, es la ONG que sigue funcionando porque hay una que se acuerda de pagar la luz.

En Paraguay tenemos una tradición larga de esto.

Desde la Guerra Guasu para acá, la mujer paraguaya sostuvo literalmente el país. Lo dice la historia oficial con orgullo cada 24 de febrero, pero después el 25 ya nos volvemos a olvidar de preguntarle a la mujer real, la de carne y hueso, si quiere seguir sosteniendo sola. Line se pasó la vida haciendo esa pregunta incómoda: ¿Por qué siempre las mismas manos? Fue de las que empezó a documentar, a nombrar, a poner en papeles serios (imagínense que el trabajo de las mujeres llegó hasta la ONU) lo que las abuelas ya sabían de memoria, pero nadie les había preguntado con formato de informe técnico.

Acá viene la parte en la que me pongo un poco graciosa porque si no la nota se pone muy solemne y a Line, tengo entendido, no le gustaban los homenajes acartonados, sino los reales. La mujer paraguaya sostiene todo: La olla popular, el club de barrio, la comisión vecinal, al marido que se cree que sostiene él, la campaña política del candidato que después ni la nombra en el discurso de victoria y hasta las merienditas de cumpleaños en el lugar de trabajo. Lo hacemos con tal maestría que ya ni se nota el esfuerzo, como esas señoras que cargan el chipa guasu en una mano y el hijo de la otra y todavía te preguntan si vos estás bien.

El problema, y esto Line lo entendió mejor que nadie, es que sostener sin que te vean tiene un costo. Te desgasta la espalda y también la historia: Si nadie anota quién sostuvo, después la próxima generación cree que el edificio se sostiene solo. Por eso, ella escribía, investigaba, molestaba con estadísticas en las reuniones donde solo querían hablar bonito. Alguien tenía que llevar los números reales para ganar los argumentos en donde sabemos que tenemos razón.

Así que hoy, en vez de un minuto de silencio, yo propongo un minuto de ruido: Nombrar a la que sostiene tu espacio a vos. La tía, la compañera de trabajo, la vecina que abre el portón para que jueguen los chicos o la que prepara la merienda en la olla popular. Decirle, aunque sea una vez, que se nota.

Gracias, Line, por escribirlo en los libros para que ya no se nos pueda olvidar tan fácil.

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