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La violenta historia del primer Marzo Paraguayo

En estos días se habla de un posible nuevo Marzo Paraguayo, sugiriendo el riesgo de un estallido social por el descontento ciudadano ante la crisis de salud. El episodio original (hubo otro en 2018, durante el gobierno de Cartes) ocurrió en marzo de 1999 y se lo considera la mayor gesta ciudadana en la historia del Paraguay, que tumbó al gobierno de Raúl Cubas y Lino Oviedo. Esta es la historia.

Todo empezó con un magnicidio. El 23 de marzo de 1999, el vicepresidente Luis María Argaña es asesinado por sicarios en una calle de Asunción. El crimen genera una ola de repudio y de creciente manifestación ciudadana, reprimida por el Gobierno, pero que se mantiene durante varios días en la plaza del Congreso, hasta que se produce una masacre con los disparos de francotiradores, que causan la muerte de siete manifestantes y un total de 769 personas heridas.

Esta es la cronología de los sucesos:

Martes 23 de marzo

En horas de la mañana, el vicepresidente Luis María Argaña es asesinado por sicarios que interceptan su vehículo en la calle Molas López casi Venezuela, en el trayecto al centro de Asunción. También muere en el ataque su guardaespaldas, mientras el chofer queda gravemente herido.

Seguidores de Argaña y miembros de la organización Jóvenes por la Democracia inician una marcha desde el Sanatorio Americano hasta el Palacio de López, reclamando el juicio político al presidente Raúl Cubas y cárcel para el ex general Lino Oviedo, a quien acusan de ser el responsable del crimen.

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Los manifestantes son contenidos por una barrera policial en las esquinas de las calles El Paraguayo Independiente y Juan E. O’Leary, y en horas de la tarde son víctimas de una fuerte represión policial, refugiándose en las plazas del Congreso. Renuncia el ministro del Interior, Rubén Arias, y es sustituido por el capitán retirado Carlos Cubas, hermano del presidente.

Miles de campesinos que ese día marchaban por la ciudad para solicitar la condonación de sus deudas ante los bancos públicos se concentran en las plazas del Congreso y en horas de la noche se unen a los demás manifestantes. Los principales partidos políticos convocan a la ciudadanía a adherirse a la movilización.

Miércoles 24 de marzo

En sesión extraordinaria, la Cámara de Diputados aprueba el pedido de juicio político contra el presidente Raúl Cubas, en ausencia de siete diputados oficialistas que iban a votar en contra.

Desde Palacio, Cubas anuncia que ha ordenado la detención del general Lino Oviedo, para dar cumplimiento a una sentencia del Tribunal Militar, refrendada por la Corte Suprema de Justicia, que lo había condenado a 10 años de prisión por un intento de golpe de Estado en abril de 1996. Oviedo se presenta al cuartel del Batallón Escolta Presidencial, pero aclara que no se considera detenido, sino que se ha presentado voluntariamente para aclarar su situación jurídica.

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En la plaza se suman los manifestantes oviedistas. Ambos bandos son separados por la policía, estableciéndose un espacio neutro entre los grupos. Se producen constantes enfrentamientos entre los manifestantes opositores y los partidarios del Gobierno.

Los restos del asesinado vicepresidente Argaña son velados en el Cabildo y en horas de la tarde son llevados hasta el Cementerio de la Recoleta.

El Gobierno ordena el cierre de las fronteras con Brasil y Argentina por razones de seguridad.

Jueves 25 de marzo

El Senado se instala como jurado y los fiscales de la Cámara de Diputados acusan al presidente Raúl Cubas de haber violado la Constitución Nacional y de incumplimiento de la obligación de colaborar con la Justicia, al no cumplir con la orden que conminaba a encarcelar a Oviedo.

Se reabren las fronteras de Paraguay con Brasil y Argentina. Distintos sectores ciudadanos se pronuncian a favor de las determinaciones del Congreso. De nuevo se producen graves enfrentamientos entre manifestantes opositores y gubernistas, estos últimos apoyados por la Policía.

Viernes 26 de marzo

El ex vicepresidente de la República Ángel Roberto Seifart y el dirigente colorado Miguel Ángel González Casabianca llevan su respaldo al presidente Cubas y desde el Palacio de Gobierno amenazan con la posibilidad de que se desencadene una guerra civil.

Cerca de las 17.00, una fuerte acción represiva combinada de las fuerzas policiales logra desalojar a los manifestantes opositores de la plaza, forzándolos a replegarse en las cercanías de la Catedral Metropolitana. Los oviedistas ocupan todo el sector por algunos minutos, ya que los opositores vuelven a ingresar a la plaza, atacando con piedras y palos, y logran echar del lugar a los partidarios del Gobierno y a la policía. Varios autos son volcados o incendiados para formar barricadas y fortificar la plaza.

El presidente Cubas ordena que las Fuerzas Armadas salgan a imponer control. Una decena de tanques y tropas de la Caballería avanzan hacia el centro de Asunción, pero las barricadas impiden el ingreso hasta las plazas. Los tanques toman posiciones en zonas cercanas.

En horas de la noche se produce un ataque con armas de fuego por parte de francotiradores ubicados en edificios cercanos a las plazas del Congreso o desde las calles próximas, dejando finalmente un saldo de siete manifestantes muertos y más de 700 heridos. Se desata una verdadera batalla campal en el microcentro hasta horas de la madrugada.

Sábado 27 de marzo

Por un acuerdo garantizado por el arzobispo de Asunción, monseñor Felipe Santiago Benítez, los manifestantes aceptan retirarse del sector céntrico de las plazas y permanecer en las inmediaciones de la Catedral para garantizar la realización del juicio político parlamentario.

Tropas de la Infantería de Marina forman un cordón alrededor del Congreso. En la sesión del Senado, los abogados del presidente Cubas presentan sus alegatos de defensa. Empiezan las negociaciones políticas para forzar la renuncia del presidente.

El comandante de la Policía, Niño Trinidad Ruiz Díaz, es destituido y se inicia contra él un sumario por las muertes en la noche del viernes. La familia del vicepresidente Argaña anuncia que promoverán querella contra Cubas y Oviedo, responsabilizándolos del asesinato. La mayoría de los manifestantes permanecen en vigilia en las cercanías de la Catedral.

Domingo 28 de marzo

En horas de la mañana, la misa del Domingo de Ramos en la Catedral se convierte en un acto político para los manifestantes opositores al Gobierno.

En horas de la tarde crece la tensión ante versiones de que grupos de oviedistas armados marchan hacia la capital, presuntamente para forzar enfrentamientos.

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El viernes 26 de marzo una fuerte acción represiva combinada de las fuerzas policiales logra desalojar a los manifestantes opositores de la plaza, forzándolos a replegarse en las cercanías de la Catedral Metropolitana.
El viernes 26 de marzo una fuerte acción represiva combinada de las fuerzas policiales logra desalojar a los manifestantes opositores de la plaza, forzándolos a replegarse en las cercanías de la Catedral Metropolitana.

Se producen reuniones entre diplomáticos y dirigentes políticos en la Embajada norteamericana y en la residencia presidencial de Mburuvicha Róga.

A las 20.40, el presidente Raúl Cubas comunica su renuncia y su partida al exilio, al Brasil. A las 21.00, el titular del Congreso, Luis González Macchi, asume la presidencia. Las Fuerzas Armadas reconocen la legalidad del nuevo Gobierno.

Millares de ciudadanos llenan las plazas del Congreso y la explanada del Palacio de López, mientras caravanas de vehículos circulan por las calles, con sus tripulantes agitando banderas, en celebración.

El general retirado Lino Oviedo huye del país a bordo de una avioneta, con destino a Buenos Aires, donde recibe apoyo del presidente argentino Carlos Menem.

La historia posterior

Tras asumir la presidencia el entonces presidente del Congreso, Luis Ángel González Macchi, se encomendó la búsqueda y captura internacional de Lino Oviedo.

El 12 de junio de 2000, Oviedo fue capturado en Foz de Yguazú, Brasil, donde presuntamente se movía con un disfraz. Apelando a la Justicia brasileña, obtiene la condición de asilado. En todo ese tiempo, sigue manteniendo vínculos con sus seguidores, dirigiendo acciones políticas y dando entrevistas "desde la clandestinidad", presuntamente oculto por momentos en territorio paraguayo.

El 28 de junio de 2004, Oviedo retorna al Paraguay y decide someterse por propia voluntad a la Justicia, para enfrentar los cargos acumulados en contra suya, tanto los del intento de golpe del 96 como por las muertes del Marzo Paraguayo. Es detenido y trasladado a la Prisión Militar en Viñas Cué, en las afueras de Asunción.

El 23 de julio de 2007, Oviedo logra que un recurso de habeas corpus sea admitido ante la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia paraguaya, y obtiene su libertad provisional en el proceso por el asesinato de Argaña.

Otro habeas corpus es admitido en julio de 2007, logrando su libertad provisional en el proceso por la masacre de jóvenes del Marzo Paraguayo.

El 30 de octubre de 2007, la Corte también absuelve a Oviedo y deja sin efecto la condena de 10 años por el intento de golpe de 1996.

Uno por uno, utilizando sus fuertes influencias en la Justicia paraguaya y el poderoso aparato de abogados que siempre supo manejar, Oviedo logró desvincularse de todas las acusaciones y procesos en su contra y recuperar su plena libertad.

La mayoría de las últimas resoluciones a favor se obtuvieron durante la presidencia de Nicanor Duarte Frutos, por lo cual se habló de una alianza entre el último presidente colorado y el ex militar.

Los familiares de las víctimas del Marzo Paraguayo sostienen que la Justicia cedió a los lazos de corrupción que protegen a Oviedo y sus seguidores, favoreciendo la impunidad.

El último caudillo militar

Desde su rehabilitación tras los sucesos del Marzo Paraguayo, Oviedo no dejó de seguir intentando llegar al poder, presentándose como candidato a presidente, pero los últimos resultados electorales demostraron que ha perdido mucho de su caudal electoral, alcanzado como punto máximo en el 98, cuando estuvo a un paso de ser presidente.

La analista Milda Rivarola caracterizó al fenómeno del oviedismo como "un fascismo tardío". Probablemente Oviedo sea uno de los últimos caudillos, de una estirpe de militares latinoamericanos obnubilados por el poder y la ambición desmedida.

"El general Lino Oviedo llenó la primera característica de los movimientos totalitarios: la del jefe populista y mesiánico. Este caudillo militar se presentó como el mesías o salvador de la nación, y en pocos años reunió a grandes masas de adherentes –hombres y mujeres– fanatizados por sus discursos y promesas", define Rivarola.

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En sus últimos años, Oviedo prefirió situar en cargos de poder y candidatura a su entorno más familiar, incluyendo a sus hijos y a su esposa, provocando la ruptura con varios de sus más fieles seguidores tradicionales.

Presentándose por tercera vez como candidato a la presidencia, intentaba disputar con partidos de la izquierda y el centro el lugar de tercera fuerza política.

En la noche del 2 de febrero de 2013, cuando Lino Oviedo regresaba a la capital de una gira proselitista por la zona de Concepción, aparentemente con un frente de tormenta, el helicóptero Robinson 44 que lo transportaba, en compañía del piloto y su guardaespaldas, se precipitó a tierra, falleciendo los tres tripulantes. Varios de sus familiares y seguidores plantearon que la caída del helicóptero no fue accidental, sino que fue un asesinato planeado, pero las investigaciones realizadas no permitieron hallar evidencias que sustenten esta teoría.

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