30 ene. 2026

Distractores

Nos cuesta mucho como sociedad centrarnos en los temas importantes y mucho más aún sostener la presión sobre las cuestiones fundamentales del debate democrático. Cuando más requerimos de saber en torno a cómo el Estado administra nuestros recursos, dónde y para quiénes van los dos mil millones de dólares que se roban anualmente del Fisco o cómo acabar con los privilegios en la administración pública, pero aparece un buey corneta afirmando que la dictadura de Stroessner era “benigna” porque mató menos que otros.

El que lo hace, de la mano de su progenitor, logra instalarse dentro de un momento en el que maestros, militares, policías y profesores universitarios se juegan su futuro con la reforma de las cajas jubilatorias y su lealtad partidaria. En vez de profundizar en el tema y buscar soluciones, el presidente del Congreso primero provoca al pueblo afirmando que solo hay que subir dos años la edad jubilatoria de los parlamentarios y convoca a hacer un gran debate acerca de si Stroessner fue un dictador y si mató más o menos gente que otros gobiernos anteriores. Esto es un mecanismo de distracción puro y duro que la sociedad ya curtida en estas cosas no puede seguir comiéndose el amague.

Aquí en lo primero que hay que hacer es concentrarse en responder cómo habiendo presupuesto para el pago de medicamentos las empresas farmacéuticas, al borde de la quiebra, dicen que se les debe más de 800 millones de dólares. Donde fue esa plata que se colocó en el presupuesto para pago en este rubro, o que por las obras viales suman más de 300 millones o la provisión del Hambre Cero que orilla lo mismo. La conclusión mas rápida y simple es que ha habido un plata ye’u (tragada de dinero) de aquellos o una inutilidad enorme del Ministerio de Economía del que seguro irá a comentar su titular en su próxima charla en el London School of Economics. Esos chicos muy listos de seguro le preguntarán cómo es que el 10% del presupuesto no se honra, igual cantidad se roba (malgasto público) y una similar se evade. Somos el país del 10-10-10 perfecto en todos esos rubros que el Gobierno se congratula por haber tenido 5% de crecimiento y dos grados de inversión. Estamos ante una gran mentira en materia económica que tiene que desenmascararse. En política exterior nada ganamos hasta ahora aliándonos con los EEUU de Trump. El presidente tuvo que venir con urgencia de Davos luego de firmar el acuerdo del Board of Peace y con cara de trasnochado recibir un apoyo de 11 millones de dólares para tres años de ejercicios militares combinados. Hasta ahora eso es todo lo que se ha conseguido luego de tantos acuerdos, conversaciones y alineamiento. Para colmo, los europeos mandan a las calendas el acuerdo firmado en Asunción para que la Justicia resuelva su pertinencia o no. Una acumulación de fracasos que siempre son propicios para alguna información de intento de secuestro o bomba del EPP o algún disparate del hijo de Nicanor, el mismo que califica qué universidad debe funcionar y cuál no. Lo que dice este marginal de la burocracia se convierte en tema central mientras los del Ministerio de Economía quieren que el pueblo temeroso de nuevos impuestos se tire contra maestros, policías, militares y profesores universitarios. No admiten que si las cajas están rotas y quebradas fue porque ellos desde hace más de 70 años la administran mal y usaron sus recursos para cubrir los monos de una administración pública incapaz de cumplir el mandato de la ley de presupuesto que ellos mismos presentan y aprueban anualmente. Aquí la cuestión es simple: Cómo se usó la plata y quiénes son sus responsables de estar en quiebra. Ahí debe estar el debate y, por supuesto, la pornográfica caja de los parlamentarios debe ser suprimida y la cantidad aportada por todos nosotros ser devuelta para pagar las acreencias de medicamentos y otros rubros. Si se pretende avanzar en los grandes temas del país no hay que comerse más los amagues. Los distractores son funcionales al sistema porque ellos son el sistema y por su condición de tales deben ser castigados. El Gobierno tiene que echar a patadas al titular de la acreditación de universidades por haber ofendido el raciocinio más elemental y los generadores de humo identificados para no continuar distrayendo de las cuestiones centrales que hacen a la República. ¡Será justicia!

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