13 jul. 2024

Campesinos ven el cannabis industrial con escepticismo

Ante el anuncio de la inclusión del cultivo de cáñamo a la agricultura familiar, los productores analizan los beneficios del proyecto, pero se muestran cautelosos porque no es la primera vez que llega una promesa desde el Gobierno.

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El cáñamo y la marihuana son plantas muy parecidas, solo les diferencia la cantidad de tetrahidrocannabinol

Foto: semillasdemarihuana.com

Desde la Coordinadora Nacional Intersectorial están abiertos a aceptar nuevos rubros siempre y cuando reciban la asistencia técnica correspondiente, un mercado seguro, así como un precio justo, pero con el cannabis industrial todavía hay dudas.

La dirigente Ester Leiva refiere que ya existen cultivos de renta como la mandioca o el sésamo, que necesitan de fortalecimiento.

“En el país no se hace una profunda revisión para ver cuál es la mejor alternativa, antes de imponer un nuevo rubro”, expresó sobre el decreto Nº 2725 que apunta a 25.000 familias para la producción de cáñamo desde el 2020.

La Federación Nacional Campesina (FNC) coincide en este punto y menciona al algodón como uno de los cultivos desatendidos por el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG). El secretario adjunto, Marcial Gómez, sostiene que se trata de una propaganda.

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“Cuando el Ministerio de Agricultura inició el proceso para agregar un cultivo en la agricultura campesina, como el caso de chía o cedrón Paraguay, de la misma forma hizo propaganda, pero la realidad es totalmente otra”, se quejó.

Recordó que en ambos casos no encontraron mercados y los precios fueron inferiores a lo que se proyectó. En el caso de la semilla, rica en omega 3, las heladas habían destruido una gran parte de las plantaciones.

Esta organización debatirá el tema con todas las coordinaciones departamentales la próxima semana, mientras tanto siguen consultando con técnicos sobre las ventajas del cannabis no sicoactivo, cuya siembra está en etapa de ensayo en los campos del Instituto Paraguayo de Tecnología Agraria.

La preocupación de ambos grupos de productores se centra en el contrabando de productos frutihortícolas y los desalojos de campesinos, que se dedican a rubros de autoconsumo y de renta.

Diversificación de la producción

El cannabis industrial puede rotar con cualquier cultivo y cosecharse hasta dos veces al año.

En este sentido es una opción para la diversificación de los cultivos en la agricultura familiar.

Teniendo en cuenta estas ventajas y ejemplos de países como Canadá, Estados Unidos y Uruguay, representa una buena alternativa para el campo, según el representante del Consejo Nacional de Productores Frutihortícolas, Máximo González.

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“Ojalá que este rubro sea realmente alternativo. Pero debe ser bien tecnificado, mecanizado y acompañado por el Gobierno, porque si se entrega nada más la semilla, no dará resultado”, advirtió.

Insistió además en que debe haber un inversor que respalde la campaña del cáñamo y que esta sea sostenible en el tiempo.

González pertenece al gremio que reclama la promulgación de la ley que criminaliza el contrabando, que a su vez afecta principalmente a los tomateros.

A diferencia de la marihuana, el cannabis industrial casi no contiene tetrahidrocannabinol (THC) y por tanto no es sicoactivo.

De los granos que produce la planta se puede fabricar aceite o harina, pero también se obtienen fibras, materia prima para los textiles.

De acuerdo a las estimaciones del MAG, cada hectárea puede generar ingresos de G. 10 millones por cosecha.

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