ALTO PARANÁ
Lo que durante años fue considerado uno de los símbolos más visibles de las promesas incumplidas de desarrollo en el norte de Alto Paraná podría estar a punto de iniciar una nueva etapa. La planta alcoholera de Itakyry, construida con millonarios recursos públicos y paralizada durante más de diez años, volvería a operar gracias a un acuerdo firmado entre la Municipalidad local y una empresa privada que proyecta reconvertir la fábrica y producir etanol a partir de maíz.
Miguel Ángel Soria, intendente municipal, refirió que la Comuna ya entregó oficialmente las instalaciones a los nuevos operadores, los cuales prevén una importante inversión para adecuar la planta y ponerla nuevamente en funcionamiento antes de fin de año. “Lo importante es que la fábrica vuelva a trabajar y deje de ser una inversión millonaria parada. Queremos que genere empleo y oportunidades para nuestra gente”, expresó el jefe comunal.
La historia de la alcoholera de Itakyry comenzó hace más de una década, cuando la Gobernación de Alto Paraná impulsó un ambicioso proyecto destinado a generar ingresos para pequeños productores agrícolas de uno de los distritos con mayores índices de pobreza del departamento.
La planta fue construida dentro de un predio municipal de seis hectáreas mediante un convenio entre la Gobernación y la Municipalidad de Itakyry. La inversión alcanzó aproximadamente G. 6.700 millones y la inauguración oficial se realizó en el año 2012.
La obra fue ejecutada durante la administración del entonces gobernador Nelson Aguinagalde. Parte de los equipos fueron importados desde Italia y la infraestructura fue diseñada para producir alcohol utilizando como materia prima caña de azúcar y sorgo sacarino.
La capacidad instalada permitía alcanzar una producción de hasta 24.000 litros de alcohol por día, aunque inicialmente se proyectaba una elaboración de alrededor de 12.000 litros diarios.
En aquel momento, las expectativas eran elevadas. La idea consistía en que la Municipalidad administrara temporalmente la planta mientras se consolidaba una cooperativa integrada por productores locales, quienes serían los principales proveedores de materia prima y los beneficiarios directos del emprendimiento. Sin embargo, el proyecto nunca logró despegar.
El problema. Con el paso del tiempo, la iniciativa comenzó a enfrentar dificultades económicas que terminaron por paralizar completamente la producción. El principal obstáculo fue el costo de la materia prima. Los productores de caña de azúcar no encontraban rentable vender su producción a los precios que podía pagar la alcoholera. La falta de incentivos económicos redujo la superficie cultivada y, sin abastecimiento suficiente, la planta quedó imposibilitada de operar de manera sostenible.
La situación generó un círculo vicioso. Sin producción no había ingresos, y sin ingresos resultaba imposible mantener la estructura operativa. Finalmente, la alcoholera cerró sus puertas.
Lo que había sido concebido como un motor de desarrollo para cientos de familias rurales terminó convirtiéndose en un “elefante blanco”, una infraestructura costosa y subutilizada que permaneció inactiva durante más de una década.