PRESIDENTE HAYES
Lo que comenzó como una búsqueda de mejores condiciones de vida terminó convirtiéndose en un desplazamiento forzado; decenas de familias del pueblo indígena Enxet abandonaron la comunidad Naranjaty, ubicada en el Departamento de Presidente Hayes, y cruzaron el río Paraguay para asentarse en Puerto Yvapovô del Departamento de San Pedro, de la Región Oriental debido a la ausencia total de servicios básicos en su territorio.
La historia de Rafaela Cabañas resume la realidad que enfrentan estas familias. Con voz serena, pero cargada de frustración, explica que la decisión de dejar su comunidad no fue voluntaria, sino una medida desesperada para garantizar el futuro de sus hijos.
“Nuestros hijos también tienen derecho a estudiar, sueñan con llegar a la universidad, pero en estas condiciones es imposible”, comentó Cabañas.
Según relata, en Naranjaty no existen caminos transitables, viviendas dignas, acceso al agua potable, energía eléctrica, servicios de salud ni instituciones educativas que permitan a los niños y jóvenes continuar su formación.
El éxodo de las familias no respondió a conflictos internos ni a fenómenos naturales, fue consecuencia de años de abandono institucional.
Rafaela asegura que la comunidad aún mantiene el vínculo con su territorio ancestral y que el deseo de regresar sigue vigente, aunque condicionado a la presencia efectiva del estado. “Si las condiciones se dan, volveremos”, expresó.
Permanecer lejos de su comunidad representa un sacrificio, pero también una necesidad para que las nuevas generaciones tengan acceso a servicios que les permitan construir un futuro diferente.
La educación aparece como una de las principales demandas de la comunidad, para los líderes indígenas, acceder a una escuela no debería ser un privilegio determinado por el lugar donde se nace.
La posibilidad de que un joven indígena curse estudios universitarios, explican, depende de contar desde la infancia con infraestructura educativa, transporte, conectividad y acompañamiento institucional, condiciones inexistentes en la comunidad Naranjaty.
“Nuestros hijos tienen los mismos derechos que cualquier otro niño de este país”, insiste Rafaela.
La dirigente indígena cuestiona la ausencia de respuestas por parte de las instituciones públicas y menciona que los derechos fundamentales de la comunidad continúan siendo ignorados.
Lamenta que sus derechos no sean atendidos y que nadie se ocupe de ello.
Solicitan una mayor presencia del Instituto Paraguayo del Indígena (Indi) en la comunidad, con programas que permitan impulsar el desarrollo integral de las familias y crear condiciones para un eventual retorno a sus comunidades.
El caso de Naranjaty fue visibilizado por la organización indigenista Tierra Viva para los Pueblos Indígenas, que documentó la realidad de los nativos.
Mientras tanto, las familias Enxet permanecen en Puerto Yvapovô esperando algún día regresar a su territorio con la garantía de accesos y mejores condiciones de vida.