06 abr. 2026

500 años por ahí

Con el majestuoso río Paraná como anfitrión y guiados por el baqueano Manuel que además de dirigir la embarcación encarnaba las morenitas y aconsejaba a los más novatos, el grupo de amigos comenzaba aquella jornada de pesca deportiva con la mejor predisposición.

El sol por la frente ni se sentía, esperanzados por cobrar una pieza, preferiblemente un dorado o colmo de la buena fortuna, un hermoso surubí. Hace un par de décadas muy comunes, hoy ya no tanto. Claramente, la presión de la pesca era menor y la inmensa riqueza ictícola, sumada a su aliado el gigantesco volumen hídrico, se encargaban de reponer naturalmente las especies extraídas.

Hay que reconocerlo, se abusó de este recurso natural por demasiado tiempo, y esta situación subsiste. Somos quizás el país con mayor disponibilidad de agua dulce por habitante del planeta y nuestro territorio está surcado no solamente por dos de los ríos más grandes del mundo, sino que contamos además con las reservas de los acuíferos Guaraní y Patiño, además de inmensos humedales y esteros, donde es justamente que se crían los alevines antes de salir hacia los cauces más importantes.

En cierto momento de la jornada pesquera, uno de los citadinos, quizás emocionado por un pique en proceso, dejó caer un envase plástico por la borda. Con un hábil movimiento, el baqueano lo recuperó del agua. “Hay que cuidar para no tirar nada al río”, dijo con calma mientras lo depositaba en una bolsa habilitada al efecto “el plástico tarda como 500 años en desaparecer”.

Si bien el 75% del agua que se usa para abastecimiento poblacional proviene del subsuelo, la contaminación, generada principalmente por el hombre con el uso normal y con el penoso agravante de la contaminación por agroquímicos y la deforestación, ponen en riesgo no solamente la calidad del agua de los cauces abiertos sino también de la que se encuentra bajo tierra. Y todo esto repercute en la fauna ictícola.

¡Genial! El trabajo que se viene desarrollando desde hace varios años desde la Secretaría Nacional de Turismo, que alienta la iniciativa privada para el desarrollo del turismo de pesca deportiva. Las condiciones están dadas: Cientos de kilómetros de ribera sobre ríos caudalosos, gran variedad de especies, clima más que agradable para practicar este deporte. Centenares de hoteles, posadas y albergues esperan a todos los que están dispuestos a divertirse de forma sana y en franca camaradería.

Importante: La riqueza ictícola, de la mano con la hídrica, son sumamente delicadas y se deben cuidar, también por su condición fundamental para la sostenibilidad de todo el medio ambiente.

Muchos desafíos por enfrentar: La pesca comercial indiscriminada, el irrespeto a las medidas autorizadas para hacerse de las piezas, la pesca con espinel y redes, la corrupción en reparticiones encargadas de realizar los controles, pero al margen de esto, ya se notan cambios en la actitud de la gente, personas que, como Manuel, hijo y nieto de pescadores, se preocupan porque no se tiren plásticos al agua, porque “en 500 años por ahí eso se va a derretir”. Estas, son buenas señales.

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